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Hasta media asta

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El mejor favor que pueden hacer las personas religiosas a sus respectivas confesiones es apartarlas de la sucia política. La religión que se mezcla con la vida pública, de manera institucional, acaba por pulverizarse y por desacreditarse. Solo hay que recordar el nacionalcatolicismo o la democracia cristiana. La legítima fe de los que la tienen está reñida con los crucifijos, medias lunas, biblias, coranes y torás en la toma de posesión de cargos públicos partidistas.

La fe es algo personal e íntimo que debe canalizarse de manera individual e intransferible, en la intimidad, o en todo caso en sus templos sagrados. Porque una cosa es rezar en una iglesia y otra salir a la calle en procesión invadiendo el espacio público de todo el mundo, incluidos aquellos que tienen el derecho de no creer en lo sobrenatural. Porque una cosa es un acto litúrgico en una mezquita y otra bien distinta ver y escuchar los rezos coránicos asaltando las calles que son de todos.

Hay que respetar la libertad de culto, por supuesto, pero no más que la libertad de movimiento del resto de la gente. En esta pasada semana santa a nuestra ministra guerrillera de Defensa le dio por ordenar al ejército que la bandera española luciera a media asta. No había ninguna razón de peso ni ninguna muerte de un militar en acto de servicio. La razón dada por Cospedal es que España estaba de luto por la muerte de Jesucristo hace más de 2.000 años, logrando de paso que un Estado aconfesional se transformara en doctrinal en un santiamén.

Cospedal tiene todo el derecho a hacer el ridículo y salir con mantilla en semana santa e ir a todas las actividades que ordene su santa madre iglesia, pero no tiene derecho como ministra a saltarse la Constitución que tanto predica y exige su estricto cumplimiento cuando se pronuncia, por ejemplo, contra el soberanismo en Cataluña.

Los católicos no saben el flaco favor que hacen a su doctrina cuando aplauden esos gestos para la galería de políticos que solo tratan de sacar votos de los cristianos más papanatas. La religión es algo tan serio, incluso para los agnósticos, que no se puede prestar a estos tejemanejes. Ya lo dice el papa: prefiero a un ateo solidario que a un creyente de misa diaria que no ayuda a quien lo necesita. Más claro, el agua.

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