Canarias Ahora Opinión y blogs

Sobre este blog

El objetivo

24 de octubre de 2026 14:20 h (Hora canaria)

0

En un Estado democrático, donde las alternancias están garantizadas por ley, el objetivo (así, en singular y con la concreción que marca el artículo) de una formación que aspira a gobernar no debe circunscribirse solo al reemplazo del presidente, pues una vez logrado, una vez alcanzado el asiento principal del poder ejecutivo, será inevitable que la sensación de meta alcanzada derive en una situación perjudicial para los ciudadanos. Un nuevo gobierno sin ideas, sin programa y sin proyecciones, pues las energías y el talento para pensar, programar y proyectar se invirtieron solo en la mentada sustitución, será un gobierno inevitablemente malo. Y en estos tiempos tan preocupantemente acelerados, será imposible evitar que un gobierno malo se transforme en un suspiro en una entidad profundamente nociva.

Tampoco debe ser, creo yo, el «primer objetivo», pues implica anteponer el odio a la concordia. El «primer objetivo» de una formación democrática que aspira al poder ha de ser recibir la confianza de los electores, pues con ella se allanará la consecución de todos los propósitos posteriores, los que se han enunciado a través de ideas, programas y proyecciones pensados y elaborados para convencer a los votantes de que su opción mejorará la vida de los ciudadanos.

Hay un momento de la película La solución final (2001), distribuido en dos secuencias separadas, que me parece muy oportuno recordar después de presenciar lo que ha ocurrido de 2023 para acá y de leer estos días, en varios medios y a través de varios emisores, el señalado propósito que guía a cuantos aspiran a conseguir el beneplácito del Congreso para acceder al Gobierno de España. Hablo del relato que el doctor Kritzinger le cuenta a Heydrich en privado y este, luego, hacia el final, a Eichmann: un hijo adoraba a su madre, que lo protegía y velaba siempre por él, y odiaba profundamente a su padre, que lo maltrataba. Alimentó todos los días de su vida este odio, que fue creciendo cada vez más y más. Cuando murió la madre, aunque afligido, no lloró. Lo intentó, procuró que su muestra de dolor fuera pareja al amor que sentía por ella, pero no fue posible. Sin embargo, cuando décadas después murió su padre, en el funeral, para sorpresa de todos, rompió a llorar desconsoladamente. No por el fallecimiento de su padre, sino porque su vida, basada en el odio hacia él, se había quedado vacía. 

En una dictadura, ni se discute: el objetivo y el primer objetivo son derrocar como sea al tirano. Afortunadamente, en España, donde hay libertad de expresión y se convocan elecciones, no vivimos en una dictadura, aunque nos disguste quien esté al frente del Gobierno nacional y consideremos la necesidad de que otra persona (¿para cuándo una mujer?) ocupe su lugar.