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Angelitos muy negros

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Por estos lares llevamos toda la semana hablando y oyendo hablar de ese vídeo. Dos chicas, alumnas de la Laboral, protagonizando una escena brutal de acoso, aunque ahora dicen que no, mientras varios compañeros jalean a la agresora y lo graban para conseguir por un lado unos pocos miserables likes de gente sin conciencia, que demuestren que todavía habita en el ser humano el trogloditismo más ancestral, y por otro, revolvernos las tripas por lo que está sucediendo con nuestras generaciones más jóvenes, que parece mentira que hasta no verlo reflejado en imágenes somos incapaces de creerlo.

Me muevo habitualmente en un ambiente de jóvenes y adolescentes y me horroriza el salvajismo de lenguaje que traen de casa. De casa, sí, porque estoy segura de que ningún profesor que se precie ha sido responsable de las palabrotas que usan algunos, ninguno de nosotros les hemos enseñados ese paupérrimo vocabulario soez plagado de obscenidades e insultos. Ese lo traen de sus casas y no les tiembla el mentón cuando lo pronuncian ni “se les llena la boca de bichos” como a nosotros cuando éramos pequeños. Me quedo perpleja de escuchar con qué alegría insultan a sus compañeros, de qué modo se burlan sin piedad y sin pensar en qué medida esto puede afectar a la autoestima de los más débiles, que en definitiva son todos ellos, porque no sé qué dedo puedo cortarme que no me duela: un día unos son los agredidos y al día siguiente, los agresores; cada uno se defiende como buenamente puede en esta jungla a la que nos hemos permitido llegar.

Me quedo perpleja de escuchar con qué alegría insultan a sus compañeros, de qué modo se burlan sin piedad y sin pensar en qué medida esto puede afectar a la autoestima de los más débiles

Creo que esto se nos está yendo de las manos. Los profesores estamos atados de pies y manos para hacer nada, tanto por encima como por el frente como por debajo. Somos el último mono, el enemigo público número uno de los estamentos educativos. Estos mismos que nos quieren convencer de que somos la autoridad luego vemos que hay pocas demostraciones de que sea así. Somos el blanco de los alumnos que no quieren estar en la sociedad civilizada, ni aprovechar su tiempo de aprendizaje sino que quieren hacer leña de nosotros y de sus compañeros. Y cómo no, somos el chivo expiatorio de las frustraciones de esos muchos padres que se resarcen a diario de su fracaso como educadores y nos culpan de los comportamientos de sus hijos. De hecho, lo único que nos está permitido parece ser que es poner un ridículo “parte de incidencias” que por acumulación lleva al alumno a pasar unos días de vacaciones en su casa y para regresar con el resquemor que lo mueve solo a reventar una y otra vez la clase y a hacerla infumable.

Más de una vez he dicho que algunos padres deberían observar a sus hijos por un agujerito cuando supuestamente no están bajo su vigilancia. Más de uno de aquellos defensores a ultranza de sus retoñitos se rasgaría las vestiduras y cambiaría su opinión.

Pienso que si esta va a ser la generación del futuro que vele por nosotros los mayores y por sus más jóvenes -y por supuesto que hay muchísimas y muy valiosas excepciones-, si esta gente consentida y sobreestimulada a la que sus padres envían al colegio sin libros, incluso con una buena almohada metida en la mochila, bien equipados como buenos empresarios con su teléfono móvil de última generación en una mano, los cascos en las orejas y un endemoniado spinner en la otra; gentes a las que si les llamas la atención te amenazan y te insultan sin piedad y que no respetan el tiempo de los demás y las ganas de aprender de sus compañeros, creo que lo que vamos a tener que enseñar en las escuelas, y también en las casas por supuesto, van a ser sin duda aquellos artículos del código penal que les puedan concernir y ser de aplicación en ciertos casos, para que nadie venga luego a lamentarse ni a llevarse sorpresas, pues algunos mayores también seguimos pensando que muchas cosas se solucionan pidiendo perdón y ya está.

Pues ya ven que este angelito agresor del caso de la Laboral y sus familiares han venido ahora todos compungidos a pedir perdón, pretendiendo que con eso ya está todo arreglado.

Pero bueno, señores, ¿qué clase de monstruos estamos creando si permitimos que esta se vaya de rositas solo con pedir perdón?

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