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Ese silencio espeso

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A Soria se le teme sin signos de interrogación. Aunque el depredador esté herido, convertido de pronto en un enigma doloroso, respondiendo a un sentimiento victimista con ansias desesperadas de alcanzar una guarida, su pasado fosforescente le salva de momento de las dentelladas de los suyos. Es cierto que no falta casi nada para que la nave esté a la deriva y, sin embargo, ese silencio espeso le cubre de la violencia y de las ansias de lo que tanto han callado. Las hienas están programadas para el pequeño exhibicionismo que se iniciará con la toma de posesión del próximo gobierno. Entonces caerán las metáforas y el PP sabrá si Soria posee un pasadizo a quien encomendar la huida, colocar lo que queda de su ejército en las consejerías que le toquen o, si por el contrario, el miedo que ya hace su trabajo en CC derrumba el mito, rompe el pacto crucificado entre Paulino Rivero y él, organizan los isloteñistas una acampada en la Vicepresidencia del Ejecutivo con el objetivo de aprovechar la legislatura para recuperar el nacionalismo. ¿Demasiado pedir? Es cierto. Rivero no es líder para una travesía en el desierto. Todo lo que no sea la presidencia para su capricho es un fracaso personal que lo pondría neurótico. Rivero y Soria se parecen en este preciso momento circunstancial en que ambos se necesitan de forma angustiosa para rescatarse de un naufragio cuyas proporciones se desconocen. Son dos Saturnos después de haber devorado a sus hijos, mediosaciada su hambre y deseando zamparse al otro cuando se suban al trono. Sin embargo, salvo los ciegos que exigen venganza por pillárseles con las manos en la masa en el pelotazo de Las Teresitas, todos saben que el próximo gobierno de derechas no será precisamente el paraíso, sino uno de los lugares menos seguros del planeta. No sólo habrá ocasión para una gestión eficaz, pues sufren boquetes sociales y económicos en cada una de las consejerías, sino que esta vez no funcionarán lubricadamente las leyes del reparto. Perseguidos por jueces y fiscales, por la opinión pública, por una Oposición que quiere su sangre, por un montón de muertos que dejaron vivitos, ni siquiera el control de la caja registradora será regocijo para tanta gente bajo sospecha. Les veremos el esqueleto y el Gobierno de Madrid les machacará hasta que llegue Rajoy…, si es que llega algún día un tipo que no resulta aprobado en ninguna encuesta, y cuyas cualidades positiva no conmueven ni a los suyos. Qué bonito espectáculo tras la última gran batalla. API queriendo recuperar su anagrama, o sea, queriendo ser API y menos CC. Los conejeros reclamando autonomía; los majoreros conspirando a ver cómo se desembarazan de Barragán, el sargentito de la plantación que les contrató Paulino para manejarles; los herreños maldiciendo el mundo, y golpeando las puertas astrales del hastío; y en Gran Canaria, qué decir de esa adversidad novedosa que no es otra cosa que la Adversidad en estado puro y sin motivos: tal vez el hecho de sentir asco de ti mismo. ¿Y ATI? Adán buscando refugio en la Caja tinerfeña y don Pepito Rodríguez bombardeándolo por no haberle dado el Premio Canarias de Comunicación y unas cuantos millones para promocionar no sé qué vídeos; Zerolo, melancólico en su pérdida de mayoría absoluta, abandonado por el PP, su pata de palo, su perfume marchitado; Melchior contando las horas porque el PP tiene una oferta socialista que haría presidente del Cabildo a Alarcó, y aunque parece surrealista que los conservadores tengan los santos cachivaches de clavar el puñal sobre carne de su carne lo cierto es que se lo piensan, que el tiempo pasa, que el riesgo existe; y Rivero que es la resaca de un montón de noches sin vela, al que quisieran los princesitos áticos derrumbarlo, humillarlo, devolverlo en harapos a El Sauzal, del que se sabe que no concita especial entusiasmo, y que, si en el fondo, se queda fuera, sin Presidencia y sin llavín, no habría guerra civil por él. En el PP, en cambio, silencio espeso. Revuelta en Tenerife, con Ángel Llanos y Cristina Tavío permanentemente discutidos por el aparato chicha, y silencio espeso en Gran Canaria mientras Luzardo cierra en Madrid un pacto a espaldas de Soria para volver a ser ella la candidata a la Alcaldía en el 2011…; mientras vuelan los dossieres a la capital explicando al detalle las razones no oficiales de la debacle…; mientras el miedo pugna por volatilizarse y, de paso, de ser un negocio rentable. ¿Qué hubiese sido de la medicina, la mafia, el nacionalismo, el fundamentalismo islámico, sin el miedo? En fin, que o Paulino y Soria matrimonian un gobierno a la altura de los odios y desprecios que sus comportamientos suscitan entre su tropa o aquí hay fiesta de caníbales antes de que llegue el otoño.

Francisco J. Chavanel

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