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¿Primero nuestra gente o primero la buena gente?

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Iba conduciendo camino de Agaete para tomar el ferry a Tenerife cuando me llamó la atención un enorme cartel de un partido político en el que los alcaldes de Gáldar y Agüimes decían “Primero nuestra gente”. No sé por qué, pero yo, que nací en Las Palmas de Gran Canaria, estudié en Barcelona, y trabajo en La Laguna, no me sentí incluido, en ese “nuestra gente”. Mientras conducía pensaba que cuando llegara a la ULL quizá me encontraría a alguno de los compañeros que, en más de una ocasión, me han presentado como: “Es buena gente, aunque sea canarión”. Cuando había ido a visitar a una compañera en la ULPGC me encontré a una amiga de la juventud, de Gáldar, que me preguntó qué hacía por allí. Imagino que hay gente en Tenerife, y en la ULL, para la que yo no puedo ser “nuestra gente”, porque soy canarión, mi equipo es la UD y paso mucho tiempo en Gran Canaria. Imagino que hay gente en Gran Canaria, y en la ULPGC, para la que yo no puedo ser “nuestra gente”, porque estudié fuera, y luego me pasé al enemigo y trabajo en Tenerife, por más que antes fuéramos juntos al instituto y ahora vayamos juntos al estadio o a la residencia de nuestros mayores. Claro que también hay gente para la que es más importante ser buena gente, o ser gente buena en lo que hace, que no ser “nuestra gente”. Porque también hay gente nuestra que es mala gente. 

Mucha gente piensa que los profesores universitarios nos dedicamos a dar clase. “Si ya has terminado las clases, y estás de vacaciones, ¿para qué tienes que ir a Tenerife?” Lo cierto es que el trabajo del profesorado universitario es un extraño triatlón en que hay que combinar tareas docentes con la investigación y la gestión. Ahora que no tengo docencia dedico más tiempo a la investigación, y este curso me ha tocado también una importante carga de gestión: hay que evaluar a la gente que aspira a convertirse en profesores(as) universitarios. Y no se aplica eso de “Primero nuestra gente. Para optar a una plaza de profesor/a universitario se evalúan un montón de méritos: artículos, investigaciones, tesis, proyectos, experiencia docente... Pero no se le dan más puntos a nadie por ser canario, o canaria. Quizá haya quien piensa que sería mejor que las plazas de profesorado de las universidades canarias las ganara alguien que sea canario (o canaria), aunque no tenga tantos méritos como alguien que venga de la Península o del extranjero, que eso sería una manera de poner primero a nuestra gente. También habrá quien opine que las plazas de la ULPGC deberían de ser para gente de Gran Canaria, y las de la ULL para gente de Tenerife. Pero, independientemente de lo que piense esa gente, lo que se evalúa es que la gente sea buena en lo que hace, no que sea “nuestra gente”. ¿Por qué deberíamos favorecer a “nuestra gente”? No hay ningún motivo por el que nuestra gente no pueda ser tan buena como la gente de fuera, salvo que sigamos viviendo bajo el complejo del colonizado y nos pensemos que los de fuera, sólo por el hecho de no ser de aquí, tienen más recursos, medios y posibilidades para convertirse en gente buena en lo que hace. 

Esa noche, para desconectar un rato, me puse a ver la tele. No la nuestra (RTVC), sino RTVE (la de ellos, pensarán algunos/as). Pusieron un interesante documental, El cerebro de Caín, en el que diversos científicos analizaban las claves de los comportamientos violentos en el ser humano y su evolución. Juan Luis Arsuaga, director Centro Evolución y Comportamiento Humano: “Nuestro problema está sobre todo en el conflicto entre grupos. Los seres humanos somos una especie con grupos sociales, y los grupos compiten por recursos, porque la selección natural actúa a ese nivel. Lo que pasa es que los grupos humanos han llegado a ser muy numerosos, y además son de muchos tipos: hay grupos que son étnicos, hay grupos que son ideológicos, es decir, religiosos, castas, en algunas sociedades, o políticos, de todo tipo. Los grupos son por definición excluyentes. Y eso sea que sea relativamente fácil enfrentar a un grupo con los demás”

Podría decirse que la diferenciación entre “nosotros” y “ellos” es, hasta cierto punto natural. Aunque el alcalde de Agüimes que sale en la foto tiene ya poco pelo, los de Ingenio tradicionalmente llamaban a los de Agüimes los pelúos, y éstos los llamaban a ellos los pelaos. Cuando el alcalde de Gáldar afirma en ese cartel “Primero nuestra gente”, ¿se referirá a los cebolleros, término tradicional para los habitantes de su municipio, frente a los lapas o papahuevos de Guía? En el mismo documental se afirmaba que muchos problemas vienen porque la gente que interioriza una ideología y piensa que el fin justifica los medios piensan que lo importante es “trabajar por la causa”. Parece que muchos políticos canarios actuales parten de la misma premisa: piensan que el fin, que es ganar votos, justifica los medios. Y si para ganar votos hay que dividir a quienes aquí están entre “gente” y “nuestra gente” pues se hace.  

Me fui a dormir pensando que constantemente me había ido encontrando gente, primero en Gran Canaria, luego en Tenerife. Muchos me preguntaron “qué tal por allá, lo que podría interpretarse como que, en el fondo, no me acababan de considerar “de nuestra gente. Pero imagino que me preguntaba porque, en el fondo, me consideran buena gente, y pedían mi opinión porque me consideran gente buena en lo que hace. Sé que hay quien no me considera “de nuestra gente, por canarión, chicharrero y catalán. En realidad, no me importa tanto. Para mí, mi gente es la que piensa que es más importante ser buena gente, y gente buena en lo que hace, que ser “nuestra gente”.