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Audita, pero menos

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Credibilidad exterior y credibilidad interior. De la primera habla a las claras el encargo de la supervisión (auditoría, o sea) de la Banca a dos empresas extranjeras: hay desconfianza en el Banco de España agravada por el PP al arremeter contra el gobernador Fernández Ordoñez tras lo de Bankia y han de venir de fuera, a ver. No sé si esas críticas a Ordoñez tienen fundamento, pero llama la atención que se ensañen con él y pasen de puntillas junto a otros posibles responsables de su cuadra, tan poblada de pencos como cualquier otra. Pongo el caso de Jaime Caruana, anterior gobernador del Banco de España, que formaba parte del "legado" de Aznar a Zapatero.

Caruana, recuerden, preocupó tanto a la Asociación de Inspectores del Banco de España que dirigió, en 2006, una carta a Pedro Solbes, vicepresidente económico psocialista, comunicándole que los inspectores del Banco de España "no compartimos la complaciente actitud del gobernador ante la creciente acumulación de riesgos en el sistema bancario derivados de la anómala evolución del mercado inmobiliario nacional". Reprochaban los inspectores "falta de determinación" de Caruana para exigir rigor a los bancos en la asunción de riesgos y advertían del "número de familias que tendrá que afrontar serias dificultades para hacer frente a sus compromisos financieros". En otras palabras: existía ya, en 2006, la seguridad de que ocurriría lo que ahora padecemos. Y Zapatero no hizo caso.

Lo menos que puede esperarse del Gobierno si quiere ser creído es cargar a cada cual con lo que le corresponda; no dedicarse a escaquear a los suyos y llegar, en su sectarismo partidista a utilizar, la mayoría absoluta para impedir, por ejemplo, la investigación parlamentaria de Bankia; a pesar de que otro de los suyos, José Luis Olivas, presidente de Bancaja, una de las dos patas de Bankia, haya comentado al dimitir de Bancaja que "han ocurrido cosas difíciles de explicar"; sin aclarar si la dificultad es por la complejidad de esas cosas o porque el PP ha prohibido explicarlas.

Por otro lado, resulta evidente la responsabilidad de los bancos en la crisis que en su versión española cargó la mano sobre el ladrillo. Igual que las brújulas apuntan siempre al norte, la crisis señala a los bancos como responsables. Una banca, cajas incluidas, que se han impuesto a los políticos (peperos y psocialistas, da igual) que comparten reticencias a la hora de dar explicaciones con nombres y apellidos porque no van a morder la mano que financian sus campañas y les perdonan las deudas; bancos que se han hecho con el control de los principales medios de comunicación, a los que nutren; o con las universidades que parecen haber perdido su sentido crítico y un largo etcétera; en el que incluyo a la Iglesia para la que no es pecado destruir la especulación financiera que destruye miles por no decir millones de familias; de las que cada vez más recurren a la misma Caritas de la que se vale Rouco Varela para chantajear al Gobierno para que no le cobre el IBI.

Ante este panorama de país, que se cae a cachos (léanse el artículo de González Viéitez de aquí al lado) ¿creen ustedes que servirá de algo la supervisión de los bancos? Los auditarán la empresa alemana Roland Berger y la estadounidense Oliver Wyman. A la primera no tengo el gusto, pero la segunda, nuevo recordatorio, fue la que puso por los cielos a los bancos irlandeses pocas fechas antes de que se dieran el gran partigazo. También fue la que calificó de "muy seguras" las famosas hipotecas sub prime. Si eso es así, una de dos (o las dos): los propios bancos han "orientado" a Rajoy para que les haga el encarguito, que son buenos amigos y nos entenderemos; o Rajoy no se entera lo que, aunque cabe dentro de lo posible, no parece probable, que algo habrá aprendido durante tantos años de oposición. Como tampoco me creo que las autoridades europeas desconozcan la dimensión del desastre bancario. Más bien barrunto que tratan de ganar tiempo para que la gente se haga a la idea de que lo tiene peor de lo que creía y no se rebele contra el propósito de los bancos de seguir gobernando y destruyendo las expectativas de generaciones completas cada vez que interese a su negocio. Aquello del capitalismo y las crisis cíclicas que llevan camino de hacerse crónicas.

Y acabo con una nota local chunga que alivie los párrafos anteriores: la forma en que se rompieron el culo las autoridades peperas para no perderse el concierto de Bruce Springsteen; por lo visto aún no se han enterado de que la relevancia internacional la debe el boss a su constante denuncia de los abusos del sistema que ellos representan sobre la pobre gente que somos nosotros. Emocionaba, de verdad, verlos allí tan entusiasmados. A lo mejor es que en inglés no lo notan.

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