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Del rosa al amarillo

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A CC le pasa lo que a Groucho Marx con sus principios, que ambos tienen unos pero si no les gusta a su interlocutor son capaces de cambiarlos por otros y se quedan tan frescos. Clavijo y el señor Barragán se vieron ayer con Rajoy y Cospedal en una reunión muy cromática en La Moncloa, donde se habló de colores sin que a nadie se les subiera: pasaron de las líneas rojas a los cheques en blanco, y al final la escena se fundió en negro, que es el color de luto de la política española, cuyo presidente del Gobierno es un señor gris con aspecto de viejo verde, aunque más propio de la prensa rosa o amarilla, si no del papel salmón, al que su exministro de Industria era más propenso. Todo es según el color del cristal con que se mira.

Los analistas políticos aún no se ponen de acuerdo en si las elecciones últimas las ganó la derecha o la izquierda. Si partimos de la base de que Ciudadanos es de centro, tal y como aseguran sus dirigentes y confirman sus votantes y los de otros partidos (el CIS lo coloca en el cinco, en la mitad de la tabla en una escala del 0 al 10), entonces ha ganado la izquierda. Si en cambio convenimos que C's es de derecha, entonces ha ganado ésta, como quiere hacer ver el PP. En eso, en pactar indistintamente con PP y PSOE, se parecen mucho Ciudadanos y CC.

CC es una formación pseudonacionalista a la que le da igual pactar con tirios que con troyanos, con PP que con PSOE. En las últimas elecciones votó en la investidura a favor de Pedro Sánchez y en la próxima lo hará previsiblemente por Mariano Rajoy si las conversaciones que se iniciaron ayer llegan a buen puerto.

El PP es el único partido que ha tildado a C's de izquierda desde el momento en que Rivera pactó con Pedro Sánchez un engendro de gobierno del cambio que al final no cuajó. No se puede estar en misa y repicando. Rajoy tacha a Rivera de izquierda cuando le interesa y de derecha cuando también le beneficia. No se puede ser blanco y negro a la vez. En todo caso gris, como el presidente que tenemos.

A fecha de hoy, a pesar de la subida del PP y la bajada del PSOE y C's en el nuevo parlamento, no está nada claro si Rajoy será de nuevo investido presidente. Resulta muy significativo que, a pesar del triunfo, el PP no encuentre ningún partido que le quiera apoyar. Para entenderlo solo tenemos que echar un vistazo a la última legislatura en la que la soberbia de los populares les impidió llegar a un mísero acuerdo con cualquier otra fuerza del hemiciclo.

Esa prepotencia podría acabar pagándola ahora. Porque es verdad que en la oposición hace mucho frío, pero no más que en los gobiernos minoritarios en los que se vive aislado y en la más estricta soledad.

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