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Estado de sitio en Guinea Conakry

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Seku Turé fue el héroe indiscutible de la resistencia contra el general De Gaulle y presidente de Guinea desde la independencia hasta su muerte en 1984. Le sustituyó Lansana Conté por medio de un golpe de Estado. Siempre estuvo amparado por el ejército. Y sigue en el cargo. Prometió que “ningún guineano será encarcelado por sus ideas políticas” y anunció la llegada de la democracia. Inicialmente presentó alguna resistencia a las fórmulas del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero terminó adaptándose. El multipartidismo quedó instaurado en 1992, aunque Conté siempre ganó las elecciones gracias a los fraudes (denunciados por la oposición), la persecución de los enemigos políticos y el voto cautivo. Amnistía Internacional destacó en varias ocasiones su falta de respeto por los derechos humanos. La situación política, social y económica empeoró durante los últimos años, destacando una caída del ya magro nivel de vida, el aumento de la corrupción y la ausencia de perspectivas políticas capaces de señalar salidas a la población. La enfermedad del presidente añadió vacío político a las incertidumbres. Los sindicatos asumieron de hecho la dirección de las movilizaciones, especialmente durante el año pasado. La huelga de enero resultó incontrolable incluso para el ejército. Cierre de escuelas, tiendas y mercados, manifestaciones, marchas y asambleas en la capital y en otras ciudades. Los disparos del ejército y las víctimas tampoco amedrentaron a los ciudadanos. Finalmente, se llegó a un compromiso que permitió levantar la huelga a los sindicatos. En el acuerdo figuraba la designación de un Gobierno designado por consenso, encabezado por un primer ministro aceptable para la oposición (y así restablecer el diálogo), respeto a la separación de poderes, reducción de los precios en los artículos de primera necesidad y la creación de una comisión encargada de investigar las atrocidades cometidas por los cuerpos de seguridad. Los responsables de tales actos tendrían que comparecer ante la justicia. Pero el presidente violó el acuerdo al nombrar primer ministro a Eugene Camara, a quien la oposición rechazó porque no lo considera un hombre para el consenso sino para todo lo contrario. Los peores pronósticos se cumplieron. Y las organizaciones civiles tuvieron que responder. Por ejemplo, el Foro de Jóvenes de la Sociedad Civil Guineana había advertido en su Declaración número 4 del día 7 de febrero que de quedarse sin resolver la cuestión del primer ministro “la juventud de la sociedad civil se unirá a todas las fuerzas vivas de la nación para promover nuevas manifestaciones en todo el país hasta conseguir la salida del general Lansana Conté”. La reacción fue inmediata. La gente volvió a salir a las calles de Guinea Conakry, al tiempo que los sindicatos convocaron otra huelga general indefinida exigiendo esta vez la renuncia del anciano presidente. Al menos 23 personas murieron durante el fin de semana pasado. La capital está prácticamente paralizada por el cierre de bancos, comunicaciones y comercios, mientras la gente permanece encerrada en sus casas. Y es que Conté proclamó el estado de sitio hasta el día 23, lo que entre otras cosas significa someter a los ciudadanos al control arbitrario y a la represión brutal de los militares, el verdadero soporte de Conté. El presidente merece caer.

Rafael Morales

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