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Antona al alza y Clavijo en su laberinto (privado)

Con Paulino Rivero se vio que el éxito político regional no se consigue corriendo por la Avenida Marítima

Clavijo llegó con todas las bendiciones. Se nos presentó con un chau-chau que daba sentimiento, el que las nuevas generaciones bautizaron como “buen rollito”, por más que el embeleco era el mismo de toda la vida

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Asier Antona y Fernando Clavijo.

Asier Antona y Fernando Clavijo. (Canarias Ahora)

Con Paulino Rivero en vida ya se hablaba de Fernando Clavijo como el favorito de esa ATI que ya no existe, qué va, para sustituirlo al frente de Coalición Canaria (CC) y del Gobierno. Paulino no pertenece al Gotha tinerfeñista y encima trató de resucitar el partido en Gran Canaria, la isla odiada, contraviniendo el eslógan de “al canarión, ni agua”; o el otro, “con el canarión, ni a misa”.

Recordaré en este punto las reflexiones de Elizabeth Costello, la novelista imaginada por J.M. Coetzee, acerca de cómo ideas sobrevenidas y escritas cuando Franco era cabo (dicho sea en nuestro espacio temporal) adquieren, a fuerza de repetirlas, un aire gastado y poco convincente. Los hechos en que se fundamentan esas ideas pueden ser ciertos o no, asegura Coetzee/Costello antes de añadir que creer algo, al margen de que sea o no cierto, es una fuente de energía: “como una batería que uno acopla a una idea para hacerla funcionar”, afirma.

Seguro que ni Coetzee ni su imaginaria Costello saben que realmente describían el mecanismo de autoalimentación del espíritu ático antigrancanario pues no conocen semejante patología. Sin embargo, no hay duda de que el convencimiento de la perversidad del canarión, de su maldad congénita, le carga las pilas. Trumpismo antes de Trump con su buena dosis de posverdad es lo que hay.

Confieso que Paulino Rivero nunca me convenció como presidente aunque reconozco su buena intención. Quiso relanzar CC en Gran Canaria pero no tuvo modo. Entre otras cosas porque ya no basta con dejarse ver corriendo por la avenida marítima para convencer a nadie. No le salieron las cosas debido a esa insuficiencia y a la mediocridad de los dirigentes grancanarios de su partido; y a aquel entendimiento suyo con el ex macho Soria que enmarcó las vergonzosas jornadas parlamentarias a cuenta del escándalo eólico o la que le montaron a López Aguilar, en este caso los dos, Soria y Rivero, aliados con los socialistas que tampoco querían a su candidato vencedor en las elecciones. Les daba miedo las socialdemocracia tal cual. En cuanto a Soria, ya sabíamos muchos que era un ser que no podía ser. Peor acompañado no pudo estar Rivero.

A lo que iba: si Rivero tuvo en contra lo que he dado en llamar “Gotha” en evitación de gruesos palabros, Clavijo llegó con todas las bendiciones. Se nos presentó con un chau-chau que daba sentimiento, el que las nuevas generaciones bautizaron como “buen rollito”, por más que el embeleco era el mismo de toda la vida. No advirtió Clavijo que sus proclamadas buenas intenciones las desmentía Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife con sus impertinencias de pueblo chico. No es que hicieran mella en sus destinatarios sino que su apoyo puso de relieve la vinculación de Clavijo a los sectores tinerfeños más conservadores y estrechos que son ahora mismo el poder dominante en Canarias, con lo que ya me contarán cómo va a acabar esto.

aulino Rivero y José Manuel Soria en la toma de posesión de Fernando Clavijo.

Paulino Rivero y José Manuel Soria en la toma de posesión de Fernando Clavijo. (EFE).

Verán que he entrado en el terreno de los hechos que unos dan por ciertos y otros no. Entre ellos figura, por mencionar el más evidente, la ruptura del pacto CC-PSOE. Desde antes de hacerse Clavijo con el control del partido y la presidencia del Gobierno tonteó no poco con Soria. Éste trataba de establecer alianzas en Tenerife y alababa sin tasa ni medida a Clavijo que se dejaba querer para que rabiara Rivero. Tal y como recomienda Coetzee, doy por cierto que se tramaba una operación para hacerse con el control político absoluto de Canarias al servicio, faltaría más, del dinero. Alguna experiencia en tales menesteres tenía ya Soria de los tiempos de sus apaños con Mauricio. Pero su procedencia grancanaria, su poder absoluto en el partido y que en Tenerife pesara más el PSOE dificultaba la operación que parecía a muchos echarle agua al aceite hirviendo.

La jugada no salió por la mala cabeza soriana, que ya es historia pasada así que me voy con Cristina Tavío que vio clara la necesidad de conciliar los intereses del PP en las dos islas capitalinas y trató de alzarse con la presidencia regional; intentona a la que se unió Enrique Hernández Bento considerado, ya ven, hombre de Soria si bien tampoco cabe descartar la posibilidad de que le haya desengañado el muy ex todo. Pero no le salió bien.

