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Las revueltas árabes, justicia y razón

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Es una enfermedad contagiosa que ha logrado convocar a miles de manifestantes en lugares céntricos, públicos, con la peculiaridad de que no se ha hecho a escondidas sino que se ha anunciado previamente.

Es, sin lugar a dudas, la primera gran revuelta que arranca de la red de redes.

La razón asiste a este pueblo árabe, multiétnico y mayoritariamente musulmán harto de corruptos y de dirigentes faraónicos, -no los tenemos muy lejos en partidos políticos de las Canarias-, que al igual que estremeció aquella imagen de soldados judíos fracturando los brazos a un joven palestino en 1987-, los jóvenes, nacidos en ese mundo, hartos de ver cómo se pierde el tiempo tomando café en interminables conversaciones de futuro sin levantarse de la silla, han decidido que el futuro no es mañana, es hoy.

Las consecuencias de salir gritando libertad son muy serias y al ofendido caudillo que aún tiene lazos con el poder puede dar los últimos estertores, gravemente peligrosos. Y hablo de cualquier caudillo en el mundo árabe, vestido de civil, militar, de monarca o de beduino.

No voy a descubrir que Oriente Medio y hasta donde alcanza el confín del mundo árabe es un tablero de ajedrez, sumamente complicado, y no hay movimientos que no tengan una dirección concreta y que sabemos que arrastra otros sin que se atisbe un jaque mate que finiquite la partida.

Cuestión de intereses, entre ellos los nuestros en Occidente, los que van a permitir una serie de movimientos de cualquier elemento del tablero y la respuesta está preparada. Habrá un basta, es suficiente.

La juventud árabe ha encabezado una revuelta, una auténtica intifada contra el ocupante de sus vidas y de los derechos que les asisten simplemente como seres humanos. Pero partiendo del principio que nada es casual ni anecdótico, ¿podemos ciertamente confiar en que estos movimientos revolucionarios alcancen sus objetivos? Ojalá y es lo que deseo desde mi alma palestina concluya con la derrota de estos gobernantes impresentables. Que lo son, pero con unos recursos de los que carece el pueblo y con el que han machacado sistemáticamente al mismo, con ejército, policía, servicios secretos y soplones.

Supongamos que triunfa plenamente esta revolución en todo el mundo árabe ¿ qué respuesta dará Occidente?

Dirá que ve con buenos ojos los cambios hacia una democracia, -sin olvidar que una auténtica democracia en el mundo árabe tardará muchísimos años en instalarse-, pero ¿a quienes les vamos a dar la subvención en miles de millones de dólares que tan generosamente se dio a Mubarak procedente de Estados Unidos o las ayudas europeas a manos corruptas?

El mundo islámico no va a renunciar al poder que confiere el Libro Sagrado para el mejor gobierno de la sociedad civil, son mil trescientos años de historia. Si no lo hace ahora la estará preparando para cuando llegue el momento.

¿Cantaremos y bailaremos con los judíos sionistas y hablaremos maravillas de su democracia por y para ellos en exclusiva y excluyente?

¿Deberá confiar esta juventud, este pueblo árabe, en el ejército que lo ha subyugado y la policía que los ha torturado?

¿Damos un repaso por Irak y leemos las consecuencias de una revolución a la occidental, mediando dos guerras, para derrocar a un sátrapa?

¿Israel el llamado faro de occidente ante la barbarie árabe ve con buenos ojos estos movimientos que derrocan a quienes han sido sus conversos amigos y le han cubierto la espalda de sus asesinatos contra la vida de miles de palestinos?

El niño ha crecido, es adolescente, grita sus ansias justas de libertad, pero cree que el vecino le ayudará a madurar en democracia y es este vecino el que le cercenará sus ansias de vida y libertad y pondrá límite a esta revolución antes jamás vista.

¿Es que seis décadas de historia en Palestina, con Intifadas, elecciones democráticas limpiamente ganadas por el Hamas, un pueblo en permanente guerra civil, dividido, usurpados sus legítimos derecho, empobrecido hasta la paupérrima vida que se lleva en la franja de Gaza, taponado por sionistas y sus propios hermanos árabes no es suficiente experiencia como para plantearse un cambio transformador, dejar que desaparezca una generación de traidores corruptos y megalómanos y generar una transición a la española?

A Occidente no le interesa que las cosas vayan más allá. Pondrá un límite porque siempre han desconfiado del mundo árabe, un pueblo único, con una religión única y una lengua común, reservas fósiles y economías como para comprar una petrolera en un pispas, son demasiados ingredientes como para dejarlos sueltos y no cocinarlos para el fin deseado.

Sólo queda un Islam callado, demasiado callado y que espera a verlas venir, y la eclosión de una China, líder mundial de la economía, a la que el cuarteto de tontorrones, ONU, Europa, EEUU, Rusia tendrá que escuchar sí o sí como contrapoder al actual Barakismo ( Barak Obama) El otro Barak ahora si que está mú.

¿Y quién frenará las células terroristas que apuntan a la vieja Europa desde el Magreb, a qué patrón sirve Marruecos?

Es sabido que Mubarak padece un cáncer de estómago y que ya estaba designando a su hijo como sucesor al igual que Hafez Al Asad en Siria con su hijo, actual presidente de aquel país.

¿Cuántos besos no nos dimos con estos dictadores, incluidos Saddam Hussein o masacradotes de palestinos en septiembre negro?

¿Y ahora aplaudimos sus caídas?

Habrá un punto rojo y si se sobrepasa ese será el color de la tierra árabe. Cambiemos todo para que todo siga igual. Y deseo desde lo más profundo de mi alma que haya cambios sustanciales en el mundo árabe y desaparezcan todos, todos los sátrapas en todo Oriente y en Occidentes, que haya paz y bienestar pero sólo podrá venir cuando esté preparada la Justicia.

Unadikum u abusu al ard tahta iadikum....... (Os convoco y beso la tierra que está bajo vuestros pies).

Es asunto de JUSTICIA y "dónde hay poca Justicia es muy grave tener razón" (don Francisco de Quevedo)

* Ex presidente y cofundador de la Comunidad Palestina en Canarias

Carlos Juma *

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