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José Miguel González Hernández

Natural de Santa Cruz de Tenerife, es economista de amplia y contrastada formación y experiencia. En la actualidad, ocupa el puesto es director general de Trabajo del Gobierno de Canarias, y antes había desarrollado su labor profesional al frente del Gabinete Técnico de CCOO en Canarias. Analista habitual en los medios de comunicación de las Islas, ha sido docente en la UNED y ha formado parte del Consejo Económico y Social de Canarias, entre otras atribuciones.

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Se acabó la broma

Con todos los langostinos pelados y devorados, con todos los cotillones destripados y todos los papeles de regalo abiertos damos por finalizado el sueño que se repite año tras año por estas fechas. A partir de ahora, tras los breves cinco minutos iniciales de lamentaciones por el exceso de peso adquirido o la insuficiencia de ahorros con los que nos quedamos, hay que ponerse manos a la obra porque queda mucho por hacer.

El contexto de volatilidad y de estabilidad no dice nada más que lo que realmente quiere decir. Estamos en la fase alcista del crecimiento económico y este está comportándose de forma decreciente. Nada tiene que ver con lo acontecido allá por 2007-2008. Simplemente, como pura matemática aplicada, cuando las macromagnitudes crecen en un primer momento a grandes pasos, los porcentajes de evolución son menores (aun siendo cuantitativamente mayores). Me explico. Si pasamos de 1 a 2 (creciendo en +1), crecemos en el 100%. Pero si pasamos de 10 a 15 (creciendo en +5), el porcentaje se sitúa en el +50%. Y si ese porcentaje pertenece al producto interior bruto (PIB), como el empleo es consecuencia del crecimiento económico, a menor crecimiento del PIB mundial, menor evolución en el incremento de los puestos de trabajo y, por lo tanto, ralentización en la caída de la tasa de paro.

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Desde Oriente...

Normalmente por estas fechas todas las personas con ilusión escribimos a los Reyes Magos (a pesar de considerarme agnóstico y republicano, aunque constitucionalista, suspendo mi militancia veinticuatro horas y me permito el lujo de ponerlos en mayúsculas). Pero, además de la tradicional carta, esta vez les voy a contar una intimidad que me ha ocurrido. Resulta que, por primera vez en mi vida, he recibido una carta especial. No es una carta cualquiera. Esta vez ¡los mismísimos Reyes (los Magos, es decir, los de verdad) me han contestado! Nada de email ni otra mensajería adscrita o no a las redes sociales. Por escrito y en papel. En letra cursiva, aunque la tipografía periodística tiende a homogeneizar el contexto.

Sin vulnerar la Ley de Protección de Datos se la reproduciré literalmente porque creo que tiene la suficiente entidad como para que todo el mundo sepa lo que piensan. Es cierto que lo que piensan de mí no debe ser extrapolado al resto de la sociedad, pero es un ejemplo. Así y todo, si tienen la fortuna de recibir una idéntica, sería conveniente que la publicaran y así comparamos. Dice así:

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Buenos propósitos

Las fechas son meros formalismos, pero cada día seguro que está cargado de un especial significado para todas las personas. Ahora mismo, tenemos un año en ciernes a estrenar al que le debemos interponer voluntad. O, mejor dicho, buena voluntad. No es nostalgia, pero las cosas no se ven igual según vas cumpliendo años, ya sean tuyos o los del entorno (suelen ir al unísono). Pero no verlo igual no significa necesariamente que sea peor. Solo es diferente. Lo bueno de ir calzando años es que aparece el concepto del problema relacionado con la relatividad. Mientras que nos parecía que el fin del mundo estaba cerca en cada acto contrariado y cotidiano de nuestra vida diaria, ¡zas! 2018 se ha ido y aparece 2019. Nuevito. Con todas sus hojas. ¿Y ahora? Pues a empezar otra vez.

Un buen y primer paso que dar se ha de centrar en acumular todos aquellos propósitos que no hemos podido/querido ejecutar en el pasado. Analicemos el porqué de esa decisión y, o bien eliminémosla, o bien reorientémosla. Daño nos hacemos si, al menos, no la tenemos en conciencia. La evaporación de las buenas intenciones se quedan en eso, en buenas intenciones, terminando por padecer una degradación de nuestras aspiraciones, poniendo por encima la incapacidad en lugar de la desidia.

