La batalla y el honor
Ocurrió que después de terminar los estudios me dediqué a esto del Periodismo. Y he tenido la oportunidad de conocer a políticos del más variado pelaje. Asistí a la retirada silenciosa de algunos, a las dimisiones en público de otros, a la marcha por la puerta de atrás de unos cuantos, a falsas despedidas y fracasadas reapariciones, a cambios de banderas del águila imperial por la de siete estrellas verdes (sin pasar por un pequeño curso de lectura rápida de Vacaguaré de Secundino Delgado), incluso asistí a la dimisión de un clásico que definió su marcha como la conclusión de una larga carrera hasta la derrota final.
También asistí a la moción de censura a Jerónimo Saavedra, con secuestro en Madrid del político del voto 31 incluido. Acudí al nacimiento de Coalición Canaria. Viví noches electorales del PSOE en el desierto y cenas con Rajoy organizadas por el PP de Bravo de Laguna, donde los periodistas podíamos preguntarle con libertad, sin trampa ni cartón. Vi la marcha de muchos políticos, pero también la llegada de otros. Por eso cuando veo que alguno se siente Carlos I tengo memoria para recordar sus inicios antes de que llegara al Palacio, lo conocí cuando era él quien pedía audiencia, cuando era capaz de bromear con los periodistas críticos, cuando no tenía el dinero público para comprar opiniones y reportajes, y debía ser simpático con todos los escalafones del periodismo.
Volvamos al rey que dominaba el Imperio donde no se ponía el sol. Ocurrió que Francisco I de Francia estaba harto de los desmanes de Carlos I de España y V de Alemania. El monarca galo se sentía rodeado. Por eso intentó anexionarse el ducado de Milán. Comenzó una guerra que duró tres años. Cuentan que Francisco I se implicó en la batalla, y fue detenido por las tropas del emperador Carlos I y llevado a España. En la batalla de Pavía se produjo la derrota francesa y el final de la guerra. El emperador germano-español quiso humillar al derrotado, y difundió una presunto documento de rendición del enemigo donde supuestamente Francisco I se comprometía a hablar en español y a renunciar a hablar francés. Años después se comprobó que en la Corte de Carlos I habían fraguado varias mentiras sobre el final de la batalla de Pavía, incluso llegaron a ubicar al rey de Francia en el Palacio de los Lujanes y parece que fue mentira (mis antepasados no me lo han podido confirmar).
Ayer en el Parlamento de Canarias volvió a vivirse la batalla de Pavía. Lo único cierto y visible fue la victoria numérica del Emperador. Los vencedores se emocionaron tanto que comenzaron a fabular con la misma imaginación que el personal de la Corte de Carlos I, algunos quisieron hacer de notarios y otros de bufones de la Corte, con propaganda y manipulaciones que hacen Época.Pero la historia pondrá a cada uno en su sitio. Algo que la historia no ha desmentido es la carta que Francisco I, rey de Francia, escribió a su madre, María Luisa de Saboya, después de la derrota en la batalla de Pavía: “Todo se ha perdido menos el honor”. Reconozcamos que ayer el Emperador ganó la batalla, porque el honor lo perdió hace mucho tiempo.
Juan GarcÃa Luján