La UE endurece la exigencia de reciclaje para vehículos nuevos y usados
Europa acaba de dar un paso decisivo para transformar el automóvil en un producto mucho más circular. El Parlamento Europeo aprobó este jueves una reforma que obligará a los fabricantes a incorporar progresivamente plástico reciclado en los vehículos nuevos, pero el alcance de la norma va mucho más allá de los procesos industriales. También introduce nuevas obligaciones para la compraventa de coches usados, endurece las reglas para la exportación de vehículos fuera de la Unión y traslada a los fabricantes una mayor responsabilidad sobre los automóviles cuando llegan al final de su vida útil.
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La legislación, respaldada por una amplia mayoría de la Eurocámara, forma parte de la estrategia comunitaria para reducir la dependencia de materias primas, fomentar el reciclaje y disminuir los residuos generados por una industria que produce cerca de 15 millones de vehículos al año en la UE. El objetivo es convertir al automóvil en un ejemplo de economía circular, donde los materiales recuperados de vehículos retirados vuelvan a incorporarse a nuevos modelos.
Uno de los cambios más relevantes afectará directamente a la fabricación. Los coches que se comercialicen en la Unión deberán contener un mínimo del 15% de plástico reciclado seis años después de la entrada en vigor de la norma y un 25% diez años más tarde. Además, al menos una quinta parte de ese material reciclado deberá proceder de vehículos desguazados o de componentes reutilizados, creando un auténtico circuito cerrado dentro de la industria.
Diseño de vehículos basado en el reciclaje
La medida obligará a los fabricantes a replantear el diseño de los automóviles desde su origen. Las nuevas reglas exigen que los vehículos se construyan de forma que facilite el desmontaje y la recuperación del mayor número posible de piezas y materiales. Bruselas deja además abierta la puerta a imponer en el futuro objetivos similares para otros materiales estratégicos como el acero, el aluminio, el magnesio o determinadas materias primas críticas.
Sin embargo, uno de los aspectos más novedosos de la reforma se encuentra en el mercado de segunda mano. A partir de la aplicación de la norma, las empresas que vendan vehículos usados dentro de la Unión deberán demostrar que el automóvil no ha alcanzado el final de su vida útil o presentar una inspección técnica que certifique que puede seguir circulando. El objetivo es cerrar una de las principales lagunas del sistema actual: la salida de vehículos destinados al desguace bajo la apariencia de operaciones comerciales legítimas.
Bruselas ha tratado de evitar una carga burocrática excesiva para los ciudadanos. Por ello, las operaciones entre particulares estarán sujetas a requisitos más flexibles y solo necesitarán documentación adicional en casos específicos, como vehículos declarados siniestro total o ventas realizadas exclusivamente a través de plataformas digitales.
La regulación también endurece las condiciones para exportar vehículos usados fuera de la UE. Cinco años después de la entrada en vigor del reglamento quedará prohibida la exportación de coches considerados no aptos para circular. La medida busca combatir el fenómeno de los llamados “vehículos desaparecidos”, automóviles que abandonan el mercado europeo sin trazabilidad suficiente y que con frecuencia terminan siendo desguazados o tratados de forma irregular en terceros países.
Más costes para los fabricantes
Otro cambio significativo recaerá sobre los propios fabricantes. Tres años después de la entrada en vigor de la norma entrará en funcionamiento un sistema de responsabilidad ampliada del productor que obligará a las marcas a asumir los costes de recogida y tratamiento de los vehículos cuando estos lleguen al final de su vida útil, independientemente del país de la Unión donde se encuentren.
Los impulsores de la reforma defienden que estas medidas permitirán reforzar la seguridad de suministro de materiales para la industria europea en un momento de creciente competencia internacional por los recursos. “Estamos dando pasos importantes para impulsar la transición del sector del automóvil hacia una economía circular”, señalaron los eurodiputados Jens Gieseke y Paulius Saudargas, responsables parlamentarios del expediente, quienes defendieron que los objetivos fijados son realistas y compatibles con la competitividad del sector.
La reforma llega en un momento en el que el parque automovilístico europeo alcanza los 285 millones de vehículos y cada año alrededor de 6,5 millones llegan al final de su vida útil. Bruselas quiere que una parte creciente de esos automóviles deje de convertirse en residuo para transformarse en materia prima de los coches del futuro. Y para lograrlo no solo cambia la forma de fabricar vehículos nuevos: también redefine cómo se venden, se reciclan y desaparecen los viejos.
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