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El valor del deseo

Que no cunda el pánico, pero llegan las fiestas. Vatios de potencia en forma de luz y de alegría (re)forzada inundan todas nuestras calles y relaciones. Los emoticonos fluyen de forma incesante junto a mensajes de paz y amor. En medio, aparecen banners de publicidad comercial con el objeto de acompañar y mejorar el tránsito hacia el éxtasis a través de las endorfinas que genera una acción de consumo.

Además, es cierto y riguroso que escoger comporta una renuncia y siembra el germen de la duda sobre si nos hemos equivocado o no. Por ello, mejor lo deseamos e intentamos tenerlo todo y así disipamos la duda. Pero ¿qué diablos pasa por nuestra cabeza para pensar que más es mejor en lugar de generar una filosofía de la limitación basada en la peligrosidad de la denominada bastantidad?

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La realidad imparable

Todo empieza por un grupo en la red, y termina convirtiéndose en una unidad de negocio que factura miles de euros. ¿Volvemos al apretón de manos como signo de confianza? La rápida evolución de las innovaciones tecnológicas genera mutaciones en las condiciones económicas de cada entorno, lo que propicia cambios en relaciones sociales. Uno de ellos, en el ámbito del intercambio, es la evaporación de la intermediación, haciendo que la parte consumidora tenga tanta o más información que la oferente.

Pero ¿está suficientemente regulado no en aras de la obstaculización, sino en relación con la seguridad del procedimiento? ¿Qué ocurre si una de las dos partes incumple? Este tipo de intercambios se sitúa en los márgenes de los mercados basándose en la libertad de uso de la propiedad privada donde el vacío legal existente es una realidad, pero lo cierto es que tiene un potencial de facturación a escala mundial sobre bienes y servicios ya fabricados, pero no utilizados, incluido el margen comercial que las propias plataformas electrónicas habilitan.

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La brecha

Aquellas personas que piensen que la libre competencia es, como su propio nombre indica, libre, es que no conoce realmente dónde estamos. Todos los mercados están sometidos a cierta regulación, por leve que parezca. Por esa razón, no existe ningún proceso de intercambio, ya sea de bienes, de servicios o de personas que no necesite unas ciertas reglas de juego. Incluso aquella parte que aboga por la total libertad, cuando se ven impactados por algo más grande de lo que puedan controlar, piden auxilio a aquellas organizaciones que, en un principio, criticaban por invasivas.

En este sentido, cuando abres fronteras y compites, en el hipotético caso de que las condiciones de partida no estén basadas en una situación igualitaria, generas polaridad de las situaciones. Es decir, la acumulación se incrementa al mismo tiempo que el desasosiego y la escasez. Esta polaridad se transmite también al ámbito salarial y, como más de las terceras partes de nuestro presupuesto familiar están basadas en nuestros sueldos o prestaciones, se conecta en tiempo real a los ingresos de la población. Como no podría ser de otra manera, esta transmisión de situaciones afecta al bienestar de la sociedad y es contraria a cualquier objetivo de cohesión social.

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Cinco definiciones…

1) Aquellas personas que siempre llevan algún documento debajo del brazo pero que nunca lo leen porque piensan que, por ósmosis, el conocimiento termina entrando. En la actualidad, y gracias a los avances tecnológicos, podemos sustituir el papel por una tableta o, incluso, por un teléfono inteligente a riesgo de volvernos inteligentes por el mero hecho de llevarlo pegado a la oreja. Solución: sobacos ilustrados.

2) Todo el mundo tiene una, y esta es fruto de su entorno. Nacemos sin que se nos pida permiso y aquí se nos coloca. Crecemos en contextos condicionados por el estatus y la historia del momento, pero a lo largo de la vida nos encontramos con callejuelas que, dependiendo de la intrepidez del sujeto, nos atrevemos a atravesar. Con este comportamiento lo que se pretende es dar importancia a las ideas, y como estas nos condicionan, huyendo del concepto del pensamiento único. Independientemente de que ya tengas genética predispuesta para poder derivarte hacia determinada forma de pensar, se elige a la compañía como el propio viaje te obliga a tener ciertas compañías. Solución: ideología.

