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¿Qué tienen contra el museo Elder?

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El caso es que tal premisa explica actuaciones que se escapan para todos aquellos que consideramos que la cultura y, todos los eslabones que la componen, son fundamentales para esta sociedad. Obviaré lo que los responsables culturales isleños conceptúan como cultura. Dejando a un lado casos muy señalados, la cultura del Archipiélago cumple la función de moneda de cambio para obtener favores y/o justificar las ayudas solicitadas en tiempos precisos –como pueden ser los meses previos a las elecciones-. Al final la cultura y todos aquellos que se mueven en su órbita terminan siendo un remedo del patito feo del cuento, ante la constatación de que siempre hay dinero para cualquier cosa menos para las actividades que llevan en su enunciado la palabra cultura. Aún así me cuesta creer -en un ambiente donde una foto, un titular o una cita valen más que un Potosí- que se trate de arrinconar un museo como el de la Ciencia y la Tecnología, más conocido como Elder. Antes de escribir estas líneas, me he pasado un buen rato consultando páginas en Internet –en especial aquellas que hablan de los atractivos de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria- y todos coinciden en lo mismo. El museo Elder es uno de los grandes atractivos para una ciudad que no se distingue por cuidar de sus activos culturales y sí de cuidar los tópicos, aunque ni siquiera lo hace como debe, ya que las burradas que se han cometido a nivel arquitectónico en el barrio de Vegueta son una buena muestra de ello. Ya sean páginas en castellano, inglés, alemán o francés, el caso es que todas destacan las tremendas posibilidades interactivas de dicho espacio museístico y el que, además, cuente con una pantalla de proyección en formato Imax entre sus instalaciones. Lo lógico sería pensar que, tras el tiempo y dinero invertidos en transformar los viejos almacenes de la compañía Elder en un recinto ideal para el disfrute de toda la familia, se buscara el aprovecharlos de la mejor y mayor manera posible. Como en otras tantas cosas, la teoría se da de bruces con la realidad de unos mandatarios, la mayoría, no todos, que ignoran el valor de un museo como el Elder. Los mentados mandatarios prefieren -cada año y con la disculpa de don Carnal- arrinconar la entrada al museo o casi lograr que ésta permanezca inaccesible para un posible visitante. Agarrarse un pedal con garrafón está, no sólo bien visto, sino patrocinado a nivel oficial. Ahora, preservar un activo como el museo Elder es secundario. La verdad es que qué se puede esperar de quienes se saltan un mandato judicial, en defensa del legítimo descanso nocturno de las personas, al grito de que antes está el carnaval y nuestros intereses electorales que una resolución judicial. Después llegó aquel momento donde, no sé muy bien porqué -tengo mis fuentes y me indican un camino, pero al no poder corroborarlo, deberé callarme- alguien dijo que lo mejor que se podía hacer era cerrar el museo Elder y transformarlo en una pinacoteca con los fondos de CAAM. O sea, que la idea de gestionar la cultura es cerrar un museo que favorece el conocimiento desde la base para crear una pinacoteca que sirva para que disfrutemos y/o nos espantemos al ver en qué se gastan el dinero los responsables de dicho museo de arte contemporáneo. No diré que todo lo que allí se guarda se puede juzgar de la misma forma. Cada cual tiene su concepto de arte y si para algunos un violín sumergido en una pecera no es arte, para otros sí lo es. Por fortuna para el depauperado museo fueron muchos, además de un ministerio del que depende dicho espacio, lo que se negaron a tal cambio, argumentando, y con razón, que aquello era desvestir a un santo para vestir a otro. Además, organismos como el Cabildo tienen una buena cantidad –o tenían- de inmuebles sin utilizar o con una utilidad muy limitada. Lo lógico sería aprovecharlos y sacar de los almacenes una nutrida selección de dichos fondos para exponerlos, aprovechando alguno de dichos inmuebles. Asumo que hay oscuros y partidistas intereses en el encono contra el museo Elder. He tratado de encontrarlas y, al final, la encontré en la misma fuente. De ahí que decidí consultar la web del museo -por fin una web bien planteada y no los remedos con los que nos obsequian buena parte de los centros públicos- y, mirando, mirando encontré algunas frases muy esclarecedoras. En el museo Elder está prohibido "no sentir, no soñar y no aprender". Un museo no es un mausoleo, es la feria de la inteligencia. No quisiera buscarle doble sentido a las cosas, pero palabras como aprender, soñar, sentir e inteligencia no aparecen habitualmente en el vocabulario de quienes mandan. Ellos sueñan con proyectos faraónicos que les aporten votos y con salir en los titulares, con o sin razón. Pero más allá de eso se acabaron los sueños. Aprender, tener conocimientos, ser capaces de distinguir cuando algo está bien y cuando no parecen palabras sin más, pero los últimos meses están demostrando que cuando se tienen ciertos principios hay realidades que terminan por chirriar. ¿Será por eso que la Justicia está cada vez menos miope por las islas? No lo sé. Juzguen ustedes y dense un paseo por el museo Elder. Seguro que aprenden algo nuevo y diferente.

Eduardo Serradilla Sanchis

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