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José Miguel González Hernández

Natural de Santa Cruz de Tenerife, es economista de amplia y contrastada formación y experiencia. En la actualidad, ocupa el puesto es Director de Consultoría en la empresa CORPORACIÓN 5 tras haber sido director general de Trabajo del Gobierno de Canarias.

Antes había desarrollado su labor profesional como director de la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife. También ha estado al frente del Gabinete Técnico de CCOO en Canarias.

Analista habitual en los medios de comunicación de las Islas, ha sido docente en la UNED y ha formado parte del Consejo Económico y Social de Canarias, entre otras atribuciones.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 1

Negando la mayor

-Pues te digo que no. Que hay mucha bobería al respecto. Yo me quedo donde quiero quedarme y el día que quiera cambiar es porque no me gusta el lugar en el que estoy.

-Pero ¿qué pasa con la evolución del conocimiento, el agrado de percibir nuevas inquietudes, la mejora como persona…?

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Entorno VUCA

Volatily (Volátil): Procede del verbo “volare” que, al incorporarle el sufijo “-il”, se emplea para indicar una posibilidad pasiva. Es decir, aquello que está en condiciones de desplazarse por el aire. En el terreno de la química se le atribuye a aquellas sustancias que tienen predisposición a modificar su estado y convertirse en gas. En el campo de la informática se le aplica a un determinado tipo de memoria, la cual se pierde por completo en el caso que cese el flujo eléctrico que la hace funcionar en un determinado momento. Ahora bien, en economía, la volatilidad se centra en los cambios frecuentes y abruptos de determinadas variables. En definitiva, se le suele atribuir a aquello que carece de constancia y, por lo tanto, varían con frecuencia.

Uncertainty (Incertidumbre): No cierto. Es una expresión que manifiesta el grado de ignorancia acerca de una condición futura, ignorando su probabilidad de ocurrencia dándose cuando se hace imposible conocer la evolución de los acontecimientos. Porque, es cierto que el futuro no se puede adivinar, pero se puede intuir o, al menos, prospectar. Ahora bien, cuando desconocemos ya no solo lo que va a ocurrir sino las repercusiones que pueden acontecer, estamos en un contexto de incertidumbre. Un entorno de estas características crea agentes evasivos, retardando el proceso de toma de decisiones. Así y todo, es un estado que nos acompaña durante toda la vida, situándose el reto en que dicha circunstancia no sea un impedimento para que se puedan planificar los escenarios por los que apostamos.

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Preguntas sin respuesta

Atención, pregunta: ¿Es mejor incentivar los buenos comportamientos o sancionar los repudiables? Supongo que estará pensando que dependerá del hecho o de las circunstancias… Se podría pensar que si se hace lo que está establecido no debería tener un reconocimiento especial. Es la obligación, y como obligación se debe hacer. Mientras que, lo que se desvíe de lo que las reglas dicten (legales, éticas, morales…), pues habrá que corregirlo. Pero, no sé, no sé. Si hubiéramos pensado así durante toda la historia de la humanidad presumiblemente iríamos aún a caballo, porque ¿no es cierto que el progreso depende de la rebeldía?

Si atendemos a su significado, rebelde es aquello que se rebela, que se subleva, que opone resistencia, que falta a la obediencia debida, que es difícil de formar, de educar, de controlar o de dirigir. Más allá, incluso se refuerza en el ámbito jurídico: “que, por no comparecer en un juicio, después de llamada en forma, se le declara en rebeldía”. La etimología de la palabra procede de rebellio que nos da rebelión, vocablo que surge de la raíz bellun (guerra) que, con el prefijo “re” marca un movimiento regresivo, reiterado o intensivo. Por eso se equipara a un comportamiento que va en contra del poder o de la autoridad establecida. Es decir, también se puede ver como un proceso basado en la reivindicación. Por lo tanto, se atisba conflicto: ¿hay que ser rebelde o no?

