Un fin de invierno en la costa patagónica: Parada y fonda en Puerto Madryn y El Doradillo
El invierno se despide de la mítica Patagonia argentina con dos fenómenos naturales de una intensidad muy difícil de describir. Las costas de la provincia de Chubut son testigos de dos de las migraciones más espectaculares del reino animal. En las inmediaciones de la Península de Valdés, uno de los espacios naturales más hermosos que vimos jamás, se produce el pico anual de la temporada de la ballena franca austral y en Punta Tombo, un lugar donde se mezcla la bravura del mar más violento del mundo y la belleza austera de la estepa patagónica, empiezan a llegar los primeros pingüinos de magallanes para preparar su ciclo reproductivo anual. Es una doble cita que sólo coinciden en el tiempo entre los meses de septiembre y principios de noviembre. Cuando se acerca el verano austral, las ballenas se irán buscando las aguas ricas en nutrientes de los mares árticos australes. Y los pingüinos estarán en pleno proceso de cría (otro espectáculo digno de verse).
Habíamos estado en la costa de Chubut en otras ocasiones aunque nunca en temporada alta de ballenas (entre los meses de julio y noviembre). Así que cuando se nos presentó la posibilidad de viajar al lejano sur no perdimos la oportunidad de planificar una semana larga con base en la ciudad de Puerto Madryn, a dos pasos (porque aquí todo lo que queda a menos de 500 kilómetros es el pueblo de al lado) de los dos puntos fuertes del viaje. Añadimos un tercero porque no todos los días tiene uno la oportunidad de visitar el mejor museo paleontológico del mundo. Pero vayamos por partes (ver iconos azules en el mapa).
Parada y Fonda en Puerto Madryn.- La ciudad costera que vive por y para las ballenas. Este punto estratégico se encuentra en pleno Golfo Nuevo, el gran mar interior que encierra la Península de Valdés. La ciudad cuenta con una oferta alojativa y de restauración y con vuelos directos a la ciudad de Buenos Aires (hasta acá vuelan Aerolíneas Argentinas, Flybondi y JetSMART). Madryn, más allá de su función como puerta de entrada a las maravillas de Valdés, es un interesante microcosmos con una historia vinculada a las colonias galesas que llegaron a la Argentina a finales del siglo XIX ‘huyendo’ de la asimilación cultural inglesa que imponía la desaparición de sus costumbres ancestrales. Las huellas de aquellas primeras familias son, por desgracia, muy escasas en la ciudad. En la Avenida Domecq García puedes ver algunos rastros de las primeras décadas de vida de la ciudad: casas de madera recubierta de chapa ondulada que nos retrotraen a la colonización patagónica. Los ejemplos más importantes son la Casa del Gerente del Ferrocarril (Domecq García, 98), que hoy alberga una sala de exposiciones, y el imponente chalet que sirve de sede al Museo Provincial de Ciencias Naturales y Oceanográfico (José Menéndez, 200).
La ciudad que podemos ver hoy creció en torno al Muelle Comandante Luis Piedra Buena, la Playa Grande y Punta Cuevas, un lugar histórico donde puedes ver un pequeño yacimiento arqueológico vinculado a los antiguos Tehuelches -los aborígenes patagónicos que vivieron en estas pampas desde tiempos inmemoriales hasta prácticamente antes de ayer- y el punto de desembarco de los colonos galeses. Aquí se encuentra el Ecocentro de Puerto Madryn (Julio Verne, sn), un centro de interpretación de la fauna marina local que, sinceramente, necesita darle una vuelta al asunto. Casi más interesante es ir directamente al Muelle Comandante Luis Piedra Buena y esperar a que los bichos aparezcan por ahí. Nosotros pudimos ver varias ballenas francas australes (una de ellas acompañada de su ballenato) y varios lobos marinos. Desde la Playa Grande también se ven muy bien las ballenas y puede oírselas respirar y dar golpes con sus aletas y colas. Es un espectáculo. La gente local llena la Avenida Costanera por las tardes para tomar mate y disfrutar del mar.
Primer plato fuerte en ‘El Doradillo’.- Esta playa se encuentra a unos 15 kilómetros del centro de la ciudad y es uno de los lugares más fascinantes que hemos visto jamás. Durante las pleamares, las ballenas se acercan a menos de diez metros de la orilla y se dejan ver con total normalidad como si no fuera el asunto con ellas. Los mejores lugares para verlas es en la Tercera Bajada de la Playa de El Doradillo y en la Segunda Bajada de la Playa de Las Canteras. Aprovecha el paseo para hacer una pequeña parada en Punta Flecha. Aquí hay un pequeño mirador elevado sobre las playas desde donde puedes ver las ballenas con una perspectiva diferente. Un paseo hasta el Mirador Punta Ameghino.- Para llegar a este lugar (a las puertas de Península de Valdés), hay que seguir varios kilómetros de ripio (tierra) por la Ruta Provincial 42. Aquí, más allá de un paisaje costero de infarto, hay una colonia de lobos marinos.
Conducir hasta la Lobería de Punta Loma.- Al sur de Puerto Madryn y en el camino que va hasta Punta Ninfa por la Ruta Provincial 1 (donde hay una pequeña pingüinera) puedes ir a ver la Lobería de Punta Loma, una pequeña colonia de lobos marinos. El camino también permite caminar un pequeño sendero de estepa costera con buenas vistas. En la cercana Playa Parana (Ruta Provincial 1) hay una pequeña atalaya elevada desde donde puedes ver ballenas aunque no tan cerca como en El Doradillo. Aquí también hay una zona de médanos (dunas) muy bonita y un pequeño trozo de estepa donde puedes ver zorros con cierta facilidad.
Tres propuestas gastronómicas en Puerto Madryn.- Desde la mañana a la noche. Desayunos gloriosos en Casa Hulpe (Av. Julio Argentino Roca, 681). Nos ganó el local donde se mezcla el café de especialidad y los libros. Pero cuando probamos sus tostas y tortas nos olvidamos de lo precioso que es el local y la buena onda (como dicen por aquí) que transmite. Un lugar ideal para desayunar. Si buscas cordero patagónico te recomendamos Matilde Grill & Bistró (Av. Julio Argentino Roca, 275). Carnes de primerísima calidad y una atención de cinco estrellas. Otro punto fuerte de la gastronomía patagónica es la cerveza artesanal. James Beer (Av. Julio Argentino Roca 97) tiene muy buena cerveza artesanal y una carta bastante aceptable (buenas rabas y caldereta de calamares).