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El Ángel currante

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Llanos podría definirse como el Ángel currante, puestos a definir. El otro día, el edil ratificó en una entrevista periodística que, en efecto, comienza a trabajar, habitualmente, a las siete de la mañana y termina a las doce de la noche. Ustedes dirán que alguna paradita hará el hombre. Y puede que sí, lo que sucede es que él contabiliza los almuerzos de trabajo y las cenas de trabajo y los desayunos de trabajo y los aperitivos de trabajo como eso: o sea, como purito trabajo. Qué tío.

Nadie de la ha dicho a don Ángel un par se cosas sin acritud:

Primero: que está haciendo la puñeta a los funcionarios y personal laboral que trabajan para él o en su entorno, puesto que se ven obligados a emular al señorito, como no podría ser de otra manera. Y segundo: el hecho de ir al despacho muy temprano y salir del despacho muy tarde no implica necesariamente que se hagan mejor las cosas. Y puede ser todo lo contrario. Madrugar será bueno, tal vez para la salud, pero está demostrado que es fatal para la mente y para el humor. Si se duerme poco, se razona malamente, se embotan las ideas y empieza uno la jornada con mala leche. Si Llanos piensa que sus hábitos son una virtud que admirará al elector, se equivoca. El elector lo que piensa es:

- Menudo personaje más memo este por el que voté, oye. Tiene un cargo estupendo en el ayuntamiento y sólo le sirve para deslomarse.

Al margen de que tampoco hay que deslomarse ni estrujarse demasiado el coco para decidir, como una brillante novedad, contratar para los carnavales próximos a la Billo´'s Caracas Boys. Y a Celia Cruz, si levantara la cabeza.

José H. Chela

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