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¿Taparle la boca a Federico?

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En primer lugar, la envidia.Una envidia que no se manifestaría de forma tan sonora, si Federico no tuviera los muchos miles de oyentes diarios. Una envidia que no sería tan amplia y enconada entre profesionales del ramo y sus empresas, si la Cope tuviera una audiencia reducida y un volumen de plublicidad escasa. Son algunos profesionales y algunas empresas de la competencia quienes más se frotan las manos ante los problemas judiciales y empresariales internos con los que tiene que enfrentarse ahora Losantos. Actitudes bastante miserables.

En segundo lugar, la oposición, el miedo y el rencor de políticos de tendencias contrarias a las que mantiene ?por su cuenta y con algunas innegables complicidades- Jiménez Losantos cada mañana ante los micrófonos. Su arma es la palabra, la libertad de palabra. De opinión y expresión. De cómo la utiliza es otra cuestión. De sus opiniones sectarias y de su tono a veces ofensivo e insultante hacia personas e instituciones, no solo se puede discrepar sino que resultan censurables o inadmisibles. Y de ello debe responsabilizarse.

En tercer lugar, las muchas autorizadas voces discrepantes dentro de su propia empresa, la Conferéncia Episcopal Española, que están en contra del uso que Losantos hace de su libertad de palabra, de su libertad de expresión, porque creen que no está siempre conforme, en el fondo y en la forma, con lo que llamamos la "línea editorial" de dicha empresa. También de su lealtad o deslealtad a dicha línea editorial deberá dar cuenta el famoso periodista rediofónico.

La libertad de expresión, en democrácia, es sagrada. Pero esta no incluye la libertad para insultar, ofender o mentir. Si un profesional, como cualquier ciudadano, incurre en ello, ahí están los tribunales de justícia. Si un periodista va claramente en contra del espíritu del marco ideológico que ha aceptado respetar ? siempre que queden a salvo la información honesta y la opinión responsable y plural- al entrar a trabajar en un medio, deberá asumir las consecuencias de su posible deslealtad.

Federico Jiménez Losantos suele confundir, con desparpajo y pasión, en su conocido e influyente programa matinal, información con opinión, propaganda y 'acoso y derribo'. Esto no es buen periodismo -a mi me repele- por muchísimos seguidores que tenga y por mucha publicidad que aporte a su empresa. Pero su programa es también un espacio importante para enterarse de muchas cosas que ocurren en el país y que otros medios se callan, ellos sabrán porqué. Es una ventana por la que, junto a olores y ruidos molestos e irritantes, entra también aire fresco, para algunos acatarrante. ¿Genera crispación? Como otros programas de algún que otro medio, que no han tenido tanto oficio, ingenio y suerte para hacerse una audiencia millonaria.

Seguramente Federico se ha equivocado en muchas cosas y, sobretodo, de empresa. Pero quien le tape la boca a Federico ?cosa improbable, pues otros púlpitos le esperan-, habrá tapado también una ventana a la libertad de espresión. Y esto para un demócrata y para todo profesional de la informació, siempre es triste.

*Wifredo Espina es periodista y exdirector del Centre d'Investigació de la Comunicació.

Wifredo Espina*

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