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Una de zombis…

El mundo es un lugar maravilloso. Nada más abrir nuestros ojos podemos ver alrededor belleza y bienestar. Los colores se intensifican con la luz mientras que el aire fresco entra por nuestras ventanas, a la vez que el murmullo de la naturaleza nos inunda de paz y bienestar. Como si de un guión cinematográfico se tratara, varios pajarillos revolotean en el cielo a la vez que emiten ese gracioso piar dentro de su jolgorio y diversión. Como si de un riachuelo se tratara, el sonido del agua fluyendo por nuestro cuerpo en medio de una cálida ducha no genera sino una perfecta antesala a un desayuno sano y natural basado en fruta fresca combinada con cereales integrales inmersos dentro de algún producto lácteo bajo en calorías y grasas que nos tomamos sentados, amenizado todo ello con música agradable. Y hasta aquí el sueño.

Realmente el despertador ha sonado a las 6.15. Un gruñido en forma de buenos días es lo único que logras vocalizar. Ducha rápida (hoy el agua no está especialmente caliente, por lo que te apuras un poco más). El microondas calienta algo de leche y buscas algo que meterle dentro. Ya. Bebida de un trago mientras enciendes la radio. Todo noticias. Malas noticias. Crispación, enfrentamiento continuo, hartazgo… Recoges algo la casa donde prácticamente te pegas media vida para pagarla para luego solo disfrutarla las horas de sueño (si vuelves). Sales a la calle. Tráfico, ruido, facciones duras en los diferentes rostros. Pocas alegrías. Llegas a lo que consideras que es tu modo de vida y te introduces en él como si fuera la centrifugadora de una lavadora a 1.200 revoluciones por minuto para luego expulsarte cual papel arrugado unas horas después. Vuelves arrastrando los pies. Deberías comer algo porque un día más, no has podido/querido/apetecido hacerlo de forma periódica y decente, pero más allá de unos envases precocinados no llegan las ganas. Inicias tu sesión de rayos catódicos ¿Isabel y Fernando? hasta que el aburrimiento/cansancio/indiferencia te vence… hasta las 6.15 del día siguiente. ¿Hasta cuándo? Hasta que el cuerpo aguante.

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El acuerdo social

En el campo de la corrección de los desequilibrios sociales existentes cada organización debe ejercer su papel ejecutivo corrigiendo las posibles inequidades e ineficiencias detectadas, entendiendo que todo proceso de toma de decisiones tiene un innegable componente político y sabiendo que todo componente político posee un sesgo ideológico. Y en el ámbito de la economía, más, porque toda actuación está ligada intrínsecamente a una razón económica.

Bajo esta premisa, existen dos grandes redistribuidores de renta: el sistema fiscal y presupuestario, en el que se ha querido apostar por la derivación de la progresividad hacia la imposición indirecta sobre el consumo y la negociación colectiva y en el que las legítimas partes elegidas para la negociación combinan una serie de derechos sobre la población trabajadora con las cotas de competitividad necesaria de la estructura productiva.

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La velocidad relativa

Las revoluciones suelen dar miedo. Y dan miedo porque implican que los pilares en los que los estamentos están fijados se pueden tambalear. No obstante, a la larga, de las revoluciones siempre se ha salido con mayores refuerzos que con los que se entró, aunque siempre deja una serie de colectivos damnificados que se incorporan al conocimiento común con el fin de utilizar la pérdida y el sufrimiento como aprendizaje para el futuro.

Pero ¿qué es el miedo? Según la Real Academia de la Lengua Española, es la angustia por un riesgo o daño real o imaginario. De igual modo, recoge otra acepción donde se establece que representa el recelo o la aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. También plantea la posibilidad de dar la posibilidad de anulación de las propias facultades de decisión y raciocinio, impulsando a una persona a cometer, incluso, un hecho delictivo.

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