Espacio de opinión de Canarias Ahora
Los tres tiranos (Saddam, Gadafi y Maduro)
Poca gente lo sabe, pero estos tres “terribles tiranos” tienen mucho en común. A los tres los tildan de dictadores sanguinarios, sátrapas y corruptos. Los tres nacionalizaron la industria del petróleo (Maduro lo heredó de gobiernos anteriores) y redistribuyeron sus beneficios entre su población. A los tres los castigaron con bloqueos y sanciones internacionales que afectaron al desarrollo y al bienestar de sus pueblos.
En 1968, Irak fue uno de los primeros países del mundo en ratificar la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. El entonces vicepresidente Saddam Hussein las instó a ocupar puestos masculinos en escuelas, universidades, hospitales, fábricas, el ejército o la policía. A finales de los años 70, el 40% de los trabajadores públicos, casi la mitad de los profesores, más de la mitad de los universitarios, el 29% de los médicos o el 70% de los farmacéuticos eran mujeres. En 1979 accede a la presidencia y un año más tarde otorga a las mujeres el derecho al voto y a presentarse a cargos públicos. En 1985 un informe del New York Times declara que “las mujeres iraquíes, históricamente entre las más emancipadas del mundo árabe, ocupan empleos en todas las profesiones, visten como les apetece, votan y ocupan más del 10% de los escaños de la Asamblea Nacional”. También transformó radicalmente la sanidad y la educación. Construyó escuelas y fomentó campañas masivas para erradicar el analfabetismo. Estableció la enseñanza gratuita obligatoria. Gratuita a todos los niveles. Cuando llegó al poder, siete de cada diez iraquíes eran analfabetos y cuando fue derrocado sólo uno de cada diez. Introdujo programas de Seguridad Social y recibió un premio de la UNESCO por haber creado uno de los sistemas de Salud Pública más modernos de Oriente Medio. Llevó la electricidad a casi todos los rincones el país y lo modernizó construyendo infraestructuras como carreteras, puentes o edificios públicos. Recibió múltiples galardones internacionales, como por ejemplo la Gran Cruz de Isabel la Católica. En 2013, una coalición de cinco países: EEUU, Reino Unido, España, Australia y Polonia, invade Irak y lo destituye. Hoy en día, diferentes milicias y grupos de crimen organizado controlan muchos territorios del país, donde imperan la corrupción estructural, la pobreza, el desempleo y la desnutrición.
Antes de la llegada de Muamar el Gadafi al poder en 1969, Libia era uno de los países más pobres y atrasados de África; las riquezas del petróleo y el gas se las llevaban principalmente los anglosajones; no había escuelas; sólo tenían 16 graduados universitarios, todos extranjeros; sólo el 6% de la población sabía leer y escribir; la pobreza era extrema y generalizada, con alta mortalidad infantil y baja esperanza de vida. Cuando EEUU, UK y Francia, amparados por la OTAN, bombardean Trípoli y asesinan a Gadafi en el año 2011, Libia era el país con el mayor índice de desarrollo humano y la mayor renta per cápita por habitante de todo el continente africano; la tasa de alfabetización era del 83%; uno de cada cuatro libios era graduado universitario, la mitad hombres y la mitad mujeres; la electricidad, la educación y la sanidad eran gratuitas y de gran calidad; las universidades y los hospitales de Trípoli eran como los de cualquier capital europea; la casa propia era considerada uno de los derechos humanos y cuando una pareja contraía matrimonio recibía del estado el equivalente a unos 50.000 dólares para la compra de una vivienda; los préstamos bancarios no tenían intereses; las regalías del petróleo y el gas se repartían entre la población, ingresándolas directamente en las cuentas corrientes de los ciudadanos; las mujeres recibían el equivalente a unos 5.000 dólares por cada hijo que tenían; si un graduado universitario no encontraba trabajo recibía del Estado el salario promedio acorde a su titulación hasta que consiguiera un empleo adecuado a su formación; el estado proporcionaba una vivienda, tierras, herramientas, semillas o ganado a los que decidían dedicarse a la agricultura o la ganadería; el estado subvencionaba el 50% en la adquisición de un vehículo propio; el litro de gasolina costaba el equivalente a 12 céntimos de euro. En un país desértico, Gadafi puso en marcha el Gran Río Artificial, un proyecto hidrográfico considerado la mayor transposición de agua del mundo, que aseguraba su abastecimiento para la agricultura y para toda la población. Libia no tenía deuda externa y las reservas de su Banco Central, estimadas en unos 130.000 millones de euros fueron repartidas como botín de guerra entre las potencias que ocuparon el país. Hoy es un país fallido, sin derechos ni servicios sociales, gobernado por diferentes milicias y grupos armados repartidos por todo el territorio y enfrentados entre ellos, donde impera el crimen, la miseria, la corrupción, el contrabando y las violaciones a los derechos humanos.