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La confusión

Haciendo un ejercicio de imaginación, si fuéramos homínidos tendríamos una cantidad de estímulos sobre los que deberíamos estar atentos que se podrían resumir en cuatro: hambre, frío, reproducción y seguridad. Con esos temas no creo que tuvieran tiempo para aburrirse. O que se pusieran a pensar en lo que pudo ser y no fue… Según pasó el tiempo, le fueron preocupando otro tipo de asuntos. Por ejemplo, una vez descubierto el fuego y el palo, pudo bajarse de los árboles o salir de las cuevas para defenderse de sus depredadores. De ser cazado, se convirtió en cazador. Pero, cuando además de adiestrar a las bestias adiestró a la tierra, fijó su residencia y pintó las fronteras. Y con las fronteras, la distinción entre lo tuyo y lo mío. Luego aparecerían los excedentes. Y con los excedentes, el intercambio. Ahora ya no solo es lo tuyo y lo mío, sino quién tiene más. Y con la gestión de la abundancia o de la escasez, aparece la distinción entre clases productivas y sociales. Sé que esta modelización es muy simple y hace aguas por todos lados, pero la sencillez también nos permite diseccionar la realidad y así llegar hasta dónde queremos llegar.

Después de miles de años, llegamos a la actualidad. Hoy recibimos unos tres mil impactos al día de supuestas necesidades que no sabíamos que necesitábamos. Necesidades que nos hacen la vida ¿más fácil?, pero ¿más dependientes?. La propia teoría sobre nuestra evolución ha cambiado. En un primer momento se pensaba que seríamos seres cabezones con brazos y piernas escuálidas pero, dada la innovación tecnológica, el cerebro no hace falta que siga creciendo (ATENCIÓN, ahí va un ejercicio: ¿cuál es el último número de teléfono que se ha aprendido de memoria?) porque para eso están las máquinas. Como hemos crecido unos diez centímetros más de media en el último siglo y medio y, en algo más de diez lustros hemos incrementado nuestra esperanza de vida en veinte años, imaginemos cómo seremos y pensemos cuántos nanochips necesitaremos que nos “incrusten” en nuestros tejidos biológicos.

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El prospecto

Lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar, porque contiene información importante para usted; Conserve este prospecto, ya que puede tener que volver a leerlo; Si tiene alguna duda, consulte a su persona de confianza; Se ha escrito solamente para usted, y no debe dárselo a otras personas aunque tengan los mismos síntomas, ya que puede perjudicarles; Si experimenta efectos adversos, consulte a su persona de confianza, incluso si se trata de efectos adversos que no aparecen en este prospecto.

1.Qué es la economía y para qué se utiliza: La economía es una ciencia que estudia las formas de generar, distribuir y crear riqueza. Es una ciencia social que está indicada para aliviar y tratar la búsqueda del reparto de los recursos limitados de una forma que permita el desarrollo.

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El discurso

Entre bambalinas…

-No se trata de tener molestias. Ni siquiera se trata de experimentar problemas que aparentan ser irresolubles. No se trata de un pasajero enfado por haber sido eliminados derechos que creíamos inalienables. Ni porque se nos han incorporado obligaciones que suponíamos superadas. Se trata de estar en medio de un profundo descorazonamiento, no porque las cosas no nos vayan bien, sino porque dentro de nuestras fronteras la luz se apaga. El problema actual ya no se ubica solo en la caída. El problema se ubica en la posibilidad de revertir la tendencia. Ya son varias las facetas que están en un proceso de caída libre, de forma que la sociedad en general está bajo la acción del campo gravitatorio de la situación imperante…

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El botón correcto

Al final van a tener razón y temo que me acaben por convencer. Al final puede que haya demasiada gente. Es cierto que lo que se percibe es que hay demasiada gente pidiendo caridad, con la palma de la mano hacia arriba con la esperanza que caiga algún euro. Hay demasiada gente rebuscando en los cubos de la basura con la esperanza de reutilizar lo que los que más fortuna tienen ya han usado.

Hay demasiada gente durmiendo en la calle o arriesgándose a utilizar a la economía paralela como método de supervivencia. Hay demasiada gente deambulando sin rumbo fijo a media mañana con la finalidad de olvidar las circunstancias acaecidas de las malas decisiones en el esplendor de nuestras vidas. Hay demasiada gente buscando con la mirada baja con la finalidad de esconder la incredulidad y la vergüenza de la situación. Hay demasiada gente esperando a ser tratada con la celeridad que la dignidad humana merece... Hay demasiada gente que, queriendo trabajar, no lo puede hacer. Hay demasiada gente que aguanta, sobre la cultura del miedo, condiciones que vulneran hasta la propia dignidad de la persona. Hay demasiada gente que se le dijo que eran especiales, que nunca necesitarían una red sobre la que sostenerse, que el camino sólo tenía un sentido sin ningún tipo de peligro. Hay demasiada gente que confió en la universidad de la calle y ahora resulta que no otorgaba título oficial alguno…

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¿Y ahora qué?

