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Tres cardones para Euforbio* por Guillermo Perdomo

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Este cardón nuestro (la euphorbia canariensis) es doblemente canario tanto por ser un endemismo de las islas como por pertenecer la familia de las euforbias ¬¬?en la que también se incluyen las tabaibas?. Esta especie recibe su nombre de la mano del rey Juba II en homenaje a su médico griego, Euforbio, quien había estudiado las posibilidades medicinales de estas plantas. Vino, por tanto, su nombre desde el continente, del mismo modo que vinieron los canarii, los primeros pobladores que dieron nombre al archipiélago.

Esa misma dualidad está bien presente en estos Tres cardones para Euforbio de Sergio Gil. Por un lado, es digno continuador de la tradición plástica de las islas, esa tradición, que instaurada por la Escuela Luján Pérez, focaliza la mirada en la crudeza desértica insular y que hasta nuestro siglo XX había sido despreciada. En esas miradas diversas, el cardón recibió trato desigual, Jorge Oramas prefirió las pitas, Santiago Santana se inclinó por las tuneras, y Felo Monzón en sus Composiciones canarias y Composiciones con personas se decantó por el cardón. Por otro lado, Sergio Gil es fiel a sí mismo, a su propia tradición pictórica en la que la botánica, en especial la que tiene que ver nuestras islas, se convierte en materia de estudio y fuente de inspiración, con tal pasión que lo mismo realiza 30 bocetos para una simple portada, como en una rotonda de La Garita alza su majestuoso Drago de acero corten.

En esta carpeta de tres serigrafías, vitales, luminosas y coloristas realizadas con motivo del II Premio de PYMES8 al valor y al riesgo empresarial acudimos al encuentro sensual con el cromatismo y las imágenes evocadoras y sugerentes que el artista nos ofrece y en las que realidad e imaginación se han fundido magistralmente en una visión creativa con sello personal.

Con esta trilogía de tridentes vegetales, y a modo de antídoto -pues no hay mejor cuña que la del mismo palo-, Sergio Gil, arponeando nuestra sensibilidad, nos despierta del sueño envarbascado que nos ha impedido admirar el cardón en toda su amplitud. Acostumbrados a su compañía nos habíamos habituado a verlos sin mirarlos. Acaso ahora no sólo los miremos sino los sintamos como una parte esencial de nuestra tierra que, como cirios esperanzadores, guardan aún muchos misterios.

* Texto elaborado para la carpeta de serigrafías "Tres cardones para Euforbio", de Sergio Gil.

Guillermo Perdomo

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