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El hombre y el lobo

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Ya se aprovecharon en los años noventa, al albur de otra regresión económica, al poner contra las cuerdas al gobierno socialista de González, consiguiendo la creación de vergonzosos 'contratos basuras' en la relación laboral, saciando así el apetito de las feraces fauces con esta presa a los egoísmos empresariales, y tan indigno para los trabajadores, de un gobierno que se decía de izquierdas.

Que los empresarios montan un negocio para lucrarse en beneficios dinerarios es una verdad incuestionable, porque no son unas ONG. Pero tan importante es el capital empresarial como el empleado productor, y ambos son el complemento sustancial del binomio ganancial: capital más empleado. Y es imposible disociarlos.

Esta horribilis pesadilla que estamos atravesando todos en la economía mundial, y a la que parece no vislumbrarse aún el final del negro túnel y otear la clara luz de una nueva aurora de bienestar, quiere la patronal empresarial de este, nuestro país, hacer en estos tiempos revueltos, de pérdidas por doquier y la sensibilidad de todos en este asunto está tan delicada y llorosa como la piel de cebolla, den las leyes laborales un radical giro copernicano, y jeringar los bien ganados derechos laborales por la clase trabajadora, y con ello el despide libre, aunque falazmente lo nieguen en principio. La jauría empresarial ulula por todas partes en contra del Gobierno y los Sindicatos mayoritarios, para que asuman sus tesis neoliberales, y con el aplauso del PP.

El objetivo final de este desmedro entre Gobierno, CEOE y Sindicatos, es la de romper, por parte de los empleadores, las actuales leyes laborales e implantar otras, y a lo largo del tiempo de tipología norteamericana; contratos fijos con despidos abaratados y de saldos: revisión de los convenios laborales. Se despide, y se acabó la relación laboral sin derechos indemnizables, o sea el despido libre; si enfermara el trabajador, los primeros días de absentismo laboral no sean pagados por la empresa; la ausencia de pagos a la Seguridad Social o reducidas al mínimo; y anular todo derecho sindical que defienda los litigios entre ambas partes, y queden éstos en las antípodas. En definitiva: una nueva forma de esclavitud en el s. XXI. Mientras, en este asunto el PP guarda silencia sepulcral y cómplice, asumiendo dichos postulados. Y habiendo intentado en su último gobierno, y a favor de los empresarios, un decretazo laboral en los años noventa, que tuvieron que engullirse.

Las pérdidas de los empresarios son cuantiosas en este amargo y fatídico zarpazo mundial de las finanzas, pero quienes sufren primeramente esta lamentable desazón económica son los empleados, sobre quienes recaen todo el peso. Ejemplos: el inhumano y desmesurado número de más de 4 millones de parados en el país, tragedia que destruye a millones de familias; y de 281.000 en Canarias, bajo la pésima Administración que padecemos. Todos sufrimos las pérdidas en esta negra crisis. ¿Y cuando existen dividendos gananciales en superávit, reparten los empresarios con los trabajadores, otorgándoles un plus de beneficios?. Cambiemos las leyes laborales también para los empresarios, en las ganancias y en las pérdidas. En este asunto ganancial sí que no hay reforma válida, solo en las pérdidas y que las pague el trabajador, quien solo depende de un triste salario para vivir. Tengamos conmiseración.

Esperamos que no claudiquen en desfavor de ladepauperada masa trabajadora, sin dejarse llevar por los cantos de sirena y saboreen la flor de lotus, con la pérdida de memoria, resignándose a la presiones empresariales y a fatales consejos neoliberales.

Teo Mesa

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