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De disciplinas de partido, y de voto, que no me representan

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Estamos siendo testigos últimamente de cómo a la hora de votar en nuestros parlamentos, nacional y/o autonómicos, extensibles también a nuestros cabildos y ayuntamientos, todos los integrantes de un partido político deciden al unísono, con total conformidad y muchas veces dando de lado a criterios propios. Pero ahora vemos además que la fragmentación y la falta de mayorías también ha cambiado la fisonomía de nuestras instituciones y la manera de gobernar, sustituyendo o anteponiendo la disciplina de voto a la de partido. Los pactos de gobernabilidad han cambiado los criterios políticos de nuestros representantes que ahora, con pena lo digo, están más pendientes de su futuro político personal que por el de del colectivo social que les ha votado y al que representan.

Que nadie se sienta nombrado, nominado o señalado; porque es una cuestión que está ocurriendo a escala internacional, nacional, regional o insular; en todo caso es como una pandemia generalizada que, al igual que la cochinilla mexicana, puede acabar con una especie autóctona que cuando no se puede con ella lo mejor es catalogarla como invasora. Pues en la política también existen plagas que si no se controlan pueden exterminar la credibilidad de nuestras instituciones y propagar la desafección del ciudadano de la vida pública.

Estoy viendo últimamente en Canarias, que es lo más cerca que me coge, cómo los pactos de gobernabilidad llámense de Las Flores o el actual que de momento no tiene nombre o lo desconozco, están estrangulando la opinión de las islas periféricas que cada vez más van perdiendo esa voz propia, ese criterio particular y diferenciador marcado por el doble o triple aislamiento. La disciplina de partido y la del voto, se está convirtiendo en una manera de hacer política que puede terminar en la renuncia a reivindicaciones y aspiraciones justas de unas islas que, a este paso, parecen estar sometidas a las decisiones de los más fuertes frente a los débiles, hasta que pierdan su identidad y fuerza.

El otro día me di cuenta de que, frente al poderío parlamentario y de gobierno de los palmeros, la construcción del Centro Vulcanológico en Canarias, va a ser cosa de dos, de La Palma y de Tenerife, como ese coche híbrido que camina con la electricidad y con el aporte del combustible en caso de necesidad. Tengo que reconocer que La Palma, y lo digo a título particular, por su nivel de sufrimiento y por sus condiciones de último territorio español en padecer los efectos de una erupción, debe ser sin lugar a dudas la isla de este centro de investigación, y sus parlamentarios no tienen porqué ceder a requerimientos de dobles sedes como en las instituciones canarias. Pero amigos, la disciplina del voto y de obediencia al pacto, está primero.

El caso del drama migratorio, que nos coge más de cerca, puede ser otro ejemplo. Hemos visto en los últimos siete años cómo la solidaridad de los herreños ha sido mal interpretada por los partidos nacionales y nacionalistas. El parque temático de La Restinga ha sido el puerto base de la migración, y cada vez tengo más claro que ha sido la fórmula oculta elegida por el Estado y el Gobierno de Canarias para desviar y centrar el fenómeno, preferiblemente en un único destino, El Hierro, isla que siempre ha mostrado su nobleza, generosidad hospitalidad e incluso la resignación. Sin embargo, no hemos recibido con la misma reciprocidad el agradecimiento de esos partidos nacionales, que incluso se pelean entre ellos por el reparto de los menores no acompañados, porque la disciplina de voto, y no sus conciencias particulares, son las que al final determinan sus posicionamientos.

En El Hierro, y si nos vamos a la infraestructura educativa, vemos cómo partidos de carácter nacional e insular que proclamaban hasta hace nada un campus educativo en la Hoya del Juez, en un donde dije digo ahora que es cosa de un tal Diego que lo soñó o se apresuró, y es mejor ir ahora a una ampliación de cuartos y a un remozamiento del actual CEIP de Valverde, que lo otro fue un ocurrencia y que ahora es mejor conformarse con unas reformas con los profes y chicos dentro y que puede ser la solución definitiva. Primero, la disciplina de voto y después los intereses de la isla.

Ahora con total estupefacción veo cómo un partido de corte insular que no tiene porqué someterse a una disciplina de partido, voto o pacto, y otro de ámbito nacional, no defienden desde el primer momento, con claridad y contundencia, que no se puede meter en un mismo saco el problema de unas islas capitalinas y el de unas periféricas. Con más claridad, que los problemas de vivienda en El Hierro, La Gomera o La Palma, no son los mismos que en Tenerife o Gran Canaria.

Centrándonos en la regulación de la vivienda vacacional, partimos de la realidad cuántica de que en la isla de El Hierro la oferta extrahotelera, representada por apartamentos, casas rurales y vacacionales representan actualmente casi el 95% de las plazas alojativas disponibles. Estos datos, trasladados a los ingresos del turismo reflejan que gracias a la vivienda vacacional podemos ofrecer el destino turístico de El Hierro, que este tipo de alojamiento también repercute directamente en la economía diversificada de sus propietarios, e indirectamente, en la de todo el tejido empresarial y comercial de la isla: restaurantes, bares, tiendas… En datos estadísticos, de las 3.963 plazas turísticas oficiales de las que dispone El Hierro, solo 360 son hoteleras, el resto son viviendas vacacionales que superan con creces ya a apartamentos y casas rurales.

He sido partidario de la regulación de la vivienda vacacional en cuanto a su cantidad y calidad, pero aplicar sobre ellas un régimen de actividades clasificadas, que ahora se quiere disfrazar de “actividad inocua”, es desvestir el santo de la economía circular para dárselo en bandeja a la economía del lobby hotelero. Como decía mi paisano Genaro cuando iba a los bailes, entre menos bultos más claridad.

Creo, desde mi humilde opinión, que nuestros representantes políticos, allí donde estén colocados por el voto de los herreños, gomeros, palmeros…. deben atender a los intereses de la isla que permitió el que estén en sus actuales cargos, y como en la energía, tienen que aspirar a ser autosuficientes y no depender de combustibles fósiles o de decisiones que perjudican a sus ciudadanos.

Este periodo de vacaciones debe servir a algunos y algunas para reflexionar sobre su misión o representación parlamentaria, para poner en valor su libertad de decisión, y para entender que la disciplina de partido y la del voto, no estará nunca reñida con los intereses generales de la sociedad a la que se debe. Siempre, como en cualquier competición, hay que adelantarse a la jugada, para no tener que rectificar a veces tarde y mal.