Espacio de opinión de Canarias Ahora
Pilar con Madariaga en Zaragoza
Quizás porque mi niñez sigue siendo coruñesa, y seguirá siendo, cualquier cosa relacionada con mi conciudadano Salvador de Madariaga me lleva a los patios de la infancia.
Nos fuimos a Zaragoza a entregar los XXXI Premios Madariaga de Periodismo Europeo, que promueven con paciencia la Asociación de Periodistas Europeos (APE), la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. Esta edición, con la colaboración inestimable del Gobierno de Aragón y su presidente Jorge Azcón a la cabeza, y el patrocinio de Iberdrola.
Fuimos a Zaragoza personas premiadas, miembros del jurado y gentes de diversa ralea y condición. Así, en la sede del gobierno de Aragón, en el edificio Pignatelli, habló en primer lugar el exvicepresidente de la UE y presidente este año del jurado de los premios, el griego universal Margaritis Schinas, que rememoró su especial recuerdo de Salvador de Madariaga y nos alertó ante los tecnicismos burocráticos de Bruselas. Schinas es de origen sefardí por eso habló con melodía porque le tocó intervenir después de la actuación musical de Pilar Almalé, una música zaragozana de estirpe recia –galaica- que todavía cumplirá los treinta y tres. Pilar nos embelesó hasta el éxtasis con su interpretación y su viola de gamba: Yo me enamoré de un aire, (dije yo también) una canción tradicional sefardí; Como Deus fez vino d’agua, de un cantautor casi desconocido llamado Alfonso X el Sabio, que componía y verseaba en gallego-portugués para espanto de las aldeas mesetarias; un tradicional finlandés, On suuri sun rantas autius y un tradicional salentino, Bella ci dormi en la que Pilar Almalé se convirtió en trovadora provenzal desde lo alto del Moncayo. Para acabar, Yo río en los alcores, (a esas alturas, yo también reía) de Gustavo Adolfo Bécquer.
¿Qué se puede decir después de todo esto? Que a las premiadas y premiado los queremos mucho: Encarna Samitier, presidenta del periódico nacional, de España, 20 minutos, que todavía tiene la osadía de editarse en papel; Marta García Aller, que desde Onda Cero pone voz a la realidad cotidiana; y Lluís Tovar, corresponsal de Telecinco en Bruselas, desde hace casi un lustro ejerciendo con maestría y donosura la corresponsalía. Ángeles Blanco, vicepresidenta de la APE, intentó conducir el acto en medio de la nube en la que nos dejó Pilar: no hacía falta. Todos y todas estábamos bien conducidos a los aires de la viola de gamba de Almalé. “No pienso volver a Madrid”, me dije. Pero por ahí estaba una cierta emanación de Ascaso, presidente de Aragón al inicio de la guerra de España, al cual había telefoneado el ectoplasma de mi amigo Durruti desde el Ritz para que me contuviera, que me increpó con contundencia: “Tú vuelves mañana y cuentas la buena nueva”.
Pero la buena nueva ya estaba emanada, la colocó en el infinito de la belleza Almalé, como le dijimos después en la efímera degustación de canapés, muchos y muchas, a la cabeza Ángeles Bazán, de RNE, Xavier Mas de Xáxas, de La Vanguardia y José André Rojo, de El País. Amparo Polo de Expansión también, y Emilia Pérez de EFE, aussi. No se enfaden los no citados, y, sobre todo, las no citadas, las quiero a todas, sobre todo también. Incluyendo a la vicepresidenta del gobierno de Aragón, María del Mar Vaquero, que nos invitó a comer y al café con el presidente, que también habló para cerrar el acto y soltó un bello enigma, “sin Europa España no es mejor”. Ascaso sonreía a su sombra y me dijo también que aunque él no tenía estudios, su epígono, es un decir, Azcón, no daba puntada sin hilo y le gustaba el filo dialéctico de la navaja. Vaya portentos. Y viva siempre cerca de nuestros corazones la violagambista Pilar Almalé.