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Fuerte caja (I) por Pedro Hernández Álvarez (*)

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Mientras, estaban ya en el mercado la caja fuerte y la caja de seguridad. Nada lírico en su nombre. Mejor dicho, nada poético en sus calificativos que inmediatamente daban a entender que nos estábamos refiriendo a lugares blindados para guardar joyas, valores y dinero, sobre todo dinero efectivo. Billetes para que nos entendamos. Las entidades financieras mantienen sus secciones de cajas de seguridad, para uso de sus clientes, a cambio de un alquiler según capacidad medida en decímetros cúbicos y por el que dan un servicio de custodia y vigilancia de joyas, documentos. Sin embargo cada vez, aunque no son muy frecuentes, que repasamos en cualquier hemeroteca que se ha producido un robo, generalmente durante un fin de semana largo en los recintos acorazados donde se sitúan estas cajas, nadie o casi nadie va a reclamar, porque mucho de los contenidos no están declarados. Secretos de familia, papeles, y/o dinero negro (siempre billetes) tanto de origen fiscal como criminal. Si como resultado de una actividad comercial, industrial, artística, de servicio, o en general de naturaleza totalmente lícita, se obtienen unos ingresos, unas ganancias, que pueden ser repito legítimamente muy abundantes, lo normal es que los cobros y pagos se hagan o reciban mediante cheques nominativos o transferencias bancarias, y el importe salga de alguien con nombre y apellidos y lo reciba alguien con nombre y apellidos (persona física o jurídica), en ambos casos con NIF. Y hasta aquí, lo que debe ser. Ese dinero bancario totalmente identificado entra y/o sale bajo el control fiscal, tal y como quedan nuestros sueldos y pensiones o lo que también es conocido como el carné del común de los mortales. Si no es así, hay que ponerse a pensar… A todos nos sorprende el que en una casa particular se encuentren muchos miles de billetes de euros (también contados como muchos millones de las antiguas pesetas) dentro de una caja fuerte. Ños, fuerte caja cristiano, o de otras confesiones religiosas, y no es propaganda. Y es que al empezar cada año cojo una lata vacía de galletas y empiezo a juntar para las vacaciones y les juro que a lo más que llego es a los 75 o a los 80 euros porque enseguida tengo que echarle mano a lo que he ahorrado. Una cena, una salida, un extra… Entonces ¿cómo se llega a reunir tal cantidad de billetes cuando además las entidades financieras tienen por ley puesto un techo a las cantidades de efectivo disponible para ingreso o retirada por sus ventanillas? ¡Ay mi madre, que empiezo a pensar cosas raras! Encima ahora desde el 12 de los corrientes la Orden EHA/2619/2006 de 28 de julio, da otro paso y dice que no solo las entidades financieras normales, lo que está ordenado desde la Ley 19/1993 de 28 de diciembre, sino toda empresa que se dedique autorizadamente a cambiar moneda o a gestionar transferencias con el exterior, tienen que cumplir un estricto código de identificación de sus clientes. Pero eso se verá en otro artículo, si ustedes lo permiten. (*) Pedro Hernández Álvarez falleció este sábado, 24 de febrero de 2007, a los 60 años de edad. Nacido en el tinerfeño municipio de La Orotava, fue directivo del Santander Central Hispano y patrono de la Escuela de Negocios MBA. Este artículo fue su última columna publicada en CANARIAS AHORA bajo el epígrafe que utilizaba desde marzo de 2005, El rey de lo virado.

Pedro Hernández Álvarez (*)

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