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Oraciones gramaticales compuestas

Lo último que vio Esteban, en esta vida, fue la manera cómo salía su alma de su cuerpo con el mismo disfraz que se puso aquellos Carnavales, pues así quería Esteban que lo viese Dios al llegar a él.

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Queridos amigos míos:

El profesor de gramática, fuera de la Isla, había empezado a admitir lo que llevaba dentro de sí ¡Quizás el botellazo de Marie Brizard en la cabeza contribuyó a ello, o algún cristal roto que se le quedó enterrado en algún lugar oculto de su cabeza! Y empezó a pensar en una clínica de operaciones para transexuales. Una vez en ella, en lo que primero pensó fue en que nombre se iba a poner, lo supo en segundos, Marleen. Mientras estuvo en la clínica, mandó a hacer todos los trámites a una agencia para que una vez saliese de ella viajar a Limón, Costa Rica. En Limón, se entera de que están arrendando un gineceo, lo arrienda y empieza a regentarlo, trabajando al mismo tiempo como meretriz.

Esteban, que había sido alumno del profesor de gramática, trabajaba en una empresa de químicos, en estos trabajos a los vendedores se les primaba con viajes si cumplían los objetivos. El viaje que le ofertaron ese año había sido a Costa Rica, y él, que había cumplido con los objetivos, fue a la ‘Suiza Sudamericana’. El viaje tenía tres estancias, San José, Limón y Playa Tambor. En Limón, Esteban es llevado por los ejecutivos de la multinacional para la que trabaja a visitar un prostíbulo, Lili Marleen, cosa frecuente en esos viajes. Cuando estaba en la barra tomando un ron de Nicaragua con una de las chicas, de las Ticas (¡Pura vida Tico!), llamada Sagrario, y que conocía por internet desde hacía un año, observa que la señora que controla el negocio llevaba colgado de una cadena de oro alemán, sobre su mucho pecho, el bolígrafo verde. Habla con ella, le dice que él conoce ese bolígrafo, que lo había llevado un compañero de él a clase, al Instituto, y todo lo demás que sabemos vosotros y yo, hasta llegar a cuando se lo robaron al cura en El Salvador. Marleen, que le escuchaba con mucha atención, le contestó que habían llegado al prostíbulo unos salvadoreños, que después resultaron ser los que mataron a Monseñor Romero, y que lo dejaron olvidado.

Marleen reconoció a Esteban nada más verlo entrar. Recordó que lo había suspendido injustamente y que por ello perdió la beca para poder seguir estudiando, le truncó su vocación de ser ingeniero agrónomo, que hablaron todos los profesores con él para que no la perdiese, pero que él decía que nones, que un alumno suyo que se vistiese de mujer en Carnaval, no lo podría aprobar. Pensó para sí misma Marleen, que después del cambio de sexo se había vuelto bastante más paranoica: “Este viene a descargarme otro revolver lleno de balas, como le hicieron al director espiritual en la India”. Esteban, tardaría unas pocas horas en reconocerlo.

Esteban, después de hablar con Marleen, se fue al lugar del desposorio con Sagrario, que mas tarde vino a trabajar a Las Martelas y a la casa de la Calle San José, pues le había prometido a Esteban que vendría a La Palma, en donde la conocí un día que fui a llevar un pedido de Cava Llopart. Hice   amistad con ella allí mismo, en la Casa de San José, y la hemos mantenido hasta hoy, en donde me contó esta historia de la que os voy a seguir hablando.

Cuando Esteban se estaba vistiendo, y La Tica en el baño, vio, por el espejo de la habitación, que Marleen se estaba acercando por detrás de él con el bolígrafo verde en la mano, el que le empieza a clavar en la espalda. Mientras Marleen utilizaba el bolígrafo verde como puñal, Esteban empezó a ver, en el espejo, la cara de su profesor de Gramática, que se había convertido en transexual, por el que había perdido la beca y tuvo que dejar sus estudios, en cuarto de Bachiller, después de haberse vestido en aquellos Carnavales de mujer guapa, no de máscara relamida, porque Esteban era un perfecto efebo, era guapo como hombre, y como mujer; Esteban en el suelo, porque ya no se aguantaba de pie, y en medio de un charco de sangre, empezó a ver al profesor vestido con todos los uniformes que llevó de por vida, el de las SS, luego con el de la Falange, y el de soldado romano de su niñez.

Lo último que vio Esteban, en esta vida, fue la manera cómo salía su alma de su cuerpo con el mismo disfraz que se puso aquellos Carnavales, pues así quería Esteban que lo viese Dios al llegar a él.

El profesor de oraciones gramaticales una vez matado a Esteban, se sacó una cáqpsula de cianuro de su boca, la abrió y se la tomó. Había visto esa escena mucho en las películas, había soñado con ella, la había ensayado muchas veces, no falló.

Sagrario, La Tica, vino a La Palma tal como le había prometido a Esteban. Trajo las cenizas de él consigo y las esparció en la playa de Los Viejos Cancajos. Después de trabajar para otros, empezó a trabajar para sí misma haciendo visitas a domicilio. Recibe una llamada que le dice que coja un taxi y vaya al muelle de Santa Cruz, al único yate que está atracado, y que la están esperando en la escalerilla. Sagrario subió al yate, entró en la habitación de El Jeque, y no bajó al muelle a coger otro taxi, se acabaron los taxis para ella. El Jeque quiso que lo acompañase durante el resto de sus vacaciones. Comprendo totalmente al Jeque, yo también, en aquella época, estuve a punto de perder la cabeza por ella. Regresaron a Qatar casados, pararon antes en una isla idílica en donde El Jeque había dado instrucciones para celebrar su boda. Sagrario no tuvo problemas en abrazar la religión de Yusuf, la religión de ella era la del corazón, que ella explicaba diciendo que era el corazón de todas las religiones. Encontró el corazón de la religión de Yusuf, y no han dejado, ni dejarán, de ser felices.

Una vez al año, Sagrario y Yusuf atracan su barco en el muelle de Santa Cruz de La Palma. Me avisan con tiempo, para que les reponga la bodega de Cava Llopart y los vinos del catálogo de Las Cosas Buenas de Miguel. Otras veces vienen en el jet privado a que les prepare, dependiendo de la estación del año, una sopa de cebollas o un salmorejo cordobés. Pasamos todo el día y la noche juntos, hasta que al amanecer, siempre al amanecer, los viene a buscar el piloto del avión en uno de los coches de alquiler de Ancarturistik, del amigo José Carlos de Paz, para regresar a Oriente Próximo.     

Abrazos por El Lado del Corazón. Salud y Alegría Interior

Las Cosas Buenas de Miguel    

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