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Una especie especial

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Se acepta científicamente que los restos más antiguos de Homo sapiens aparecieron por Etiopía hará unos 195.000 años y que la 'serie Homo' llevaba unos 2,5 millones de años en el planeta. Éstos, los sapiens, devenidos 'habilis' y 'erectos' y, tras la desaparición de los Homo neanderthalensis y Homo floreciensis, somos nosotros – unos evolucionados y otros no tanto – que andamos por aquí sin destino conocido y la gran mayoría dedicada fundamentalmente al envío de wasap, e-mail y sms. Y también a otras cosas que tienen que ver con el sufrimiento de la economía, la política y el potaje de berros.

Nuestros antepasados vivían en cavernas – por ello se denomina cavernícolas en algunos casos a aquellos que se reúnen en Consejo de Ministros, Congreso, Senado, instituciones autonómicas, Fiesta Nacional, Toros embolados, Toros lanceados, eventos en los que se lanzan cabras desde campanarios y otros sitios de culto, para decir tonterías y llevarnos a la ruina a través de tejemanejes, endeudamientos y oscurantismos (ya saben que lo negro va ligado a Drácula y Lucifer), mientras la sociedad civil espera cada cuatro años que caiga el maná y se nos llene el patio de oro y huríes – . Decía que los retatarabueletes se acomodaban en grutas y, desde allí, fueron viendo, asombrándose, inventando cosas y progresando. Yo, personalmente, y ya cuando estábamos  en el siglo XX, estaba absolutamente de acuerdo con Luis Racionero en que el progreso ha sido “decadente”. Es decir, avance tecnológico y desastre cultural y humano. Echen un ojo a las guerras, hambrunas, movimientos migratorios, enfermedades … que pueblan la tierra. Al respecto, podríamos decir que el ser humano es el menos humano de los seres humanos. Baste con advertir que, cuando se logró acabar con los depredadores – todas las especies los tienen – nuestros vejetes comenzaron a depredar a quienes se iban encontrando por el camino y que tenían su misma morfología. Es en esa dinámica de actuación cuando vemos que desde la pedrada al misil balístico intercontinental y la fisión nuclear se recorre un importante camino y, por la otra banda, las barbaridades más espeluznantes se cometen en nombre de religiones, sectas, asociaciones, corporaciones, mercados y globalizaciones. Por cierto, la pedrada sigue vigente con la lapidación y a ella se añadieron otras burradas como la infibulación y el tráfico de órganos de niños, por ejemplo. También se produjeron cambios estéticos: la guillotina que dejó a Luis XVI descabezado, Francia convertida en República y generó la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (ahora en estado latente de conservación), la guillotina, decía, ya no incluye tanta parafernalia ni liturgia. Estamos en crisis. Se coge un teléfono móvil de última generación y se filma un vídeo 'político' al estilo de las películas snuff. Con cabezas rodando como si hubieran sido despejadas por Messi o Cristiano. Si es cristiano, peor  obviamente.

Como los políticos 'plastas' son ahora políticos 'plasma', pues tenemos pantallas para ver atrocidades y televisión hedionda, de modo que no voy a extenderme en cuestiones de cafres y antropologías, que Levy Strauss y otros lo hacen mejor y con más rigor. Sí decía en el título que esta especie, el ser humano, nuestra especie, es una especie muy especial. Hace semanas que paso bastante tiempo entre el andar ciudadano, cosa que antes no hacía porque siempre iba con las prisas propias de la profesión periodística. Y me he apercibido de que el personal tiene perros en cantidades industriales. Aquí en Canarias, allí en la España resquebrajada y allá en todo el planeta. Obviamente, en algunos países más que en otros. Nótese que si un chino se lleva a casa un perro, la noticia debe ser tratada con mucho cuidado. El destino del canis es bastante incierto. ¿Acabará jugando con los niños o en el chop suey? ¡Que se resuelva el asunto por la vía diplomática y mucho mejor si es antes de que la economía amarilla reviente como la burbuja española pero a lo bestia! Ustedes conocen perfectamente aquella frase que en un maravilloso discurso, un poco más corto que los de Fidel Castro, lanzó Mao a la muchedumbre arrimada e incluso colgada de la Gran Muralla para ver a su ídolo: “Pólvora sois y en pólvora os convertiréis”.

Que hay perros por un tubo (en muchos hogares más de tres) y, para que en adelante se me entienda bien, proclamaré desde aquí mi cariño y respeto por los animales, siempre en función de la distancia. El Gran Blanco, el Taipan del Interior y el Tigre de Bengala, mejor lejos. La Fediaf en Europa y la AVMA en Estados Unidos, federaciones que agrupan a la industria de comida para animales domésticos, están contentísimas con la fabricación de pienso, mejunjes, alquimias y patés  a todo trapo debido al crecimiento de la población perruna y gatuna en convivencia bajo el mismo techo con el hombre y la mujer. Y en muchísimos casos, en la misma cama.¡Alto! Jamás se me ocurriría meterme en temas de amor y soledades aunque me gusta cuando callas porque estás como ausente. No. La consideración que aplico al ser humano: 'especie especial', surge cuando el crecimiento de la población de mascotas va paralelo al decrecimiento de bebés. La civilización del confort y el 'me apetece' ni quiere complicaciones, ni quiere esfuerzos, ni posee las mínimas condiciones dignas por parte del Estado para poder llevar a cabo la perpetuación de la especie. De tal modo que el instinto fundamental de cualquier animal es anulado casi por decreto ley. Ya la socialdemocracia decidió hace tiempo que la familia no era un asunto demasiado relevante y de aquellos polvos en suspensión vinieron estos lodos: los 'progres' con poder ejecutivo prefieren mandar millones de euros a las lesbianas de Papúa Nueva Guinea (ya no son antropófagas ni han visto las películas de Hannibal Lecter) que dedicar esos fondos a recuperar una población anciana y una demografía demenciada que en breve va a generar gravísimos problemas. Los está generando ya en cuanto a sanidad y pensiones se refiere, por ejemplo.

La Policía no es tonta no obstante, y yo que jamás he entendido la política social de los gobiernos que me ha tocado vivir desde el gran timo de la Transición – o la he entendido muy bien – he observado leyendo por aquí, estudiando por allá, escudriñando por acullá, que ya no son ni uno ni dos los personajes que, ante el gravísimo problema que se acerca inexorable y amenazador como los Jinetes del Apocalípsis o la Cabalgata de las Walkirias, hablan de lo terrible que es que la gente viva más - cosa que antes se pretendía - y sugieren entre líneas hasta el 'genocidio controlado'. Como siempre, aparece la gran paradoja del progreso decadente: células madre, ingeniería genética, para prolongar la vida y, en frente, imposibilidad económica para que alargar la existencia pueda ser una realidad. Más perros y menos niños. Anoche mismo me senté un buen rato en uno de los bancos de la Avenida de Mesa y López, dejando a mis espaldas ese verde brocha hito urbanístico sin parangón que allí colocó un genio del urbanismo… y no niego que vi algún niño en carrito y muchos árabes, pero lo que afirmo con rotundidad es que vi perros, liderados por el Yorkhshire, en cantidades industriales. Manos con tres cuerdas que ni Ben Hur con sus cuádrigas. Caquita aquí, pipí allá. Bolsita por aquí, chorrito de agua por allá. Prolongué mi estancia para ver si veía otra especie con mascota y no, no apareció ningún pingüino llevando de paseo a un ratón. Me levanté, comencé a caminar y a pensar en las teorías de Christinne Lagardere … pero hablar de eso constituiría ahora un auténtico sopor.

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