Mejor vigilancia y observación: el legado científico de la erupción del Tajogaite

Efe

18 de septiembre de 2026 15:36 h (Hora canaria)

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La erupción del volcán Tajogaite (2021) dejó un rastro de destrucción y desolación, pero también un legado científico que se traduce en un refuerzo de las capacidades de vigilancia volcánica, investigación y gestión de los peligros geofísicos.

En vísperas del quinto aniversario del inicio del proceso eruptivo, el Instituto Geográfico Nacional (ING) destaca que desde entonces ha incorporado nuevas redes de observación, herramientas de inteligencia artificial, sistemas de modelización y nuevas líneas de trabajo en geoquímica y comunicación científica.

Indica que la experiencia de la erupción tuvo “un gran impacto” dentro del Ministerio de Transportes, que optó por reformar el IGN para que los peligros geofísicos, entre los que se encuentra la actividad volcánica, estuvieran mejor articulados.

Y para ello se creó una estructura específica con una Subdirección General independiente que aborde estos peligros y “mejoró sensiblemente” las condiciones laborales del personal para adecuarlo al trabajo en emergencias, apostando por “una clara profesionalización” del personal especializado en peligros de origen geofísico.

El IGN recuerda también que junto con el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) ha desarrollado ALERTA CO2, un proyecto pionero en el mundo de vigilancia de gases de origen volcánico, con más de 1.500 sensores que lo convierten en la red más densa de vigilancia de CO2 volcánico del planeta.

La erupción del Tajogaite puso de manifiesto la necesidad de disponer de redes de observación más densas, automatizadas y capaces de proporcionar información en tiempo casi real, incide el IGN.

La red sísmica de la isla se había densificado ya en 2021 y sus datos se mantienen abiertos al público para poder ser estudiados por cualquier institución.

Para el control de deformaciones volcánicas se incrementaron las estaciones GNSS e inclinómetros, y se adquirieron imágenes InSAR del satélite PAZ hasta 2024 para generar series temporales y mapas de velocidad.

En 2021 se instaló también un gravímetro relativo que permaneció más de un año.

En geoquímica se desplegaron más de 30 sensores de CO2 desarrollados por el IGN para poder determinar el fenómeno posvolcánico de emanaciones gaseosas antes del desarrollo del proyecto ALERTA CO2.

En geología, el uso del laboratorio del Centro Geofísico de Canarias ha permitido el corte y la clasificación de las rocas por primera vez en una erupción en las islas.

Desde la erupción se han redoblado las campañas de campo: en geoquímica se inició el muestreo de fumarolas en cráteres, continuando con CO2 en pozos y manantiales, y se han incorporado campañas de flujo difuso; mientras que las campañas RTK de control de deformaciones siguen con su cadencia trimestral.

El análisis sísmico ha experimentado uno de los cambios más significativos desde entonces.

Se han establecido detectores automáticos con técnicas de aprendizaje automático para detectar y analizar de forma más rápida y homogénea la actividad sísmica.

La aplicación a los datos de la erupción generó un catálogo sísmico mucho más completo, permitiendo estudiar con mayor detalle la migración de la sismicidad y la evolución del sistema magmático. La automatización permite además afrontar episodios de elevada actividad donde el análisis manual resulta especialmente exigente, valora el IGN.

También se han desarrollado herramientas de simulación numérica de coladas de lava para análisis de escenarios y simulacros, y se ha trabajado en la automatización de avisos de aviación por emisión de cenizas.

La información obtenida ha generado 18 publicaciones en revistas internacionales con participación de investigadores del IGN junto a instituciones españolas e internacionales.

Estos trabajos han avanzado en el conocimiento de la estructura profunda del sistema magmático de La Palma, la evolución de sismicidad y deformación, la dinámica eruptiva y la relación entre observables geofísicos y geoquímicos.

La investigación más reciente integra datos petrológicos, geoquímicos y geofísicos para reconstruir los procesos preeruptivos y sineruptivos de la erupción de 2021 en Cumbre Vieja.

El IGN hace hincapié en que el servicio de alerta “se ha mejorado notablemente” con la automatización, y en que la erupción impulsó también nuevas formas de divulgación y transferencia del conocimiento, con mayor presencia de la volcanología en actividades educativas y de comunicación pública.

Así pues, concluye que, cinco años después, el legado científico de la erupción se traduce en el incremento de redes de monitorización, la introducción de IA y Machine Learning en sistemas automáticos de procesamiento, la mejora de modelos de simulación y, sobre todo, en una estructura institucional y científica más preparada para afrontar los retos de vigilancia de peligros geofísicos.

En definitiva, el objetivo es que la experiencia adquirida en La Palma se traduzca en “una vigilancia cada vez más precisa, automatizada e integrada, al servicio de la prevención y protección de la sociedad”.