En Venezuela, el cambio llegó en 1999 de la mano de Hugo Chávez y su Revolución Bolivariana. Gracias a sus campañas de alfabetización la Unesco declaró en 2005 al país como “libre de analfabetismo”. Las políticas chavistas erradicaron la desnutrición, que en 2011 era equiparable a la de países como España, Alemania o EEUU, según la FAO. También se redujo a la mitad el índice de pobreza, que pasó del 61,3% de 2003 al 31,9% de 2011, según datos del Banco Mundial, siendo además en esos momentos el país con la menor desigualdad y con la más justa distribución de la riqueza de toda América Latina, según el índice Gini. La Gran Misión Vivienda Venezuela ha construido y entregado en régimen de propiedad a las familias más vulnerables cerca de 5.300.000 viviendas sociales. Están subvencionadas por el gobierno bolivariano y las familias pagan una cuota mensual irrisoria, calculada en función de los ingresos familiares, que oscila entre los 15 y los 40 euros mensuales, durante un máximo de 30 años. En España no llegan al millón en el mismo periodo y se venden a precios de mercado. Tras la muerte de Chávez en 2013, su vicepresidente Nicolás Maduro toma las riendas del país para continuar su legado. Desde entonces Venezuela ha experimentado un gran deterioro de las condiciones de vida de la población. Algunos dicen que es debido a políticas erráticas de Maduro, pero otros sostienen que se debe sobre todo a la férrea y antipatriótica oposición interna de los antichavistas, ansiosos por recuperar su poder, así como al bloqueo y las sanciones impuestas por los EEUU y otras potencias occidentales, ansiosas por recuperar el control del petróleo. Hace unos días el ejército de los Estados Unidos entró ilegalmente en Venezuela y secuestró a su presidente.
Es posible que estos tres gobernantes pasen a la historia como ha pasado Nerón. Todo lo que ha transcendido y se divulga sobre él se lo debemos a Tácito, Suetonio y Casio, quienes lo retrataron como un tirano extravagante y le atribuyeron desmanes que hoy sabemos que no cometió, como el incendio de Roma o el asesinato de su esposa embarazada propinándole una patada en el vientre. Lo paradójico es que el primero tenía doce años cuando murió Nerón y los otros dos ni siquiera habían nacido. De hecho, Casio nació cien años después de la muerte de Nerón. Sin embargo, apenas se comenta la versión que desmiente esa leyenda negra: la de Flavio Josefo, el único historiador que fue contemporáneo y conoció personalmente al emperador. Hoy en día hay muchos estudiosos que sostienen que, aunque en lo personal Nerón pudiera parecer un excéntrico, fueron sus políticas las que dieron origen a las mentiras difundidas sobre él. Subió los impuestos a los ricos, los quitó a los pobres y era adorado por el pueblo ya que usó las riquezas del erario público, prácticamente lo vació, para mejorar las condiciones de vida de toda la población del imperio. Tras su muerte, en un sólo año se sucedieron, suicidándose o matándose entre ellos, cuatro emperadores: Galba, Otón, Vitelio y finalmente Vespasiano, quien inició la dinastía Flavia, opuesta a Nerón, y se encargó de reescribir la historia. Ya desde entonces tenían claro que lo que gana es el relato. Es lo que pretenden hacer con Saddam, Gadafi o Maduro. Es lo que hicieron Inda y Ferreras con el Informe Pisa. De hecho, mucha gente sigue creyendo que el gobierno venezolano financió a Podemos. Gana el relato.
Otra cosa que tienen en común los tres gobernantes de esta historia es que fueron derrocados de forma violenta por una intervención bélica del ejército USA, solo o en compañía de otros. A Saddam se lo llevaron por delante con la trola de las armas de destrucción masiva; a Gadafi, con el cuento de la primavera árabe; a Maduro, con la patraña del narcotráfico, una excusa tan increíble y descarada que ya ni siquiera se avergüenzan por no esconder su interés en apropiarse del petróleo de los venezolanos.
Pero hay otro motivo oculto en estas operaciones militares, porque lo último que tienen en común los tres, y es el lo que resultó fatal para ellos, fue su póstuma decisión de empezar a vender el petróleo en monedas distintas al sacrosanto dólar norteamericano, tales como el yuan, el euro, el rublo, la rupia, el dinar de oro africano o las criptomonedas. Eso supondría un golpe mortal al petrodólar. Eso es lo que no pueden consentir los yanquis, porque sería la puntilla para su decadente economía. Actualmente hay 127 países que mantienen más relaciones comerciales con China que con EEUU. Se está desmoronando la hegemonía mundial de los estadounidenses y la fortaleza de su moneda con el auge de los BRICs, que ya manejan un PIB mayor que el del G-7 y con la creciente tendencia entre las naciones del mundo a abandonar el sistema SWIFT, basado en el dólar USA, y adoptar el sistema CIPS, basado en el yuan chino. La caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS no ha significado que el mundo bipolar del siglo XX se convierta en un mundo dominado por occidente, como algunos soñaban, sino en el surgimiento de un nuevo mundo, por ahora, multipolar. Estamos asistiendo a la caída de un imperio que se resiste a perder el control y que, como una fiera herida, pretende morir matando.