El problema de Tavío era, principio, el supuesto apoyo de la dirección estatal pepera a Asier Antona, que quería ser fijo de plantilla y se salió con la suya pues es ya por arrasamiento el único candidato a la presidencia pepera. De él dicen las bífidas lenguas que se ha movido bien en Génova y es posible que allá lo vean como garantía de que la derecha canaria seguirá a lo que gusten mandar. Conviene mucho a Rajoy que los canarios mantengan el tono bajo, que no reivindiquen derechos históricos, que se olviden de reclamar inversiones y toda la peste que mantiene a las islas de fijo con el farolillo rojo gracias a la inestimable ayuda del conjunto de los dirigentes isleños sabedores de que quien se mueve no sale en la foto. Así, que el Gobierno trate de meter el REF económico en los presupuestos con la idea de eliminarlo en la siguiente embestida no parece inquietar ni mucho ni poco a los representantes isleños entre los que predomina la ignorancia y el poco interés en sacarlos a la luz no vayan a tomárselo a mal en Madrid.

Otrosí: que Clavijo expulsara al PSOE del Gobierno permite también dar por ciertos hechos que lo serán o no. Sabíamos, por ejemplo, que el presidente del Gobierno esperaba el momento oportuno para quitarle sus sillas a los socialistas. Tanto hizo por aburrirlos sin resultado que tiró de decreto para que se fueran de una maldita vez. Dábase por descontado que pasaría a ocuparla el PP siguiendo la rutina invariable de los últimos veintitantos años del jueguito de yo te doy una cosa a ti, tú me das una cosa a mí. Son como niños. Pero ya se apagaba la luz fatua de Soria triunfante, Clavijo le dio puerta a los socialistas y Asier Antona, que entró de forma provisional a hacer de presidente pepero, demostró sentido de la realidad e inteligencia al no apresurarse y dejar que CC montara su Ejecutivo. Prefirió ir paso a paso en la perspectiva de hacerse con el aparato y los mecanismos para ser elegido califa en el momento reglamentario. Entre el califa y la sultana, el PP se fue por el primero.

Siempre dispuesto a dar por ciertos hechos que pueden o no serlo, diréles que Tavío acariciaba la idea de alzarse con la presidencia regional pepera sabedora de que los populares tinerfeños podrían preferirla a ella si les parece demasiado verse mandados por un palmero. Nada tienen contra los palmeros, pero son como son. Lo que no resultó.

Volviendo a Clavijo, son varios los hechos que lo definen. Por un lado, cuanto se relaciona con su política sanitaria y por otro lo ocurrido con el Festival de Música de Canarias, al que dejaron medio tocado. Una vieja aspiración ática ejecutada por los coalicioneros de Lanzarote a los que les tocó encargarse, vía los repartos insulares, entendérselas con el asunto de chafar a los canariones. Que sea enhorabuena. Y encima, Clavijo ha tenido la poca vergüenza de mostrarse contrariado como si no fuera asunto de su negociado: si ya tiene lo suyo el hecho de nombrar a los responsables, tampoco puede alegar que no se le advirtió lo que podría pasar y pasó. Lo mismo, sin duda, hubiera ocurrido con el Festival de Ópera que no hubiera alcanzado los cincuenta añitos que acaba de cumplir de haberlo fusionado con el de Tenerife, como pretendieron algunos.

Paulino Rivero (d) saluda al candidato Fernando Clavijo. (Efe/Cristóbal García).

Paulino Rivero (d) saluda al candidato Fernando Clavijo. (Efe/Cristóbal García). Efe/Cristóbal García / Santa Cruz de Tenerife

Respecto al asunto de la Sanidad no me extenderé. Basta indicar que ahora trata Clavijo de sacar adelante las mismas propuestas que le rechazó a Jesús Morera antes de echarlo de la Consejería. Además, según señalan no pocos observadores, su política está marcada por la Sanidad privada. Lo que refuerza la impresión de las vinculaciones de Clavijo a sectores empresariales entre los que destaca, dentro del sanitario precisamente, el poderoso grupo tinerfeño Hospiten, de los Cobiella, que ha operado u opera, sin anestesia, en Panamá. Hospiten está presente también en el sector turístico de acuerdo con la visión empresarial de su fundador que relaciona las dos actividades.

Dado la forma en que se envenenan las polémicas a favor o en contra de lo privado y lo público, debería tenerse claro que la Sanidad privada tiene su lugar en un sistema como el que tenemos. El problema comienza cuando impone la privada, sobre cualquier otra consideración, la lógica querencia empresarial a los mayores beneficios y comienza no a disputarle sino literalmente a robarle a la pública, que comienza a ver reducidos presupuestos e inversiones y a sentirse impotentes ante campañas de desprestigio para convencer a los usuarios de que la privada es lo mejor, muy en consonancia con la política del Gobierno estatal orientada a los seguros privados, a la suscripción de fondos de pensiones, etcétera. No sé yo si, en este punto, está o no cumpliendo Fernando Clavijo con su obligación de proteger a los usuarios. Está el hombre metido en un laberinto.

