El café de Agaete, enraizado en tierra volcánica y tradición, busca reconocimiento europeo

Efe / Christian Afonso

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Hace más de 100 años, empezó a cultivarse café en Agaete (Gran Canaria) como una ayuda al predominante cultivo del plátano. Enraizado en tierra volcánica, a una menor altitud de la normal, pronto este experimento se destacó como algo rentable, y la tradición ha pasado de generación en generación. Hoy, busca ser reconocido a nivel europeo.

La asociación de agricultores del café, AgroAgaete, y el Ayuntamiento del municipio del noroeste de la isla impulsan desde hace unos meses el expediente para que este producto único consiga la Indicación Geográfica Protegida (IGP), un símbolo que reconozca esa singularidad y proteja y guarde su idiosincrasia y rasgos.

Muchos de los pequeños productores del municipio aprendieron cómo cuidar esta atípica planta gracias a sus padres, encargados de introducirlas en el Valle, y les prometieron que mantendrían viva esas nuevas plantaciones. Y es que la del café de Agaete es una historia familiar, de pequeña escala y cultivo manual.

Así lo señala el presidente de AgroAgaete y propietario de la finca Los Grimones, Juan Sosa, una asociación que nació hace dos décadas precisamente para que no se perdiera el cultivo y de conservar lo que la generación previa había conseguido.

Esas primeras plantaciones de café no daban grandes producciones, según recuerda en conversación con Manolo Lugo, propietario de la finca La Morreta. La idea era más bien tenerlo para el consumo propio, para “calentarse la barriga” en épocas de mayor necesidad y falta de alimento, o bien para obsequiar a las visitas “ilustres” con un “buchito” que sabían podían encontrar en la finca de sus padres.

Pero estos cultivos han ido ganando peso conforme se veía su rentabilidad. Ahora, en La Morreta hay unas 1.400 plantas de café que, más allá de la producción que ofrecen, han supuesto algo más emocional para sus propietarios, el propio Manolo y su mujer, Julia García.

“Porque para mí es una ilusión el venir todos los días a la finca. ¡No me saques a ningún sitio!”, expresa, rotundo, Lugo.

Y tanto han crecido que hasta personas de fuera de Agaete han decidido interesarse por el grano procedente de América. Una de ellas es Patricia Juan, propietaria de la finca Los Quíqueres, quien reconoce que ha tenido que ir aprendiendo un poco cómo se recoge, cómo se trata, cómo se tuesta el café.

Su aportación es “pequeñita”, pero comenta en conversación con que Los Quíqueres se ha convertido en un “lugar de encuentro” en torno al café, en el que otras mujeres del Valle y amigas suyas acuden a coger los granos y descascarillarlos mientras tienen sus “charlitas”.

Una señal de protección y diferenciación

Y por este tipo de cuestiones, AgroAgaete cree que el cultivo del café y el producto que de él sale tiene que gozar de protección como elemento diferenciado y único.

“Lo que intentamos es dar un medio de protección. Primero para nosotros y después para el público”, defiende Sosa, para luego apuntar que las enseñas de calidad que se puedan conseguir “repercuten hoy en día”, tanto en visibilidad como para posicionar el producto en el mercado.

El presidente de la asociación de productores indica que en el seno de AgroAgaete se debatió casi desde el principio el hecho de proteger de alguna manera el cultivo de café, y que en los últimos meses se intensificó esa idea, hasta que llegaron a la conclusión de impulsar el expediente de la IGP.

Y decidieron la IGP porque, aunque el café se cultiva en Agaete, otros procesos se hacen fuera, lo que no cabría dentro de la figura de la Denominación de Origen Protegida, cuyo requisito es que todo el proceso hasta que el producto se lleva a comercialización se haga en la misma área geográfica.

Con la IGP, razona Sosa, se establecerá una declaración de intenciones y un órgano externo que se encargará de velar por que se cumplan todas las características y requisitos que se plasmen en la etiqueta Café de Agaete. Todos aquellos productores que quieran llevarla en su género tendrá que cumplirlas.

“Se trata de una unificación”, resume para luego añadir que lo que aportará este hecho es “credibilidad ante la gente”.

Entre árboles frutales

Pero, ¿qué hace único al café de este pequeño rincón de Europa? Patricia Juan lo tiene claro: “La tierra volcánica le da mucho valor y el que esté entre distintos plantas, rodeado de mandarinas, de naranjos, de guayavos, todo eso le da un sabor muy, muy especial”.

Y estos matices son los que al final llegan al paladar de la persona que valora el café, encontrar esas “notas” de sabores afrutados, como puede ocurrir con el vino.

Por ello, esta pequeña productora opina que la IGP servirá para darle a este producto al que dedica tanto tiempo y cariño “más calidad y más seguridad en el consumo”.

Pero sobre todo, defenderá una tradición cultural que lleva en este pueblo y en sus familias por más de 100 años.