Un sistema democrático de toma de decisiones quedaría vacío de toda sustancia ética sin la efectiva participación de la sociedad en el diálogo político, lo que precisamente trata de asegurar el proceso de formación de la voluntad racional. No se trata de establecer un modelo asambleario de consulta de forma permanente, pero tampoco se debe apostar por situaciones en donde se asiste a procesos de estrangulamiento normativo que provocan circunstancias nada deseables desde y para la sociedad. Es por ello por lo que se hace urgente la búsqueda de una ética de la responsabilidad colectiva en el ámbito global y local, que asegure no sólo crecimiento, sino un auténtico desarrollo social.

A este respecto, la concertación debe verse como un proceso de maduración de los sistemas democráticos de participación. En ella se intentan relanzar las facetas de la sociedad en las que la cohesión es parte fundamental como base y estructura de cualquier organización moderna y evolucionada, en la que la libertad de participación está presente. Las sociedades democráticas contemporáneas deben desarrollar un paradigma de negociación basado en el diálogo, con el objeto de desatar interacciones sociales dinámicas resultantes de acciones comunicativas subjetivas. La demanda de este tipo de procesos se hace latente cuando se detecta que falta, por un lado, armonizar la satisfacción de los derechos y deseos privados reclamados por individuos y grupos y, por otro, responder a las necesidades funcionales del sistema.

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Balance y perspectivas

Allá por donde vaya me acompaña un recorte de prensa de la sección de ofertas de trabajo que dice así: “¡¡SELECCIONAMOS TAROTISTAS!! Conocimientos en tarot o sin ellos. Trabajo seguro”. Le acompaña un teléfono, pero confieso que nunca me he atrevido a llamar, no vaya a ser que no sea del todo cierto el anuncio. Ahora bien, creo que se puede convertir en una profesión de futuro, habida cuenta de lo que nos espera por delante una vez finalizado el año. Porque no solo se acabó, sino que empieza uno nuevo. Ya está aquí. A estrenar. Y bisiesto, además, por lo que podremos disfrutar un día más. Pero, echemos la vista atrás y pensemos qué debemos no olvidar de 2019 para que, como sabiamente se dice, recordemos la historia para que, o se repita si lo ocurrido es malo, o se potencie si lo acontecido nos ha agradado.

Lo primero es que todo empezó y finalizó un martes, con lo que teníamos ya la semana empezada. Siendo el último año de la década de los 2010, como hitos y efemérides más importantes, hay que comentar que se celebró el año del cerdo, según el horóscopo chino. Del mismo modo se han cumplido los diez años de creación de la moneda virtual Bitcoin, así como el centenario de la muerte de Theodore Roosevelt. También hizo cien años que disfrutamos de la jornada laboral de ocho horas. Por último, y entre otros, ha sido el año internacional de la tabla periódica, junto con el de las lenguas indígenas y de la moderación, de acuerdo con la ONU.

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La transformación de la culpa

Aunque estemos celebrando el cumpleaños de un tercero, las festividades han querido que los presentes se repartan entre el resto de la población. Pero esa sería una versión alineada con la religión, porque si lo miramos a través de una óptica secular y nos vamos más atrás, el solsticio de invierno se ha celebrado desde hace mucho tiempo atrás con, por ejemplo, la Saturnalia romana, la cual no era sino una conmemoración del crecimiento, al estar el sol en su punto más bajo del cielo y la duración de los días comienzan a cambiar. No obstante, con el paso del tiempo, la religión cristiana se fue imponiendo y, junto con la incorporación de las fechas en cuestión como onomásticas de un nacimiento, se declaró la navidad, aunque como fiesta cívica y no como una época de excesos porque, ojo al dato, el jolgorio era un símbolo diabólico para la visión más puritana de las fiestas.

Con el paso de los años y los cambios sociales, junto con la industrialización, la urbanización, el triunfo de la ciencia, la evolución del transporte, la publicidad, la generación de nuevas necesidades y una maquinaria dispuesta a satisfacerlas se entendió que la manera de obtener un beneficio era producir y vender de forma masiva. Dar regalos era el signo de identidad. Ya no solo deberías ir, sino también llevar algo. Se había transformado la culpa en felicidad.

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