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El personal profesional bibliotecario ante el Día de las Bibliotecas

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Las bibliotecas representan uno de los mayores esfuerzos de la humanidad para construir y compartir conocimiento, además de convertirse en un pilar indispensable que sostiene a su respectiva comunidad. Pero no tendrían sentido sin el personal profesional bibliotecario, convertido en el engranaje que une la voluntad y las necesidades de la ciudadanía con los recursos culturales e informativos que forman parte de ellas.

Este año la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura, a través de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria, ha visibilizado el papel del personal profesional bibliotecario en el marco de la celebración del Día de las Bibliotecas, bajo el lema “Sin profesionales, no hay bibliotecas”.    

Precisamente, las Administraciones públicas y privadas deben asumir un cambio de mentalidad sobre este tema desde distintos puntos de vista. Por un lado, apostar por profesionales cualificados, cuya formación aportará solidez a la gestión de las bibliotecas y responderá con mayor eficacia a las necesidades y demandas cada vez más heterogéneas de la sociedad. Esto implica seguir luchando para que reconozcan nuestro trabajo como una profesión y no como un mero puesto que puede desempeñarlo cualquiera bajo criterios subjetivos. Hay que poner en valor el grado en Información y Documentación como meta en un futuro próximo para todas a aquellas personas que quieran vincularse a este sector, para lo cual es necesario apostar por esta formación reglada en más universidades españolas, tanto de manera presencial como telemática.    

Por otro, definir claramente las categorías profesionales dentro de ese ámbito, especificándose la titulación requerida y sus funciones, acompañado de un reconocimiento salarial acorde con el puesto y el compromiso de un programa anual de formación continua, que redundará en el aumento de la calidad del servicio que presta.

No olvidemos, por ejemplo, a los compañeros y compañeras dentro de la Administración pública que están en una compleja situación laboral, a merced de subcontratas por la externalización de las plazas, con toda una serie de los problemas implícitos, sobre todo el atraso salarial o la suspensión de pagos, además del incumplimiento de derechos laborales. 

Ahora mismo, el personal profesional debe afrontar nuevos retos que, hasta hace unos años, eran impensables en la dinámica diaria de una biblioteca. Se plantean como perdurables en el tiempo hasta convertirse finalmente en servicios dentro del conjunto de los ya existentes. La lista crece de manera progresiva, generando también una modificación paralela en el paradigma profesional, sobre todo mediatizado por los crecientes y hasta desbordantes avances y transformaciones tecnológicas. Eso demuestra la responsabilidad y la implicación inherente de esos centros culturales para actuar en sintonía con la evolución, los cambios y las necesidades de su entorno, sin olvidar su perspectiva de carácter global. 

En realidad, esos retos se presentan como oportunidades para crecer profesionalmente, pero también para ayudar a la ciudadanía a superar dificultades, fortalecer sus capacidades y complementar su formación intelectual y cultural bajo el paraguas de la fiabilidad y la credibilidad de los servicios bibliotecarios. 

Por eso, las bibliotecas y su personal asumimos que nuestro deber va más allá del servicio que prestamos porque concebimos esta profesión como un camino vital que compartimos a diario con la población y sus correspondientes desafíos. Esto nos lleva a liderar la percepción positiva que tiene la ciudadanía de esta profesión dentro del conjunto de ocupaciones, así como la atención que le prestamos, a pesar de que también tenemos deficiencias, que asumimos como autocrítica para superarlas cuanto antes.

Trabajar en una biblioteca implica conocer lo que sucede en su realidad circundante desde múltiples perspectivas para trazar una hoja de ruta a corto y medio plazo. Así, por ejemplo, hay que tener siempre presente el contexto digital actual que inunda absolutamente todo. Ese personal profesional ha asumido ya un rol formativo en la propia biblioteca para superar la brecha digital. Esto va asociado a la alfabetización mediática e informacional, fundamental en una sociedad que está intercomunicada a través de Internet y la telefonía móvil, para lo cual es necesario saber cómo utilizar ambos recursos de manera eficaz con la finalidad de que no existan desequilibrios en el acceso, el análisis y el uso de la información de forma crítica entre la población.    

Tampoco obviemos la lucha contra la desinformación, amplificada por las redes sociales y todos los productos derivados de la tecnología digital. De nuevo, el ámbito bibliotecario y su personal se convierten en un faro sobre el acantilado, que guía a la ciudadanía en medio de este problema porque las bibliotecas son firmamentos destinados al aprendizaje de fuentes seguras y fiables para estar informados correctamente y con el referido sentido crítico.

A esto sumamos la gamificación, entendida como la utilización de los juegos con una perspectiva de aprendizaje en un ambiente lúdico y compartido, que ayuda al razonamiento y la cohesión social. El marco científico a través de los espacios de trabajo colaborativo (markerspace), dedicados a experimentar con distintas herramientas para crear objetos a partir de una idea previa. La palabra como vivencia mediante las bibliotecas humanas, porque las bibliotecas no solo prestan libros y otros recursos, sino también personas, aunque parezca extraño. Esas personas se entienden como colaboradores que están dispuestos a contar aspectos de su vida a otras que lo solicite en préstamo, ya que lo que se presta es el tiempo, los recuerdos y la memoria de ese colaborador, generándose así una relación de empatía.   

En todo esto y mucho más interviene el personal bibliotecario, que se ha ido transformando por su compromiso con el desarrollo cultural, el desempeño de servicios eficaces y acordes con cada momento y su entorno, la pluralidad social, la inclusión como elemento indispensable para que nadie quede excluido de servicios y actividades y la apuesta clara de seguir avanzando al ritmo de quienes construyen con su opinión y voluntad una auténtica casa del pueblo, de todos y para todas.    

Mientras España está cada vez más polarizada políticamente entre unos que se consideran los buenos y otros que son tachados de malos, el personal profesional bibliotecario mantiene intacto el espíritu de las bibliotecas, que se presentan como uno de los pocos sitios seguros y democráticos, donde el respeto, el acceso plural a la información y el diálogo en un marco heterogéneo están por encima de todo, así como el compromiso de responder a las inquietudes de las personas en igualdad de condiciones. 

Con la mirada puesta en el 2030, que supondrá que hemos consumido un tercio del siglo XXI, y con los continuos cambios en la referida tecnología digital, que desbordan el conocimiento que tiene dicho personal debido a la creciente cantidad de recursos existentes, es necesario recordar que no debemos perder el rumbo de nuestra misión: esforzarnos continuamente para que las bibliotecas sean en el presente el escenario cultural y participativo casi perfecto, gracias al aprendizaje del pasado y en alerta ante las perspectivas de futuro.