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El tufo pepero

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Los hechos están ahí. Los últimos, el boicot a Prisa seguido de un argumentario-instrucción a la militancia para circular supuestas pérdidas económicas de Polanco, que necesita del respaldo del Gobierno para afrontarlas. Esto explicaría sus críticas al PP. La leche. Sin embargo, quien haya leído lo dicho por Polanco verá que sólo expresó preocupación por la situación política, como opinión personal, no cómo postura del grupo; y que se comprometió a apoyar a un partido de derechas moderno, sensato y laico, modelo al que no se ajusta al de Rajoy. En esta misma línea "polanquista" van destacados militantes del PP, como el eurodiputado Joaquín Calomarde. Por no hablar de los peperos que consideran un error el boicot. Si al anunciarlo el PP se dirigió a lectores, clientes y accionistas con ánimo de quebrar Prisa, la nueva "instrucción" trata de destruir confianza de la Bolsa en el grupo con el mismo fin de dañarlo. Eso también es terrorismo. Otro botón de muestra de los procedimientos populares lo ofreció el eurodiputado del PP, Agustín Díaz de Mera, ex director general de la Policía, en el juicio del 11-M. Lleva el hombre meses dando la vara con un informe sobre la participación de ETA en el atentado de Atocha. Según él, el Gobierno lo mantiene oculto. Díaz de Mera no sólo no facilitó al tribunal dicho informe, que confesó no haber visto, sino que se negó a revelar la fuente de su información; quiere que baste su palabra en asunto tan grave, dentro de la máxima pepera de calumnia, que algo queda. Los dos ejemplos tienen en común con el caso de Soria, a pesar de ser situaciones tan diferentes, la desenvoltura en el manejo intensivo de las mentiras, las medias verdades y la rumorología insidiosa; no de cara a personas medianamente informadas y capacidad de análisis sino al conjunto de quienes no están al tanto para confundirlas, meterles miedo y que no se les escapen sus votos. La actitud del PP y la impericia del Gobierno para combatirla están dañando a la democracia y al Estado. No hay mucho margen para el optimismo; salvo la certeza de que no pocos se han ido percatando de los objetivos del PP y de su falta de escrúpulos para conseguirlos y la constatación de que hay en las filas conservadoras quienes quieren un PP distinto; que suspiran por un centro-derecha liberal como alternativa civilizadas a la "recetas sociademócratas" del que habla el ya mencionado Joaquín Calomarde. Algo necesario que aquí no pasa por el macho; el sport fino y perfumado que dicen los del top secret no puede con su rancioso tufo a derechona de la dehesa profunda.

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