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La señora de Álvarez

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Tampoco es verdad que actuara de forma caprichosa. En primer lugar, porque darle trabajo a la mujer de su brazo derecho (armado) es resultado de su concepción del poder, autoritaria favorecedora de los amigos. No hay por tanto capricho, pues ha actuado como siempre y no es justo exigirle a un hombre, a estas alturas, que vaya contra sus convicciones profundas. Considera que ganar unas elecciones otorga patente de corso y en eso anda. En segundo lugar, Luisa del Rosario, la profesional echada para entronizar Soria la Cruz, es mujer que garantizaba una gestión solvente por sus conocimientos. Esa cualificación fue valorada al contratarla y Rafael Nebot la eligió como la mejor opción; pero debió tener en cuenta que en el espeso pensamiento soriano-luzardino cualquier persona culta es de por sí sospechosa de algo; salvo que haya jurado los Principios Fundamentales soriásicos. Por otro lado, debemos ser comprensivos y procurar leer en positivo lo ocurrido. La lectura positiva es que semejante canallada puede afectar a las expectativas soriano-luzardinas en las elecciones de mayo; salvo que seamos tan idiotas como para no advertir el atropello, que es en lo que confía el macho. La comprensión parte de que igual Soria ve tan perdidas las elecciones que le procura a su hombre de confianza y esposa la oportunidad de rebañar del dinero público la indemnización que le corresponda, si los que vengan detrás deciden reparar el daño. Para los compasivos recordaré que Cruz se ha especializado en mandar al paro a compañeros vía Soria, para colocarse ella. Por no hablar de su denodada colaboración en el intento de silenciar CANARIAS AHORA, que esa es otra; no se para en barras para mayor gloria de su señorito. Confiemos en que no nos acuse de retransmitir lo de Wagner de tapadillo. Y ya que mencioné a Rafael Nebot, diréles que es la persona adecuada para llevar el Pérez Galdós. Se le critica ahora que no dimita ante la injerencia política, partidista y nepótica (¡qué cerca está la be de la pe, Dios mío!) en sus funciones. Sin embargo, está bien, en principio, que siga ya que, de dimitir en este momento, podría retrasarse la inauguración del teatro y eso sí que no. A mí me da igual quien corte la cinta: lo que quiero es que abra sus puertas de una maldita vez; aunque deba soportar las sandeces de Luzardo y del macho vestidos de pontifical. Ustedes verán lo que votan en mayo. Pero ahora es prioritario que abra el Pérez Galdós. Digo yo, claro.

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