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La cuenta, por favor…

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En una tranquila casa de comidas…

-Buenos días. Tenemos una mesa reservada hoy para la una y media, para cuatro.

-Por aquí. El servicio ya está preparado. Enseguida le traemos el pan y la mantequilla. ¿Desean algo de beber mientras deciden lo que van a comer?

-Nos pone media de vino, de cosecha propia a ser posible, y dos botellitas de agua frías. ¿Nos podría decir qué hay hoy de comer para ir pensando lo que vamos a pedir?

-Por supuesto. De entremés tenemos queso fresco (con o sin aceitunas), escaldón de gofio, garbanzas compuestas, chistorras, chorizos parrilleros y carne fiesta. De plato principal, tenemos conejo en adobo, chocos asados, bistec de ternera o cerdo y pollo asado. Aparte también hay potaje y sopa de pollo por si quiere calentarse las tripas. De postre, quesillo, flan (con o sin nata), mus de chocolate y hay San Marcos, como versa en el cartel. Aunque fuera de carta también tenemos pacto.

-¿¡Pacto!? ¿Tenéis pacto? Pero no será fresco. Será congelado ¿no?

-En absoluto. Está siendo cocinado en estos momentos. Un rico pacto que se puede emplatar y combina con todo.

-No sé, no sé. La última vez que pedimos pacto nos lo vendieron de tal forma que pensábamos que íbamos a tener en nuestro estómago algo diferente, maravilloso, inigualable. Íbamos a ver pasar nuestra vida en un segundo y nada iba a ser comparable al sabor y la digestión que experimentaríamos. Incluso, pudimos ver al cocinero haciéndolo y permitía que los comensales interviniéramos en la cocción. Y al final, lo que nos dio fue ardor de estómago. Las expectativas se desvanecieron. La presentación fue excelente, pero el sabor era de algo refrito…

-Le pedimos disculpas con retraso, pero esta vez es diferente. Tenemos nuevos jefes de sala, y eso le da su toque. Además, en esta elaboración se ha buscado la aportación de otras casas de comida.

-¿Y los pinches de cocina, friegaplatos y camareros?

-Bueno, ustedes saben. Algunos llegan, otros se van…, como la canción

-No sé, no sé. ¿Pedimos pacto otra vez? Mire que si no nos vuelve a gustar…

-Les puedo asegurar que no saldrán decepcionados. Además le hemos puesto una guarnición inigualable y puede elegir entre acompañarlo con papas fritas o guisadas.

-Bueno. Pacto para todos. Pero antes, nos trae un escaldón para ir haciendo boca.

Un tiempo más tarde, y tras haber dado buena cuenta del gofio escaldado con el vino…

-Aquí está, pacto para cuatro. Esperen un momento antes de comérselo, que en la cocina me han dicho que quieren sacarse unas fotos para conmemorar este momento. Ya saben las manías de los cocineros de alcurnia. Luego ya lo podrán probar.

-Hum, qué buena pinta tiene este pacto. Y huele bien. Voy a pinchar. ¡Huy! ¿Esto es hueso? Oiga, mire, carne hay más bien poca. Mucha grasa y hueso, pero poca chicha.

-Le he dicho que espere a sacarle la foto. Espere. No sea impaciente.

-¡Oiga!, nos sacaremos la foto, pero queremos comer antes que se enfríe.

-No se apuren, que lo que no se puedan comer, se lo pondremos para llevar.

Aparecen entonces todos los integrantes del servicio a sacarse la foto. Tras posar, esbozando una sonrisa ante ráfagas de flashes y cámaras de televisión, desmantelan la habitación y dejan a los cuatro comensales en medio de la nada con la mesa puesta con la comida, aún humeante.

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde están todos? ¿Y el maître y los cocineros…? Supongo que encima nos lo querrán cobrar, porque aquí nos han dejado la cuenta…

*Economista

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