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Tregua y silencio

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Fragmento de 'La tregua', de Mario Benedetti

Fragmento de 'La tregua', de Mario Benedetti

He decidido que no me voy a meter con persona alguna. Sé que algunos lectores, con mucha mala idea, piensan que este espacio que completo cual pasatiempos, casi jornada tras jornada, erupciona porque siempre me quiero meter con alguien, y no es así: siempre no, solo casi siempre. Y hoy, y lo lamento mucho, no toca, que tengo tremendo dolor de cabeza. Hoy, por el maldito dolor de tarro, que me visitó ayer, después de estar todo el domingo rodeado de fútbol y más fútbol, que ya se sabe que esto no es nada bueno para la salud (la mental), he decidido que me quiero volver loco y por eso he ido corriendo a mis maderas en las que reposan los libros.

No he parado de buscar por todos lados y en todos los montones, entre el infinito desorden, pero ha sido imposible. Hoy, pese a que era lo que me pedía mi rocambolesco dolor de cabeza, no podré hacer lo que más quería: rememorar la locura creativa del chiflado de Thomas Bernhard con la relectura de Corrección.

Y es que Corrección no está en casa, y tampoco hay aspirinas ni paracetamoles. Así que me engancho al café, que no sé si vale de algo, y sigo buscando, sin éxito, a otro loco. Pero, ¡ay!, ¿y esto? Aquí está otro gran loco, muy diferente, y también sobre la madera: abandonado y desatendido desde hace mucho tiempo, más tiempo del que ha transcurrido desde que nos dejó con sus asmas, sus paseos, sus poemas y sus haikus…

Lectores, aquí está La tregua; sí, de ese mismo. Ya lo tengo entre mis manos y decido irme al final, que ahora sí quiero llorar, a solas, sin que nadie me vea, sin que nadie vigile y se entere, sin páginas basura en las que aparecer como tal tonto.

Aquí está La tregua y, con perdón para María Teresa Díaz Cañas y para Ezequiel Pérez Plasencia (enamorados del loco de Bernhard), debo decir que soy consciente de la parcial deslealtad.

Otra vez en el salón. Descanso. Sigue el dolor de cabeza (¡la madre que lo…!). Abro el libro. Río… Ya solo lloro. Estoy en el final. Antony & the Johnsons suena exquisito y ayuda a lanzar lágrimas. ¡Maldito dolor de cabeza!

*Texto publicado en el libro de cuentos Policromía

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