Tomaso Hernández diseña el 'Mirador de las Sensaciones + Atogmatoma' en Tijarafe: “Convertirá la percepción del barranco de Garome en una experiencia artística única”
El 'Mirador de las Sensaciones + Atogmatoma', diseñado por Tomasso Hernández, “es una iniciativa promovida por el Ayuntamiento de Tijarafe”, indica en una nota de prensa. Esta intervención, destaca, convertirá “la percepción del barranco de Garome en una experiencia artística única”. El artista palmero ha concebido para Tijarafe un espacio donde “arte, arquitectura, memoria y Naturaleza se integran para transformar la percepción del paisaje y recuperar la historia de Atogmatoma”, rey de Hiscaguán, nombre aborigen del cantón benahorita de Tijarafe o Tixarafe.
La financiación para ejecutar la actuación fue aprobada por el Consejo de Gobierno de Canarias, a propuesta de la Consejería de Turismo y Empleo. El Gobierno de Canarias, se señala en la nota, considera “el proyecto prioritario para la mejora de la infraestructura turística de Tijarafe, de La Palma y del Archipiélago, con beneficios tanto para quienes visiten el municipio como para la población residente”.
El barranco de Garome “sumará a su condición de uno de los paisajes más espectaculares de Canarias una nueva dimensión artística, concebida para ser recorrida, sentida y habitada”.
El objetivo del Mirador de las Sensaciones + Atogmatoma, intervención concebida y diseñada por el artista Tomaso Hernández y desarrollada, en su dimensión arquitectónica y técnica, junto al arquitecto Alberto Velasco. El proyecto propone una nueva forma de entender el espacio público desde el arte contemporáneo, la historia y la integración paisajística.
No se trata de construir un mirador. Se trata de construir una experiencia.
Una obra en la que, se explica en la nota, “arquitectura, escultura, luz, sombra, agua, memoria, Naturaleza y paisaje forman parte de una misma narración, y en la que el visitante deja de ser un simple observador para convertirse en protagonista”.
El recorrido comienza “entre dos muros de hormigón cuyas superficies incorporan formas vegetales en bajorrelieve inspiradas en la Naturaleza del lugar. A medida que se avanza, ambos muros crecen progresivamente en altura y reducen el campo visual, conduciendo deliberadamente la mirada hacia el fondo del barranco”.
Los muros no cierran el paisaje. Cierran todas las miradas posibles excepto una.
La arquitectura “deja así de comportarse como un objeto construido para convertirse en una herramienta de percepción. La luz revela las formas vegetales del hormigón, las sombras cambian continuamente y el recorrido comienza a transformar la mirada antes incluso de que aparezca el paisaje”.
De manera “casi inesperada, el paso entre los muros desemboca en un gran balcón con forma de media luna, delimitado por una barandilla de cristal y abierto directamente hacia el barranco de Garome”.
El visitante no descubre el paisaje; el paisaje descubre al visitante.
La barandilla de cristal “estructural, prácticamente invisible, elimina cualquier obstáculo entre el cuerpo y el territorio. Bajo los pies aparece un pavimento curvo de acero corten, perforado mediante una secuencia de círculos que aumentan progresivamente de tamaño hacia el centro y amplifican visualmente la sensación de profundidad”.
“Es entonces”, agrega, “cuando el barranco aparece en toda su inmensidad. Durante unos segundos desaparecen la arquitectura, los muros y el recorrido. Solo permanecen el paisaje, el silencio, la Naturaleza y el vacío. Y antes incluso de descubrir la escultura aparece su sombra”.
La sombra de Atogmatoma “obliga al visitante a levantar la mirada. Allí queda detenido uno de los momentos más decisivos de su historia: el instante exacto en que toda decisión ya ha sido tomada y el cuerpo comienza a entregarse, sin retorno, a la gravedad del vacío”.
La escultura será “fundida en bronce por el taller Esculturas Bronzo y recibirá una pátina de tonos verdosos con pulidos dorados. No representa la caída, sino el segundo inmediatamente anterior: un instante prácticamente imposible de percibir en la realidad que el bronce conservará para siempre”.
