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Prereferéndum en cuatro actos

Pero el señor Macropolítico, con delirios propios de un héroe que está por encima o por delante de la ley, quiere abanderar a las personas con trastornos patrióticos. La separación de poderes es tan falaz como un espejismo.

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Primer acto

El señor Micropolítico y el señor Macropolítico tienen una relación enquistada por el transcurso de los años. Como sucede en muchas parejas, la fase de enamoramiento dio paso a la de indiferencia para luego caer en la incomodidad. 

Señor Micropolítico: Creo que nuestra relación no funciona. Habría que revisar los términos de nuestro pacto.

Señor Macropolítico: (Guarda silencio y sube el mentón).

Señor Micropolítico: Insisto. No estoy muy contento con mi situación. Me siento… No sé, como si me faltaran al respeto. ¿Podemos hablar de ello?

Señor Macropolítico: (Sube aún más el mentón y la pedantería).

Señor Micropolítico: ¡Eh! ¡Estoy hablando contigo! ¡Soy yo! ¡Aquí! ¡El de la cara de tonto y la voz de dialecto! 

Segundo acto

El señor Micropolítico se rebela y amenaza con cometer un acto supuestamente delictivo. Entra en escena el señor Justo. Entrar, entrar…, entra en imagen, pero antes de que pueda pronunciarse, el señor Macropolítico se adelanta. El señor Macropolítico habla a la multitud.

Señor Macropolítico: No vamos a permitir un atropello como este. El delito que se está cometiendo nos afecta a todos. ¡A todos! A arquitectos, a amas de casa, a clientes de Mercadona, a traductores, a embarazadas y a personas humanas.

Señor con trastorno patriótico: ¡Sí! ¡Así se habla! ¡Ya es hora de que alguien nos defienda y acabe con los enemigos de la nación! 

Tercer acto

Los seguidores del señor Micropolítico se enfrentan a los seguidores del señor Macropolítico. Es una guerra de banderas, cruel y despiadada. Los sociólogos, politólogos y empresas demoscópicas, afinan sus herramientas de precisión estadística para contabilizar las banderas que aporta cada bando. Parece que hay empate técnico, y eso no contenta a nadie. 

Señor Micropolítico (desafiante): Voy a cumplir con mi promesa.

Señor Macropolítico (amenazante): No lo vas a hacer porque va en contra de la ley.

Señor Micropolítico: Pero mi ley no es la misma que la tuya. 

Cuarto acto

El señor Justo medita, pero no se atreve a exponer lo que piensa por miedo a represalias. Teóricamente él (y solo él) tiene competencias para juzgar y ajusticiar al señor Micropolítico. Pero el señor Macropolítico, con delirios propios de un héroe que está por encima o por delante de la ley, quiere abanderar a las personas con trastornos patrióticos.

MORALEJA: La separación de poderes es tan falaz como un espejismo.

Carlos Felipe Martell

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