¿Sale a cuenta electrificar las flotas de vehículos? Los números empiezan a salir

La electrificación de las flotas de vehículos corporativas está dejando de ser una apuesta basada únicamente en criterios medioambientales y de responsabilidad social para convertirse en una decisión cada vez más respaldada por los números. Un informe elaborado por EY y Eurelectric concluye que las empresas europeas podrían ahorrar hasta 246.000 millones de euros en costes operativos acumulados antes de 2030 si completan la transición hacia vehículos eléctricos.

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El estudio sostiene que el argumento económico para electrificar ya es sólido en segmentos como los turismos y las furgonetas, donde los menores costes energéticos y de mantenimiento compensan buena parte de las dudas que todavía persisten sobre el valor residual de los vehículos eléctricos. En el transporte pesado, sin embargo, la ecuación continúa siendo más compleja y depende en gran medida del tipo de ruta, la estrategia de recarga y las ayudas públicas disponibles.

Las flotas empresariales desempeñan un papel clave en la transición energética. Según el informe de EY y Eurelectric, representan alrededor del 60% de las ventas de turismos nuevos en Europa, adquieren el 80% de las furgonetas y prácticamente la totalidad de los camiones nuevos. Además, generan más del 70% de las emisiones de COâ‚‚ asociadas a los coches recién matriculados.

Los analistas calculan que la electrificación completa de estas flotas permitiría sustituir hasta 95.000 millones de litros de gasóleo por unos 140 TWh de electricidad al año y evitar la emisión de cerca de mil millones de toneladas de COâ‚‚ antes de 2030.

El ahorro ya es visible en coches y furgonetas

Donde las cuentas resultan más favorables es en los turismos corporativos. El informe concluye que los costes operativos de los vehículos eléctricos son ya inferiores a los de los modelos de combustión en todos los mercados analizados. Los ahorros proceden principalmente de una energía más barata y de menores gastos de mantenimiento, ya que los eléctricos cuentan con menos componentes mecánicos sometidos a desgaste.

En Francia, por ejemplo, el coste operativo de un coche eléctrico corporativo es un 33% inferior al de un diésel equivalente. En el caso de las furgonetas, la ventaja alcanza el 40%, especialmente cuando la mayor parte de la recarga se realiza en las instalaciones de la empresa.

Precisamente la forma de recargar se ha convertido en un factor decisivo. El estudio señala que la electricidad consumida en depósitos o centros logísticos puede costar entre 0,14 y 0,40 euros por kWh, mientras que la recarga pública rápida se sitúa entre 0,45 y 0,75 euros, multiplicando por hasta cinco el coste energético.

Además, la entrada en vigor del sistema europeo ETS2 para el transporte por carretera a partir de 2028 encarecerá previsiblemente el gasóleo entre 10 y 15 céntimos por litro, reforzando aún más la competitividad económica de los vehículos eléctricos.

El camión sigue siendo la asignatura pendiente

El transporte pesado continúa siendo el segmento más difícil de electrificar desde el punto de vista financiero. Aunque los costes de explotación pueden reducirse entre un 7% y un 20% dependiendo de las rutas, el elevado precio de adquisición sigue representando una barrera importante. Un camión eléctrico puede costar actualmente entre dos y tres veces más que un modelo diésel equivalente.

Las subvenciones ayudan a reducir esa diferencia, pero varían considerablemente entre países. El informe recoge ayudas de unos 53.000 euros en Francia y de hasta 139.000 euros en Reino Unido para determinados vehículos pesados eléctricos.

A ello se suma la incertidumbre sobre el valor residual. Los vehículos eléctricos conservan actualmente una proporción menor de su valor inicial que los modelos de combustión, especialmente en el caso de camiones y furgonetas. Sin embargo, EY considera que buena parte de esta desconfianza responde más a la percepción que a la realidad técnica. Estudios citados en el informe muestran degradaciones medias de batería de apenas un 1,8% anual y una capacidad útil del 90% tras recorrer 120.000 kilómetros.

De la sostenibilidad al negocio

La principal conclusión del estudio es que la electrificación de flotas ha entrado en una nueva fase. Si durante años el debate estuvo dominado por la reducción de emisiones, ahora gana peso la rentabilidad económica. EY estima que los operadores europeos podrían reducir sus costes operativos en torno a 49.000 millones de euros anuales hacia el final de la década.

La consultora considera que, a medida que maduren los mercados de segunda mano, se desarrollen certificaciones estandarizadas para las baterías y aumente la presión regulatoria sobre los combustibles fósiles, el caso de negocio será todavía más sólido. En palabras del propio informe, si cada actor del ecosistema encuentra valor en forma de ahorro, rentabilidad o reducción de emisiones, “el argumento empresarial para la electrificación se vuelve cada vez más irrefutable”.