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La 'tarjeta azul' de Europa

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Al discurso de Frattini cabe reconocerle su perspectiva europea. Pero hay que reprocharle su desprecio por las necesidades de los países que “exportan” trabajadores. Sólo contempla los intereses de las empresas europeas. Parte el ilustre comisario de evidencias que a casi nadie le pasa por la cabeza negar, xenófobos de andar por casa aparte. La inmigración constituye la única tabla de salvación de la UE si pretende conservar su nivel de vida actual. El viejo continente tendrá que modificar sus leyes restrictivas y promover la “importación” 20 millones de trabajadores de hoy al año 2027. Lo asegura la UE cuya oficina de estadísticas (Eurostat) dice que hoy tiene tres millones de puestos de trabajo sin cubrir, aparte de los tradicionales empleos designados a la inmigración como agricultura, construcción y demás. Esta urgencia de las empresas privadas viene de lejos. The Economist anunció en su día que, por ejemplo, Alemania necesitaba unos 20.000 especialistas en programas de informática provenientes de India y Europa del Este, o que Irlanda recomendaba la entrada de unos 200.000 trabajadores para las industrias de alta tecnología. La UE requiere médicos, ingenieros o especialistas en tecnología punta. Según Frattini, debe competirse con otras regiones avanzadas en la contratación de mano de obra especializada extranjera. Linda competencia, sí señor. Una crónica del diario argentino Clarín asegura lo siguiente: “Estados Unidos se lleva el 55% de la inmigración calificada mundial, mientras la UE apenas alcanza el 5%. Sirva como ejemplo el dato de que más de la mitad de los jóvenes con título universitario del norte de África viven en Estados Unidos y Canadá. Por el contrario, la UE recibe al 85% de los que no pasaron de la universidad”. Y es justo ahí donde Frattini coincide con Sarkozy. Xenofobia altamente cualificada. De la misma manera que la UE importa las materias primas que expolia a los africanos, la política de inmigración debe seguir el mismo criterio. Primero establece las peticiones de los amos, después elige los inmigrantes, tras dejar en la estacada a los demás o ahogados en alta mar. Con estos modos, desaparece de hecho el derecho universal a la migración, pasando a depender su ejercicio de las necesidades económicas de la patronal. Además, vendedores neoliberales como Frattini desnudan su mito del libre mercado. Si Europa pretende competir en productividad con los gringos, tendrá que seleccionar a los inmigrantes. Queda algún detalle de peso por denunciar. El proyecto del italiano y derechista Franco Frattini, insisto, ignora las necesidades de África o de otras regiones de este planeta víctimas de las tropelías imperialistas. Se salta cualquier política solidaria, aunque sea para disimular, incluyendo los paños tibios de la cooperación al desarrollo. Va más lejos. Intenta robarle a los países de menor desarrollo los trabajadores cualificados que esos países necesitan irremediablemente para apuntalar los intentos desesperados por salir del atraso y la desesperanza. Excelente.

Rafael Morales

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