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Un carné de conducir para Internet

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Ahora mismo, en esta España de barricada, muchas de las opiniones que se observan en Internet están instaladas en convicciones inamovibles, alineadas irremisiblemente con quienes sienten que les representan política e intelectualmente de una manera global y total, renunciando a cualquier ejercicio de libertad crítica, lo que les permitiría tener la condición de personas libres. Pero esa forma de asumir la dependencia sólo se puede ejercer mediante la descalificación del contrario. La irracionalidad de renunciar al pensamiento propio se sustenta necesariamente en el fanatismo de rechazar y vituperar cualquier idea diferente. Así se consigue la impermeabilidad ante cualquier propuesta diferente. Se empieza por deificar al líder propio y se termina por vituperar al adversario. Por eso son necesarios los nuevos caudillos, sean jueces o periodistas radiofónicos, porque las personas tan elementales como las descritas necesitan un pastor que les conduzca aunque sea para no sentirse nunca solos. Un espíritu gregario convoca en muchas ocasiones agresividad contra quien no pertenece al grupo. El ejercicio intelectual requiere un cierto estadio de soledad para que la observancia de lo que ocurre en el mundo permita más fácilmente la elección discriminada de los criterios convincentes.

La ecuación es elemental y reversible: si se está con el PP hay que estarlo en todos los casos y en todas las situaciones y ese posicionamiento obliga a estar radicalmente y en todo contra el PSOE. Les ocurre igual a los fanáticos zapatistas que no ven mácula en La Moncloa y no ven virtud en Génova.

La corriente mayoritaria obliga a rechazar cualquier argumento que llegue del adversario que es tratado como enemigo: nada de lo que diga tiene valor por el sólo hecho de ser él quien lo dice. Esta práctica, que se extendió en España con la llegada de José María Aznar a la presidencia del PP, se ha instalado también en muchos pretendidos progresistas. Si alguien a quien consideraban uno de los suyos tiene el atrevimiento de ejercer el espíritu crítico hacia quienes supuestamente tenía que defender, inmediatamente es considerado un traidor y a partir de ese momento sufrirá el bombardeo cibernético con las más gruesas descalificaciones.

Internet es un espacio magnífico para la participación que ha revolucionado la forma de hacer valer los criterios más dispares sin pasar por los filtros de los medios de comunicación tradicionales. Pero al mismo tiempo permite la oportunidad del anonimato y fomenta una forma de cobardía sublime en quienes se ocultan detrás de un seudónimo frente a los que dan la cara en su condición publica intelectual.

La gran ventaja de Internet frente a las carreteras generales es que los accidentes de tráfico también son virtuales. Quienes utilizan la red sólo para descalificar se estrellan contra un muro que todavía no han descubierto y que les llevará sin remisión a constituirse en fanáticos de izquierda o fanáticos de derecha, que en la generalidad de los casos es lo mismo. Podemos vivir con esa forma de entender la libertad porque lo más grande que tiene ese concepto maravilloso es que también es reversible: ellos pueden insultar y nosotros no darnos por enterados de sus insultos. Por mí que conduzcan sin carné.

*Periodista y analista político en El Plural

Carlos Carnicero*

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