El primer Ferrari eléctrico choca con sus fans y la bolsa

El día que Ferrari decidió apagar el rugido de sus motores en Maranello acabó convertido en una tormenta perfecta. El estreno del Ferrari Luce, el primer modelo 100% eléctrico de la historia del Cavallino Rampante, pretendía inaugurar “un nuevo capítulo” en Roma, bajo la monumental Vela di Calatrava, donde empezaron sus éxitos en el Motorsport, pero terminó desencadenando un desplome bursátil del 6%, una avalancha de críticas de los ferraristas y un debate existencial sobre el futuro de la marca más emocional de la automoción.

Ni los 1.050 CV, ni la aceleración en 2,5 segundos de 0 a 100 km/h, ni los más de 530 kilómetros de autonomía lograron eclipsar el estruendo generado en la bolsa y en las redes sociales. Porque Ferrari descubrió en apenas unas horas que electrificar un deportivo, aunque sea por primera vez, puede ser más sencillo que electrificar el corazón de sus exigentes fans.

El Luce —“luz” en italiano— nace como la culminación de la estrategia multienergía anunciada por Ferrari en 2022. Un coche concebido para demostrar que la electrificación no tiene por qué acabar con la identidad de la marca. O, al menos, eso defendieron tanto el presidente John Elkann, heredero de los Agnelli, como el consejero delegado, Benedetto Vigna, durante la presentación.

Ferrari Luce, carne de memes

Ferrari insiste en que no ha creado “un Ferrari eléctrico”, sino “un Ferrari completamente nuevo”. Y quizá ahí empezó el problema. Porque el Luce rompe prácticamente todos los códigos tradicionales de Maranello. Tiene cuatro puertas, cinco plazas, un tamaño cercano al de un gran turismo de lujo, una silueta futurista diseñada junto al estudio LoveFrom de Jony Ive y Marc Newson y un planteamiento que muchos aficionados consideran más cercano a un 'concept car' chino que a un Ferrari clásico.

Las comparaciones más repetidas en redes fueron demoledoras. “Modern day Multipla!”, escribió un usuario. “Teslarossa”, ironizó otro. Algunos aseguraban que parecía “un BYD caro”, mientras otros pedían directamente a Ferrari que enseñara “el coche real”. La frase más repetida fue quizá la más dolorosa para Maranello: “Enzo (Ferrari) estaría revolviéndose en su tumba”.

La reacción no se limitó al universo digital. Las acciones de Ferrari llegaron a desplomarse más de un 6% durante la sesión bursátil, borrando miles de millones de euros de capitalización. El castigo refleja algo más profundo que el rechazo a un diseño: el miedo de los inversores a que Ferrari esté entrando en el mismo terreno pantanoso que ya ha frenado a otras marcas deportivas premium.

Es cierto que Ferrari tiene margen para hacer experimentos como el nevo Luce eléctrico teniendo en cuenta su elevada rentabilidad y su previsión de un crecimiento de al menos el 6% en su beneficio operativo bruto (EBITDA) en 2026, hasta superar los 2.930 millones de euros, frente a los 2.770 millones logrados en 2025.

Cómo hacer un superdeportivo eléctrico emocional

El Ferrari Luce llega justo cuando la industria empieza a cuestionar el futuro de los superdeportivos eléctricos. Lamborghini ya ha retrasado su primer eléctrico hasta 2030 alegando falta de demanda. Ferrari, según Reuters, también habría pospuesto su segundo modelo eléctrico al menos hasta 2028. Incluso Porsche ha comprobado cómo el entusiasmo por modelos como el Taycan se enfría más rápido de lo previsto.

El problema es casi filosófico. Ferrari no vende simplemente coches rápidos; vende sensaciones mecánicas. El rugido de un V12, las vibraciones del motor, la teatralidad de un cambio de marchas. Todo aquello que desaparece cuando el silencio eléctrico sustituye a la combustión, incluso si se sistituye por un evocador zumbido.

Por eso el Luce intenta compensarlo con tecnología emocional. Ferrari ha desarrollado un sistema de sonido patentado que amplifica las vibraciones reales del tren motriz eléctrico “como una guitarra eléctrica”. El coche puede pasar, según la marca, “de una concentración silenciosa a la máxima expresividad” mediante el e-Manettino. Pero para muchos puristas, simular emociones es precisamente la prueba de que algo esencial se ha perdido.

Paradójicamente, el coche impresiona desde el punto de vista técnico. Sus cuatro motores eléctricos independientes, uno por rueda, permiten un control dinámico casi quirúrgico. La arquitectura de 800 voltios, la carga rápida de 350 kW y la sofisticación aerodinámica sitúan al Luce en la vanguardia tecnológica. Ferrari presume además de haber desarrollado internamente batería, motores y electrónica para preservar la exclusividad de Maranello.

El Luce también busca ampliar el perfil de cliente de Ferrari. La marca sabe que los compradores más jóvenes y tecnológicos tienen menos apego emocional al motor de combustión y más sensibilidad hacia la electrificación. El problema es que Ferrari corre el riesgo de descubrir que conquistar nuevos clientes mientras enfada a los tradicionales puede ser el equilibrio más difícil de todos.

El detalle más simbólico quizá sea que Ferrari eligiera Roma para la presentación. Allí logró en 1947 su primera victoria con el 125 S pilotado por Franco Cortese. Setenta y nueve años después, la firma regresó a la capital italiana para iniciar otra carrera: la de sobrevivir al cambio de era. Pero esta vez el enemigo no está en la pista. Está en el garaje de sus propios clientes.