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Rentabilidades condicionadas

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Tras las reflexiones vertidas sobre la eterna discusión acerca del concepto de diversificación económica y la imperiosa necesidad de su existencia (o no), como germen adicional del debate, será conveniente abordar el papel de las decisiones políticas en el devenir de los acontecimientos relacionados con los diferentes procesos de inversión. Teniendo claro que muchas personas asumimos que la principal motivación de nuestras actuaciones tiene un componente intrínsecamente económico, lo de la rentabilidad de éstas es parte indisoluble del proceso.

Es por ello que el proceso político de toma de decisiones, como no puede ser de otra manera, condiciona las circunstancias del entorno, independientemente de si interviene de forma activa, derivando y reorientando incluso a los diferentes sectores económicos, o de si no hiciera absolutamente nada y únicamente actuara dotando a la ciudadanía de una correcta provisión de los servicios públicos esenciales. Para eso existe un marco legislativo en el que se incorporan las reglas de juego y dichas reglas de juego pueden, y de hecho lo hacen, supeditar las actuaciones y preferencias de los agentes económicos. Para muestra, una mercería entera y no solo un botón, tanto si se le incorpora el componente ideológico como si no.

Recuperando el análisis que hace un economista como Robert Heilbroner (1919-2005) sobre la función básica de un gobierno, este argumenta que se debe centrar en “dictar leyes y hacerlas cumplir, dirigir los asuntos militares, celebrar ritos seculares y religiosos, construir obras públicas y monumentos, recabar información y establecer el bienestar social”. En sí mismas, estas actividades son técnicas y organizativas. Lo que las hace políticas es que son desempeñadas según la ideología y el apoyo social que se tenga en cada momento histórico. De ahí que sea tan importante participar en la configuración de las diferentes organizaciones que tienen, o aspiran a tener, opciones de poder, porque será donde se apliquen los cambios e intenciones que creamos convenientes para tener un sistema más acorde con nuestras preferencias.

Pero mientras que en el análisis de la economía del caos se aplican conceptos de la física y de la neurociencia para explicar el comportamiento de los ciclos económicos, el crecimiento, la dinámica de la inflación, el desempleo o el valor de los activos, tanto cotizables como no cotizables, en mercados de capitales para explicar el componente imprevisible de determinadas actuaciones, en la vida real, una vez talados los árboles que nos impiden ver el bosque, se puede comprobar cómo las relaciones sociales y económicas son más sencillas de vislumbrar teniendo como paradigma inicial salir con más de lo que se entró. El único problema que se tenía es que no se disponía de toda la información para conocer absolutamente todos los posibles resultados. Me arriesgo a que, tal vez, sea una explicación excesivamente simplona pero, por ahora, es lo que hay. Ahí lo dejo.

*Economista

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