Para construir esa imagen, se explica en la nota, Tomaso Hernández desarrolló “durante meses un proceso de investigación física y artística. Entrenó su propio cuerpo, recorrió repetidamente el barranco de Garome, investigó la tradición oral vinculada a Atogmatoma y viajó a Madrid para realizar un escaneo tridimensional completo de su cuerpo, incorporado posteriormente al proceso de construcción escultórica”.
Para Hernández, la esencia de la pieza se concentra en una idea: “No buscaba representar a un personaje histórico ni su caída. Buscaba detener el instante exacto del no retorno: el último instante en el que el cuerpo todavía permanece en contacto con la tierra mientras el movimiento irreversible hacia el vacío ya ha comenzado”.
El cuerpo, se apunta en la nota, “se convierte así en una medida del abismo. La escultura no reproduce simplemente un episodio histórico; utiliza una figura vinculada a la memoria de Tijarafe para investigar cuestiones universales como la decisión, la gravedad, el tiempo y la relación entre el ser humano y el territorio”.
Desde “la roca volcánica sobre la que se alza Atogmatoma nace también el agua. De la propia piedra brota discretamente una fuente que inicia un recorrido descendente hasta desembocar en un estanque habitado por peces y nenúfares. Su sonido establece un diálogo permanente con el viento, la piedra y el silencio del barranco”.
Después de “la tensión del vacío aparece una emoción diferente: la serenidad”.
El recorrido está planteado como “una secuencia de estados. No se trata de acumular elementos, sino de construir una experiencia en la que cada decisión espacial modifica lentamente la percepción de quien la recorre”.
La intervención “se completa con paneles de acero corten que narran la historia del mencey de Tijarafe mediante textos, dibujos, bocetos y estudios surgidos durante el proceso creativo. De esta manera, el visitante no solo descubre quién fue Atogmatoma, sino también cómo una investigación artística puede convertirse en espacio público”.
Todo el mobiliario ha sido diseñado “específicamente para el lugar. Bancos, farolas y papeleras, realizados en acero corten y madera, comparten un mismo lenguaje formal e incorporan perforaciones inspiradas en las formas vegetales del paisaje. Ninguna pieza busca competir con el entorno. Todas forman parte de una misma obra”.
En el Mirador de las Sensaciones + Atogmatoma, “la luz y la sombra dejan de ser únicamente fenómenos naturales para convertirse también en materiales de construcción. Igual que el agua, la piedra, el acero o la vegetación, modelan el espacio y transforman continuamente la experiencia”.
La luz cambia. La sombra cambia. El paisaje cambia. Y con ellos cambia también la obra.
El proyecto se mantiene “fiel a uno de los principios presentes de forma constante en la trayectoria de Tomaso Hernández: lo espectacular de la sencillez”.
La intervención “no pretende imponerse sobre Garome ni convertir el paisaje en escenario de la arquitectura. Busca exactamente lo contrario: utilizar la arquitectura para conducir la mirada hasta que esta desaparezca simbólicamente y el territorio recupere todo el protagonismo”.
Tomaso Hernández resume así “la lógica” del proyecto: “No es un recorrido arquitectónico. Es una coreografía de la percepción. El visitante cree que recorre la obra. En realidad, es la obra la que comienza a recorrer al visitante”.
Cada elemento —la arquitectura, la piedra, la luz, la sombra, el agua, el viento, la vegetación, la escultura y el propio barranco— forma parte de una secuencia concebida para conducir al visitante desde la curiosidad inicial hasta la contemplación.
En esa estructura, “la obra no termina en el balcón ni en la escultura. Continúa en la experiencia subjetiva de cada persona”.
“No diseño lugares. Trato de abrir nuevas formas de mirar. He intentado crear una experiencia donde la arquitectura acompañe, el paisaje hable y cada visitante descubra que la verdadera transformación no sucede en el territorio, sino en su propia manera de mirarlo», señala.
Más que “un mirador”, se indica en la nota, “el proyecto propone una forma distinta de relacionarse con el paisaje. Más que una escultura, detiene un segundo irrepetible. Más que una intervención paisajística, convierte el paisaje en memoria, la historia en presencia, el silencio en emoción y la contemplación en una experiencia profundamente humana”.
Porque, como resume el propio artista: “Hay paisajes que se contemplan. Y hay paisajes que terminan contemplándote a ti”.