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Indra Kishinchand López

Indra Kishinchand es graduada en Periodismo y Publicidad y máster en Periodismo de Viajes por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha colaborado como columnista en Diario de Avisos y en Canarias3puntocero.info. A día de hoy, es jefa de Redacción del diario digital especializado en emprendedores El Referente.

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Autonomía

“Los filósofos pueden decirnos que es irrelevante lo que el mundo piense de nosotros, que solo vale lo que somos. Pero los filósofos no comprenden nada. En la medida en que vivimos con la gente, no somos más que lo que la gente piensa que somos. [...] Cuando ya no nos interesamos por la forma en que nos ve aquel a quien amamos, significa que ya no le amamos”.

Milan Kundera

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No hay manera

Seamos lo que somos ya,

evaporando el pasado

sin la seguridad del luego,

sino con el fuego que tenemos.

Suso Sudón

Shooganai es un término japonés que hace referencia a la capacidad de aceptar lo inevitable y no sentirse culpable por aquello que se escapa al control humano. Como sucede con todos los términos traducidos de otros idiomas que no son el propio, uno siempre se siente en esa especie de vértigo ignorante. La costumbre hace que las palabras se vuelvan más familiares, más cercanas, que empiecen a formar parte del pensamiento instintivo y que no haya que forzar su uso, y esta es una tarea mucho más compleja desde la lejanía física y cultural.

A pesar de no saber muy bien si mi mente relaciona shooganai con su verdadero significado, me abruma darme cuenta de todo lo que encierra resignarse a lo que no se puede cambiar. Y no resignarse como algo mediocre, sino como una actitud estoica y sabia, como una filosofía que no insiste en transformar lo que no le pertenece aunque no lo entienda. Autodestruirse por tener sentimientos erróneos, por ejemplo, sería una posición victimista si no conlleva la acción de, una vez estos han sido reconocidos, cambio y reestructuración.

Lo que me pasa con este vocablo me pasa también con las personas. Cada una de ellas utiliza su idioma y ni siquiera el tiempo es aliado suficiente para comprender, sobre todo, lo que no dicen. Cada segundo de vida se reflexiona tanto y de tantas maneras que creer conocer a alguien al final solo trae una mayor decepción. Podríamos decir que esta última se crea por la diferencia entre la expectativa y la realidad, pero muchas veces aparece por lo que separa la realidad que se ha enseñado de quien se es.

Evidentemente todos tenemos varios yo según en qué situaciones, pero como las palabras, mantenemos una esencia, una raíz, algo que nos pertenece y que no nos puede ser robado, estemos donde estemos, sea con quien sea.

Al menos esta sería la teoría lógica, pero lo cierto es que cada vez con mayor preocupación observo como todos queremos mostrar nuestra mejor parte y eso deja de lado algo intrínseco al ser humano: sus defectos. No es cuestión de airearlos orgullosos, tampoco de esconderlos. Supongo que el problema es que si no existiera esa necesidad constante de mostrarse no haría falta especificar este punto, porque nadie sería consciente, hasta conocerse realmente, ni de uno ni de otro asunto. Y, en este caso, me niego a resignarme a que sea inevitable, pasen los días que pasen.

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La ciudad herida

-Las ventanas son los ojos de la ciudad -dijo Traveler- y naturalmente deforman todo lo que miran.

Julio Cortázar, ' Rayuela'

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Ministra Soledad

Que en Reino Unido haya algo así como una Ministra de Soledad puede resultar incluso poético. Porque los versos son todo lo que se construye en silencio, en un cuarto vacío, en una página en blanco, en una mente distraída por el tiempo.

Que alguien haya decidido que es necesario instaurar un cargo que se dedique a gestionar el mayor miedo de otros solo puede significar dos cosas; y yo me inclino por pensar que la causa es que ya las personas ni estamos solas ni sabemos estarlo.

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Dejarlo ir

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Generación Y

“Antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dadme la verdad”.

Hacia rutas salvajes

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Cosmonautas

Se nos rompieron los bolsillos

cuando comenzamos a darnos igual.

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El último aplauso

Los desconsolados se reconocen a sí mismos.

Arundhati Roy

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Lo que nadie sabe

Lo que nadie sabe es lo que sucederá cuando encuentre una sonrisa en el sofá al llegar a casa. Lo que nadie sabe es que de Madrid se ha escrito muchas veces, pero nunca se ha dicho cómo sobrevivir a una ciudad en la que la ausencia solo duele al volver a casa; pasear por Fuencarral a las cuatro de la mañana y darse cuenta de cómo cambia el asfalto a medida que avanza el tiempo. Lo que nadie sabe es que yo pensaba que todo podía arreglarse con un espejo y la verdad y me encontré de frente con un muro; una pared negra pintada de mentiras que aún niego porque estaban teñidas del mismo color que mis probabilidades.

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Cohaerentia

1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.

2. f. Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

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