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La vida es un cine de sesión continua

A la vida siempre le sucede algo más, como a las películas, más vida; y después de la vida, más vida todavía. Así será por la eternidad, hasta que te encuentres, cara a cara, con la alegría que esconde la vida.

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Aunque tú no viniste, mi Angélica Houston, tú estabas. Lo que ocurrió fue que como la mayoría de las veces, no te veo, o no te dejas ver. Porque siempre juegas a lo mismo conmigo. Si te veo, no me ves. Si no te veo, me ves tú. Si estoy contigo, tú no estás conmigo. Si no estoy contigo, tú sí estás conmigo. Porque siendo tan iguales, somos tan distintos, y siendo tan distintos, somos tan iguales. Porque contigo y sin ti es lo mismo. Este juego empezó hace muchísimos años, quizás muchos años antes que nosotros. Quizás, incluso, muchos años antes de que empezase el Universo, tú, yo y nosotros. Porque cuando más te miro, menos te veo; y cuando más te veo, menos te miro. Porque así es mi paseo contigo por el amor y la muerte, mi Angélica Houston. Porque esta vida contigo me parece muy corta, y cuanto más corta, más larga; y cuanto más larga, más corta. Me parece eterna. Porque esta vida contigo, me parece una vida sin ti; y esta vida sin ti, una vida contigo. Porque cuando te vas, es como si te quedases, y cuando te quedas, es como si te fueses.

Entre medio de Cava Integral Brut Nature de Llopart, sueño, y música que se empezaba a dejar de escuchar, estos pensamientos calaban como lluvia fina sobre Miguel al acabar la fiesta posterior al Brunch. Miguel se ha ido acostumbrando a ellos, -¡son muchos años viviendo juntos!-, como a la lluvia, al sonido del mar, al del viento en los pinos, al de las campanas de las iglesias, los pájaros; desde que el amor y la muerte lo hirieron por primera vez en aquel iniciático  paseo quinceañero, que no ha acabado, y que lo maduran los inviernos, con, y sin, su Angélica Houston.

La fiesta terminó de la misma manera que acaban las películas, ya no hay más metros de celuloide en el proyector, desaparecen los personajes, las imágenes, la música, y al final la luz sobre la pantalla. Y tú no te quieres despertar de aquel sueño que te ha tenido encadenado a la butaca frente a la sábana blanca. En mi casa, de niño, cuando acabábamos de cenar y nos íbamos a dormir, se decía que nos íbamos al cine de las sábanas blancas, por la similitud de la pantalla con las sabanas, y porque el cine, como la cama, eran dos lugares para soñar.

Como en los cines de sesión continua, la vida sigue proyectándose y rodando, como una película. A unos kilómetros de celuloide le siguen otros, a una película le sucede otra. A la vida siempre le sucede algo más, como a las películas, más vida; y después de la vida, más vida todavía. Así será por la eternidad, hasta que te encuentres, cara a cara, con la alegría que esconde la vida; y entonces dejarás de penar, dejaras de caminar por el paseo por el amor y la muerte. Serás libre.

Las Gabachas quisieron que los Generales Gabachos les enseñasen la ciudad. Las Meretrices atendieron a quien lo quiso, hasta una franja de horario, pues tenían la pre iniciación a las cinco de la madrugada. Fellini dijo de acompañar hasta el Hotel Patria a Irma la Dulce, Néstor el Tigre y Billy Wilder. Sobaco Ilustrado huía calle Real hacia arriba. En el zaguán del Patria había una gran meada.  A Fellini le escocieron los arañazos que aún le duraban en la cara. En el patio interior del Patria estaba El Inductor  con El Asesino bebiendo Integral de Lloparat, que invitaron a compartir. Irma, Néstor y Billy subieron a sus habitaciones. Constantine viendo al Inductor y El Asesino nerviosos, porque seguían sin saber cuándo matar a Helena, les dijo que estuvieran tranquilos, que el crimen llegaría pronto. El Inductor y El Asesino dejaron dos botellas de Integral de Llopart pagadas y se fueron a cenar al Kiosco de Garrafón para seguir hablando del inminente asesinato. Irma, Néstor y Billy regresaron de sus habitaciones. Fellini, que había conocido a Pompeyo la noche anterior, en el Kiosco El Ancla, les comentó que dentro de media hora Pompeyo estaría en Las Cosas Buenas de Miguel para proyectarles todas las películas en Súper 8 que había filmado en la Isla con sus personajes.

Salieron del Patria por la calle Real, al llegar al callejón de Vandale, quisieron doblarlo y bajar por Garachico. Sobaco Ilustrado salía con las patas al culo del zaguán de la casa de Chuchú. De una de las ventanas de la casa le cayó un balde de agua. A Fellini le volvió a escocer la cara.

Llegaron a Las Cosas Buenas de Miguel casi al mismo tiempo que Pompeyo, que venía con Plácido. Se abrió Integral de Llopart  y se proyectaron las películas entre los más diversos comentarios, que iban dirigidos hacia donde mismo, que Santa Cruz de La Palma era un plató gigantesco de cine tejido de celuloide. Cuando acabaron estos comentarios, Pompeyo y Plácido hablaron de que estaban ensayando una obra de teatro, Viene un Inspector de John Boynton Priestley, y que Luis, que no había podido venir, al encontrase Concha mal, estaba componiendo música para la obra. Intercambiaron opiniones sobre cómo podían realizar el montaje con tan pocos medios, y la conversación se hizo interminable, duró hasta el amanecer, cuando llegaron Ninnette, Lissette y El Chivato Tártrico, que venían de Los Cancajos depués de pre iniciar a Las Meretrices de Katia.

Mi Angélica Houston, cuando iniciamos nuestro paseo por el amor y la muerte, yo quise, pero tú no quisiste seguir queriendo, ahora que quieres, yo no quiero, pasarás tu vida triste, que yo la pasé primero. ¿O sería más bien, que  tú quisiste, y fui yo el que no quiso, tú, la que pasaste la vida triste primero, y ahora soy yo, el que la está pasando triste?  ¿Será todo una gran película, y el Mundo y el Universo estarán hechos de celuloide? ¿Será el celuloide el material de los Sueños y el Universo? A Miguel le empapaban estos pensamientos su alma, como los del principio de esta homilía de hoy, La vida es un cine de sesión continua, a los que está tan acostumbrado, como a la luz de las barras de carbono y el sonido de la cruz de malta de aquellos viejos proyectores de cine, que quizás fue lo que hizo posible el primer Big Bang, la explosión que hace unos segundos originó el principio de todos los universos. Y si un proyector de cine fue la razón del Big Bang, ¿quién creó a ese proyector?

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