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Infidelidades

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Walt Whitman

Para ser fiel solo hace falta ser libre.

Yo, que tengo un amigo que dice que es infiel y sin ideología, me pregunto a menudo por el significado de ser constante con algo o con alguien. Él me asegura que establecer esos lazos definitivos es prácticamente imposible porque tal situación supondría traicionarse a sí mismo y engañar al otro; entonces yo no puedo más que pensar que, de ser así, no hay nadie más fiel que él.

La fidelidad, que puede ejercerse en relación con un país, una religión, un poeta o una palabra, también puede revertirse y practicarse hacia uno mismo. Tal vez para ser libre solo haga falta ser fiel y darse cuenta de que proceder en contra de la propia individualidad sería un acto de autoviolencia siempre injustificada. Pero claro, siempre hay un pero. No vale preocuparse de la crueldad personal y no hacerse cargo de la que se desempeña en los demás.

Ser pertinentemente sensato en cualquier sentido también implica un aviso hacia el otro siempre que este se vea implicado en la situación. Lo que divide kilómetros y los convierte en distancias insalvables es el egoísmo de no saber y no querer saber, la incapacidad para entender que enfrente del espejo no siempre estaré reflejado yo y solo yo, sino también la sombra de con quién quieres ser, la cobardía de no aceptar el error propio para avanzar y el silencio como arma para acreditar la barbarie.

No tengo ningún amigo que no se considere libre y yo, sin embargo, le doy más vueltas a todo lo que me ata y no conozco a lo que verdaderamente entiendo. Considerarse libre en un mundo en el que todos los versos afectan tanto o más que lo que no se ve sería también un acto de rebeldía: desobediencia hacia el egoísmo, resistencia ante la ingratitud.

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