La Gala Drag Queen

Nunca me ha entusiasmado el Carnaval pero nada tengo, faltaría más, contra que la gente se divierta como más rabia le dé. Tampoco me escandalizan los excesos de las Drag Queen porque no hacen sino lo que les apetece combinando las ganas divertirse, de divertir y de cometer toda clase de transgresiones que son, precisamente, lo esencial e irrenunciable de una fiesta perseguida por la Iglesia fascista y las famosas primeras autoridades civiles y militares del largo invierno de aquella dictadura de comunión diaria.

'Drag Sethlas', con la fantasía '¡Mi cielo yo no hago milagros. Que sea lo que Dios quiera'. EFE/Elvira Urquijo

'Drag Sethlas', con la fantasía '¡Mi cielo yo no hago milagros. Que sea lo que Dios quiera'. EFE/Elvira Urquijo

Dejando a un lado las reacciones a favor o en contra de la actuación de Borja Casillas, que provocó el escándalo, debe recordarse que el Carnaval se utilizó durante siglos para darle unos días de desahogo al pueblo llano que aprovecha para satirizar y burlarse de los mismos poderes que lo oprimen el resto del año, entre los que figura la Iglesia institucional cuya última edad de oro en España se la debe a su complicidad con la dictadura y sus crímenes. Que hoy día sólo sean objeto de burlas, con frecuencia sangrantes y hasta de mal gusto si quieren, implica una tolerancia que no fue nunca la actitud más frecuente de esa jerarquía y sus mandados en aquellos buenos tiempos para ellos que resultaron malísimos para tantísima gente. Contrasta esa tolerancia social con posicionamientos actuales de la Iglesia en asuntos extremadamente sensibles como los relacionados con la memoria histórica contra la que ha estado siempre. Y no hablaré de la serie de casos injustos o vergonzosos conocidos en medios eclesiales como no sea para solicitar a esa jerarquía que corresponda a la tolerancia social de que disfruta.

En este sentido, si por un lado entiendo que al obispo Cases no le hiciera gracia la ocurrencia del ganador de la gala, por el otro choca su airada más que dolida reacción, la que no ha tenido hasta la fecha con tantos de nuestros conciudadanos “distintos”. Esa guagua de una organización católica que se disponía a viajar por el país con su mensaje contra niños condenados a vivir dentro de un cuerpo que no se corresponde a su sexo dice mucho pues no ha habido ninguna voz de la jerarquía contraria a esa iniciativa.

Y no quiero terminar sin referirme a la perplejidad que me produjeron unas declaraciones de Borja Casillas, la Drag Queen ganadora del concurso, acerca de su pretensión de convertirse nada menos que en profesor de Religión, para lo que se está preparando. Dado que los profesores de Religión los designa el Obispado (y los paga el Gobierno, o sea todos) no sé si calificar ese ¿sueño? como un ingenuidad o un sentido del humor salido de madre. A lo mejor es demasiado joven para entender lo que hay y lo que puede esperarse de un obispado que ha mandado al paro a profesores de Religión por razones de divorcio nada canónico.

Adiós a Lothar Siemens

Aunque lo conocía desde que éramos niños en las clases Preparatorias de los Jesuitas, no figuro en la nómina de amigos de Lothar Siemens. Lo saludaba las veces que me tropezaba con él, que no fueron muchas, y no recuerdo que mantuviéramos nunca una conversación larga sobre nada. Un buen día, no sé si en Media o Superior desapareció y no volví a tener noticias suyas directas hasta muchos años después.

Lothar Siemens

Lothar Siemens Miplayadelascanteras

Así y todo, Lothar Siemens formó parte de mi vida. Acabo de darme cuenta de esa relación al saber de su muerte porque llevo ni sé cuanto tiempo, diría que años, pendiente de tropezármelo y preguntarle para cuando el segundo de los cuatro tomos anunciados de La música en la sociedad canaria a través de la Historia que escribiera con Rosario Álvarez. Sólo salió el primero, que comprendió desde el periodo aborigen hasta 1600. Lo que anoto aquí para secundar la sugerencia de Pedro Schlueter, flamante nuevo presidente de la bastante más que centenaria Sociedad Filarmónica, para que se publique toda la obra de Siemens. Se trata de una aportación capital a la historia y a la cultura de las islas y justo por eso forma parte de mi vida; aunque me haya llevado toda la suya comprenderlo.

Nunca he sabido ni me ha gustado escribir necrológicas de modo que no deben entenderse como tal estas líneas que sólo pretenden estimular a quienes corresponda a rendir el merecido tributo a nuestros grandes hombres y mujeres.

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