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Me equivoqué de oficio

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A veces pienso que hubiera pasado si mis ganas de cambiar el mundo durante los años en el instituto hubiesen derivado en un pragmatismo interesado, tal vez hubiese tocado en las puertas del PP o del PSOE, y con mi carné de joven militante hubiera ido trepando en la carrera de la universidad de la vida, sin tener que aguantar los rollos a tantos profesores.

Mi sueño se hubiera cumplido si hubiese hecho carrera política. Quizá hubiese formado parte del equipo de confianza de algún concejal y, con un golpe de suerte, hubiese dado un salto a Madrid. Nunca se sabe, hubiera sido fantástico llegar a ser Director General de la Guardia Civil. Qué gusto utilizar tarjetas de créditos pagadas con presupuesto público o robar dinero de los fondos reservados. Sí, tal vez me hubieran trincado y metido en la cárcel. Pero el tiempo pasa para todo el mundo, y a lo mejor durante un tercer grado me hubieran llamado de Telecinco para una entrevista con Maria Teresa Campos, como han hecho con Luis Roldán ¡Por fin en un programa líder de audiencia, en prime time, después de tantos años haciendo un programa de entrevistas que emitían los domingos a la hora de la misa!

Aunque hubiera sido más divertido trabajar de camarero y, por un golpe de suerte, podía haber acabado de alcalde en San Bartolomé de Tirijana. Y entre moción de censura y moción de censura quizá me hubiera dado tiempo de asaltar las arcas municipales. Y si en vez de un golpe de suerte hubieran sido dos tal vez me hubiese ligado a la viuda de un torero después de una actuación suya en Playa del inglés. Yo soy muy malo cerrando las bolsas de basura, así que seguramente me hubieran descubierto sacando dinero del ayuntamiento y hubiese acabado en la cárcel. Pero luego vendría lo mejor de todo, el tercer grado y la llamada de Telecinco. Y, lo mejor de todo, 350.000 euros por una entrevista, como dicen que cobrará Julián Muñoz. Seguro que la gente hubiese valorado mi lado bueno, mi arrepentimiento. Por un plus de 50.000 eurillos me hubiera echado a llorar al hablar de la folklórica.

Pero nada de eso ocurrió. Por eso cada noche tengo que sentarme frente al ordenador, y cada mañana debo amanecer frente a un micrófono. Así llevo 16 años de oficio equivocado. Mínimo de cuarenta horas a la semana, máximo de treinta y pico días de vacaciones, rotación de turnos, varios años trabajando los fines de semana, recibiendo una carta de Hacienda cada año donde me avisan que lo saben todo de mí. Sin salir de El Sebadal he ido cambiando de trincheras, resistiendo a las crisis económicas y a las crisis de gobierno. Unas veces con más libertad, otras con menos. En este último año he podido contar algunas maldades de los gobernantes. Pero eso no es muy rentable, al contrario, más bien te cierra puertas. Lo rentable sería contar las maldades propias, explicar frente a Teresa Campos o a Jordi González cómo se me ocurrió hacer de ladrón mientras dirigía a la guardia civil, o cómo podía combinar el papel de alcalde extorsionador con el de mancebo de folklórica. Cumpliría con el contrato televisivo y pediría perdón ante toda ESPAAAÑA por mis chorizadas. Y quedaría como el buen ladrón. Tercer grado y 350.000 euros por una noche de estrella en Telecinco. Qué pena que hace 2000 años no existía la telebasura, porque estoy seguro de que hubieran mandado a Maria Teresa Campos a entrevistar a San Dimas, el buen ladrón, y no hubiéramos tenido imágenes de Jesucristo.

Juan García Luján

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