Relación preferente
Ahora, don Gaspar ha dado por concluida la relación preferencial, o así, que su grupo mantenía con el Gobierno de Zapatero. Las razones que alega para retirar su apoyo al Ejecutivo están bien traídas, no hay quien lo dude, y se sustancian, fundamentalmente, en un supuesto giro a la derecha del gabinete socialista. El dirigente de IU expresa, supongo, aunque sea en parte, la decepción generalizada de un electorado que observa más gestos Ây hasta gesticulaciones- que verdaderas iniciativas de progreso y más fuegos de artificio en torno a reivindicaciones históricas y procesos deseables, pero reiteradamente frustrados y frustrantes, que una acción gubernamental que pueda considerarse auténticamente de izquierdas y que encare con eficacia los verdaderos y acuciantes problemas de nuestra sociedad. Todo eso está muy bien, pero, dadas las circunstancias y las fechas de la ruptura unilateral anunciada por Llamazares, a nadie se le puede escapar que estamos ante una decisión oportunista. Una más de las muchas de este tipo que se producen, a diversas escalas, cuando las urnas se otean ya en el horizonte del calendario político. Los famosos desmarques. Conviene, a estas alturas, mostrar a los simpatizantes y posible votantes, no sólo la independencia de la propia opción (nada que ver con el poder establecido), sino, además y sobre todo, recordar que, en lo que a ideología progresista de refiere, existen diferencias importantes que se pueden resumir en el clásico Ây nosotros másÂ. Lo que ha hecho Llamazares es de una lógica sabida. En ese aspecto, mal que le pese, ha sido tradicional. Si continuaba de la manita del PSOE, sus potenciales electores se plantearían la inutilidad de otorgar a IU un voto que, después, sería utilizado por el partido de la rosa y el puño. Una vez escenificado el divorcio parlamentario, lo normal también es apostar por una alianza de fuerzas que estén más a la izquierda que Zapatero y sus muchachos (esa alianza, por cierto, antes se llamaba IU, la próxima no sé). Una alianza multicolor según ha dicho don Gaspar, en plan metáfora cromática: roja (de rojerío, claro), verde (por lo del ecologismo) y violeta creo, que es el color simbólico de las feministas. No está mal. Ahora Âo sea, en primavera- habrá que ver cómo funciona el invento, si es que llega a pasar de simple propuesta. Y más adelante, cuando lleguen las generales, se comprobará si IU remonta sus últimos malos resultados en las urnas y hasta qué punto. Finalmente, tras las esas legislativas, será divertido asistir al nuevo emparejamiento de los llamaceristas, si es que existen y pueden llamarse así, con el PSOE. A ver si no con quién, van a caminar durante toda una larga legislatura, estén los sociatas en el machito o pasen a la oposición.
José H. Chela