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Cuestión de éxito y de astros

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Más de una década después de estrenar Lluvia de Estrellas, la misma cadena apuesta por un formato en el que una serie de personajes famosos algunos, cantantes de prestigio- se convierten en imitadores de estrellas nacionales e internacionales del mundo de la música.

Manel Fuentes hace una conducción solvente, con clase y con gracia, apoyado en un jurado de calidad y en la participación de unos concursantes muy bien elegidos.

Dos de estos últimos me han sorprendido especialmente: Santiago Segura, por un lado, porque acostumbrado a verlo en su archiconocido papel de Torrente, no deja de sorprenderme cada semana por su enorme capacidad de mimetizaje. Por otro, Julio José Iglesias. Tengo la sensación de que el chaval tiene muy claro que es el que tiene más difícil alcanzar el éxito musical dentro de la saga Iglesias, porque la sombra de su padre es muy alargada y su hermano Enrique va muy por delante y se ha convertido en uno de los cantantes que más vende en el mundo. Así que el bueno de Julio Iglesias Jr. aparece en los medios españoles con mucha frecuencia, convirtiéndose en un personaje muy accesible y erigiéndose en el más español de los tres.

De este modo Tu cara me suena ha logrado superar la extraordinaria cifra del 20% de share, sin necesidad de destripar a los famosos ni proferir insultos. Todo lo contrario, permite al espectador disfrutar de un momento agradable, incluso nostálgico cuando alguno de los concursantes interpreta a ese cantante que es nuestro ídolo.

Ojalá pudiéramos subir todos por esa escalera y convertirnos en quienes quisiéramos o, al menos, nos permitiera huir de esta maldita crisis.

Mientras escribía este artículo se me ocurrió que alguno de los gurús de la televisión podría crear un formato para ciertos personajes públicos que se han apoderado ilícitamente de lo que no era suyo. Y allí veríamos cómo serían acusados de sus supuesto delitos en una sección denominada Atrapa un millón, donde contestarían siempre Pasalabra, pero que finalizaría indefectiblemente con el veredicto del juez diciendo Tu cara me suena, para que por las cabezas de los acusados solo pasara una frase lapidaria: ahora, caigo...en el trullo.

Hablando de nuevo de la crisis se me ocurre que una de las fórmulas para saber si nos va a salpicar o no, es viendo cada noche a Esperanza Gracia, la astróloga que nos ha ameniza nuestras noches desde hace varios años.

Cuando nos interesa creemos en sus vaticinios y nos llena de esperanza. Si lo que escuchamos de su boca negativiza nuestro futuro, lo que nos hace es gracia.

Porque cada día miras el ranking con la ilusión de que tu signo zodiacal esté en una posición privilegiada. Si es así, te llenas de emoción y haces lo imposible por motivarte. Si por el contrario, estás hundido en la clasificación, dices aquello de "esto es un rollo de esta tía para que te gastes dinero en mensajitos de móvil". Y entonces sale a la palestra ese amigo o amiga, autodidacta en la materia, que te da un máster acelerado en astrología y que siempre acaba hablándote de tu futuro amoroso.

Si es verdad que los rasgos más importantes de la personalidad de los seres humanos depende de la posición de los planetas, quizás sería buena idea dejarlos como están colocados, pero largarnos a uno donde no haya crisis.

Y ya lo saben, tengan cuidado: la televisión crea adicción.

Francisco Ramírez

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