La mujer que dio voz a los migrantes ante el Papa en Canarias, bloqueada en Senegal: “Tengo residencia legal en España”
Cuando el papa León XIV visitó Gran Canaria, todo el país escuchó a Soda Niasse. Ese 11 de junio, ella puso voz a la historia de una amiga. Una mujer de Nigeria víctima de trata que, por seguridad, no podía estar allí. Gracias a Niasse, que dedica parte de su vida a luchar por los derechos de las personas migrantes, decenas de autoridades pudieron conocer todas las violencias que esa joven de 22 años sufrió durante su viaje a España. Cuatro meses después de aquel emotivo testimonio, Niasse necesita que se vuelva a escuchar su voz. En esta ocasión, es ella misma la que sufre las consecuencias de la política de fronteras.
La mujer senegalesa, que trabaja como educadora en un centro de menores de Gran Canaria, lleva dos meses bloqueada en Senegal, sin poder regresar a la isla en la que vive desde 2019 y pese a tener residencia legal en España. “Si me ha pasado esto a mí, que tengo dos niños españoles y que vivo allí, imagínate lo que le pasa a una persona que viaja en patera, o que no habla el idioma, o que es víctima de trata o de ablación”, cuenta en una entrevista concedida a este periódico.
El 26 de junio viajó con su hijo de 13 años y su hija de 9 al país en el que nació. Allí pasaron un mes de vacaciones, pero cuando llegó el momento de volver, empezaron los problemas. Antes del viaje, Extranjería había resuelto de forma favorable su residencia legal en España. Le renovaron la tarjeta por cinco años, hasta mayo de 2031. “Cogí cita, me tomaron las huellas, y me dieron un resguardo. Está escrito que soy administrativamente legal en España”, asevera.
Pero el resguardo no le fue suficiente para poder volar a Gran Canaria. Tampoco sus hijos pudieron viajar ese día. “Después de que pasaran mis hijos, di mi pasaporte senegalés y me pidieron la tarjeta de residencia. Les di el resguardo que me dio Extranjería y me dijeron que no, que necesitaban una autorización, pero es que la misma oficina de Extranjería que me daría esa autorización es la que me dio el papel diciendo que la tarjeta física está en fabricación”, insiste Niasse.
Como sus hijos tenían que empezar el colegio en pocas semanas, intentó que ellos sí pudieran volar. Tampoco fue posible. La compañía aérea le respondió que los menores no podían entrar al avión sin un adulto y que no podían ofrecerle el servicio de acompañamiento desde la empresa. Poco después, Niasse y su marido consiguieron en el Consulado de Senegal en Las Palmas de Gran Canaria una autorización para que sus hijos viajaran con un amigo de la familia que regresaba a la isla.
Dos meses en Senegal
Después del episodio del aeropuerto, Soda Niasse envió un correo electrónico al Consulado de España en Dakar. “Les dije que necesitaba una autorización, un visado de regreso. Me contestaron por vía automática diciéndome que la respuesta podría tardar 15 días y que no hacía falta que enviara nuevos correos con el mismo motivo”, relata. Pasó un mes, así que Niasse volvió a escribir. “Les dije que en agosto tenía que incorporarme a mi trabajo y les pedí que me dieran un justificante contando que el visado había tardado más de 15 días. No me contestaron”, cuenta.
Durante ese tiempo, la mujer tuvo que alquilar un piso en Dakar. Ahora, después de más de dos meses, ha conseguido agendar una cita en el Consulado para la próxima semana.
Mientras tanto, los menores del centro de acogida en el que trabaja no dejan de preguntar por ella. Tampoco sus hijos biológicos, que llevan meses sin poder ver a su madre. La familia ha tenido que hacer malabares para poder conciliar, ya que el padre de los niños trabaja en un turno de noche. Antes, los niños se quedaban con su madre. Ahora tienen que recurrir a amigos y a conocidos para que no se queden solos.
Niasse ha acudido al Defensor del Pueblo y la Federación de Asociaciones Africanas de Canarias (FAAC) han tratado de encontrar una solución para ella desde el principio. “Me tranquiliza saber que tengo a gente ayudándome. Para mí lo más importante es que no perdamos la humanidad”, termina.
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