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Camas separadas

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El problema reside en el número cuatro de la lista. Al darse como ciertos los sondeos que refieren entre cuatro o cinco concejales a la coalición, Barrios exige para sí los números uno, tres, cuatro y cinco de la lista, vulnerando así el acuerdo verbal entre socios que otorgaba los impares para Compromiso y los pares para NC. Barrios entiende que su exigencia descansa en ''méritos contraídos'', mientras que el grupo que lidera Román Rodríguez piensa que para este entierro no se precisan velas, y que para sacar uno mejor se presentan por separado. En realidad, las dos partes del conflicto ya llevan un largo tiempo pensando en la separación. Ambos están seguros de que lograrán lo mismo juntos que peleados, lo cual puede ser el principio de un grave error, pues ya se sabe que el electorado castiga duramente las divisiones y que en política uno más uno no suelen dar dos. Sin embargo, el personalismo de unos y otros les enfrenta y les anula en esta hora donde la confrontación se eleva sobre la inteligencia de los protagonistas. Bajo mi punto de vista, y admitiendo que la convivencia con Barrios puede ser difícil e incómoda, ella ha sido la cara de la oposición en estos últimos cuatro años. Lo ha sido, además, por encima del trabajo del PSOE, el cual, con descaro, no ha perdido la oportunidad para aprovecharse del trabajo de la concejala en beneficio propio. Ella se ha desgastado de forma generosa, y los socialistas jugaron a ser el rostro equilibrado de un municipio dominado por la iracundez y los errores en cascada de Luzardo. Por lo tanto, en esta discusión Barrios es la ganadora, por lo que sería un triunfo para NC aceptar la mayoría de sus condiciones, mantener la entente, garantizar así un cambio político que desean los ciudadanos, y ganar tiempo hasta tener presencia de verdad, y no basada en acertijos ni en ruletas rusas, en la capital grancanaria. A sabiendas, por supuesto, de que no se me hará ningún caso, llamo la atención sobre la política posibilista y pragmática de Román Rodríguez sobre numerosos aspectos de la estrategia de alianzas y la muy escasa comprensión que existe del ''factor Barrios''. Pese a que señalados grupos de asamblearios y de independientes (sector Antonio Morales) han mostrado su desacuerdo con el doblete del ex presidente del Gobierno (al Ejecutivo y al Cabildo), o con la intención de arrastrar al PIL de Dimas Martín mediante un acuerdo que le permita saltar la barrera regional del 6% o, incluso, abriéndole la puerta a una acogida similar a Domingo González Arroyo en el supuesto caso de que Soria le eche del PP, no existe ni por asomo semejante empatía con quien es, de momento, compañera de viaje. Román es hoy un líder efectivo en NC, cosa que no era en el 2003 cuando tuvo que decir que no a la propuesta de Paulino Rivero de "rebajarle" a consejero de Economía y Hacienda por influencia de la radicalidad de sus socios. De su visión de la jugada depende en gran parte la solución al jeroglífico. En la actualidad pocos políticos hay en Canarias que luchen con tanta denuedo por cambiar la atmósfera atosigante de corrupciones y de ventanillas apostadas por el paraíso del centro derecha para pasar por caja. Lo tiene más claro incluso que el PSOE, cuya campaña sigue sin remontar el vuelo exigible a una alternativa de Gobierno. Y por eso se sacrifica ahondando en posibilidades de pacto contranatura: porque sabe que la suma suficiente de las fuerzas progresistas es muy difícil, lo que implica que mientras unos se la cogen con papel de fumar otros usan pico y pala a ver si brota petróleo en el desierto. No resolver adecuadamente el ''factor Nardy Barrios'' sería una excelente noticia para Luzardo y Mauricio.

Francisco J. Chavanel

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