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¡Échale Guindos al pavo!

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Mientras, su partido en Canarias, el de Rajoy y de Soria, olvidando éste responsabilidades pasadas compartidas en la gestión de los números del paro en las islas, reelige a sus máximos dirigentes y renueva algunas caras, que no políticas. El guiño de Antona al PSOE canario desde la opción palmera no va a remover lo de momento inamovible. Ya veremos tras el resultado de los Congresos del PSOE y de Coalición Canaria, y a medida que nos acerquemos al último año de legislatura.

2.000 ayuntamientos amenazados de intervención estatal, comunidades autónomas como la asturiana puestas en tela de juicio, España al borde del precipicio financiador y de la intervención con su prima de riesgo en máximos históricos? parece que el dicho "cualquier tiempo pasado fue mejor" gana puntos.

El espejismo vivido en España de 1978 a 2008 han sido treinta años de espejismo democrático y de ayudas exteriores europeas que no nos han dejado ver la cruda realidad de su tejido interno: turismo, funcionariado y construcción. Y desde esa trilogía existencial poca innovación se puede generar.

En las islas comienzan los Congresos. Y el primero es, pues, el del Partido Popular.

La renovación de ideas y personas es imposible en los partidos políticos si su funcionamiento interno no es democrático. En España, los estatutos de los partidos recogen formalmente la democracia interna pero, en la práctica, sus fórmulas de validación de nuevas candidaturas y de participación impiden que los militantes voten libremente los miembros de su comité de dirección, que sólo buscan la perpetuación de cargos.

La ausencia de elección democrática directa por parte de los afiliados de un partido en cada circunscripción local, autonómica, insular o estatal de los aspirantes a los diversos puestos provoca que accedan a las candidaturas personalidades menores, que sólo siguen el guión marcado por el comité que los ha colocado y son incapaces de defender un discurso propio.

Ante la carencia de selección entre diferentes propuestas que compitan por captar el voto directo, libre y secreto de los afiliados, se perpetúa el pensamiento único y se dificulta la renovación ideológica dentro de las organizaciones. Si además se aplican medidas disciplinarias a las corrientes internas no alineadas con el discurso de la dirección o directamente se las impide, se margina a los librepensadores y no se aplica la limitación de mandatos dentro de los partidos, se impide el acceso al ámbito político de alternativas internas ajenas al régimen imperante, que logren introducir nuevas ideas y ayuden con mayores bríos a la evolución sociocultural del proyecto. Y lo dicho entrópicamente del PP, vale para Coalición Canaria y para el PSOE archiopelágico, ambas formaciones también en vísperas congresuales.

Por ello, si queremos un mejor comportamiento y funcionamiento democrático de los partidos políticos en cumplimiento de un mandato constitucional que nadie cumple, es preciso exigir la obligatoriedad constitucional de democracia interna efectiva y aplicar el voto libre, igual, directo y secreto a todas sus elecciones de cargos directivos y de candidatos. Llámese o no se llame al proceso sistema de primarias, que también han tenido en el PSOE tinerfeño y lanzaroteño sus puntos débiles, sus líneas rojas cruzadas.

Muchas veces lo que sucede en los partidos políticos canarios se parece a lucha de facciones, más o menos soterradas. En el término facción predomina el sentido peyorativo. La palabra deriva del verbo latino "facere" (hacer, actuar). La palabra "factio" indicó a un grupo político dedicado a un "facere" perturbador y nocivo, a "actos siniestros". Para Hume, las facciones subvertían el gobierno, hacen impotentes las leyes y suscitan la más fiera animosidad entre los hombres, que por el contrario debieran prestarse asistencia y protección mutuas. ¿Nos suena de algo? Las funciones sociales de los partidos políticos son aquellas que tienen a los partidos como organizaciones que nacen del cuerpo social, ante el cual tienen responsabilidades. Entre éstas podemos destacar la socialización política, la movilización de la opinión pública, la representación de intereses y la legitimación del sistema político. Que lástima que la filosofía del poder político y la corrupción formulada por Acton se haya impuesto a todo ello. También en Canarias. También en los congresos de sus partidos con responsabilidades de gobierno.

José Carlos Gil Marín

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