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El oficio de periodista

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Ayer tuve la oportunidad de dar una clase en la Facultad de Periodismo de la universidad de La Laguna. Ante un centenar de estudiantes reflexioné sobre el periodismo y los poderes en Canarias. Lo mejor, por supuesto, vino después. En el debate sobre las presiones que se sufren en este oficio pudimos escuchar las distintas visiones que se tienen de una profesión que muchas veces se caricaturiza como un oficio de héroes o de canallas, aunque más extendida está la segunda visión. Algunos colegas del sindicato UPCC que participaron en el debate recordaron que el periodista carga cada día con unas condiciones laborales propias de la crisis económica, pero estas condiciones han estado siempre, también en la época de los grandes beneficios económicos, cuando los periódicos canarios compraban millonarias rotativas, sacaban un suplemento todos los días y la publicidad resplandecía con la mentira y con la verdad.

Las horas extras no pagadas ni contadas, el trabajo hasta altas horas, los días festivos, los desplazamientos en coche por cuenta propia, las empresas sin representantes sindicales?Esto que ahora está tan de moda, siempre ha sido la norma en el oficio de periodista. La empresa no lo justificaba por problemas económicos, porque no los tenía, decía que estamos ante una profesión para la que hay que tener mucha vocación. Ocurre que los curas también tienen vocación y están mal pagados y dan misa los domingos, pero tienen a dios en el cielo viéndolo todo y guardándoles un lugar privilegiado en el paraíso. En el periodismo, por mucha vocación que tengas, por mucha entrega que hagas, donde único te garantizan un lugar es en el infierno del paro o en otra empresa parecida.

Ese es sólo un aspecto de las condiciones laborales. Hay otro que hace diferente al Periodismo. Son las presiones que se viven, la manipulación del trabajo del periodista. El derecho a la información veraz está recogido en la Constitución. Pero si usted lee la credibilidad que en las encuestas del CIS le dan a los medios de comunicación comprobará que la gente sabe que ese derecho no se cumple. El debate ayer entre los estudiantes tocó los dos aspectos, la precariedad laboral y las presiones. Combatir la precariedad sólo puede hacerse desde el terreno tradicional. Y podemos comprobar que no se hace. En muy pocas empresas periodísticas se realizan huelgas o movilizaciones. Cuando se van a convocar los editores recuerdan que "existe el derecho a la información que no podemos quitar a los ciudadanos", un derecho del que se olvidan cuando censuran informaciones que molestan a accionistas o anunciantes. Y si se hacen movilizaciones los otros medios no lo cuentan porque existe un acuerdo para censurar los conflictos laborales de los medios (hoy por ti y mañana por mi) salvo en los conflictos en medios públicos.

Ayer hablamos del Estatuto Profesional del Periodista que intenta proteger a los periodistas de esas presiones, que plantea la creación de consejos de redacción, de códigos deontológicos. Cuando estaba en la oposición Rodríguez Zapatero se comprometió con los sindicatos de periodistas a llevarlo al Congreso de los Diputados, cuando llegó al gobierno se olvidó de su promesa después de los editoriales de los grandes periódicos de Madrid que mostraban su rechazo a dicho estatuto.

Ahora hay un debate sobre el futuro de la profesión periodística. Hay una bajada general de la venta de los periódicos de papel, los últimos datos de la OJD (que ya no se publican en los periódicos) hablan de una bajada de las ventas entre enero y octubre de este año de un 1% de El País, un 9% de El Mundo y un 10% el ABC. En el debate de ayer intervino desde el público la directora de una pequeña empresa de comunicación que dijo que el futuro pasa por los emprendedores, por las pequeñas empresas, las redes sociales y los social media. Pero ese es un debate del futuro de la industria periodística. No es el debate del periodismo.

Diferenciar la información de la propaganda, defender el derecho a la información veraz y contrastada, proteger el trabajo del periodista en condiciones que garanticen ese derecho frente a presiones de poderes económicos y políticos, ese debería ser el debate. Un debate que deben protagonizar los periodistas, los presionados, y no los que realizan las presiones. Los estudiantes de La Laguna mostraron ayer mucho interés en este debate. De ellos dependerá el futuro de esta profesión, para que cuando leamos que tenemos el oficio más bello del mundo no tengamos dudas de que se trata de una frase más de la literatura del realismo mágico.

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El autor en twitter @juanglujan

Juan García Luján

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