Fallece Mauro Pérez, goleador vital en el regreso del CD Tenerife a Segunda División

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —
12 de septiembre de 2026 17:13 h (Hora canaria)

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El exfutbolista del CD Tenerife Mauro Pérez (San Cristóbal de La Laguna, 1946) falleció este sábado [12] a los 80 años de edad. Extremo e interior derecho blanquiazul durante media decena de años en los que acumuló 140 partidos y 35 goles [trigésimo en el histórico de la entidad], el Patanga —como se le conoció en el mundo del futbol— fue decisivo en el ascenso a Segunda División de 1971 y la posterior consolidación en esa categoría.

Los jugadores del equipo tinerfeñista portarán crespones negros en el encuentro de este domingo en el Heliodoro Rodríguez López ante el CD Leganés y, además, se guardará un minuto de silencio en su memoria.

Formado en el Arenas, el Toscal y en el propio juvenil del representativo, emigró con quince años a Venezuela, jugó para los clubes Nivaria y Canarias entre 1961 y 1964, y volvió a la Isla casi una década después tras una carrera en la península que le había dado fama y experiencia.

Aquel quinquenio de vuelta a España lo llevó antes al Recreativo de Huelva y, llamada la atención de los grandes, al Real Madrid, con el que firmó un contrato de cinco años, aunque no llegó a debutar como jugador merengue. Regresó cedido durante dos campañas al decano, pasó en el Hércules su tiempo de servicio militar y un tercer préstamo lo llevó hasta el RC Celta de Vigo, con el que consiguió el ascenso a la élite en la temporada 68-69.

En el otoño de 1970, el presidente José González Carrillo cerró su fichaje cuando el CD Tenerife afrontaba su tercer curso consecutivo en la Tercera División [hoy Primera Federación]. Mauro volvió con un contrato de cinco meses, se hizo con la titularidad en el once de Javier García-Verdugo y formó un tridente de goleadores todavía recordado, junto a Juanito El Vieja y Jorge Fernández como falso nueve.

Juntos sumaron 26 tantos, aseguraron el título del Grupo II y pasaron a la leyenda dentro de un once habitual formado solo por canarios: Domingo; Lesmes, Molina, Pepito; Esteban, Cabrera; Juanito, Manolo, Jorge, Mauro y Lelio.

Buena parte de aquel equipo base mantuvo al Tenerife con solvencia en el cuatrienio siguiente, hasta el punto de que la plantilla entrenada por Dagoberto Moll en el campeonato 73-74 quedó cuarta clasificada, a un paso del ascenso a Primera División. “Si se le hubiera dado continuidad a aquel grupo, sin vender jugadores [Juanito, Felipe, Cantudo…], hubiéramos subido”, recordó pasado el tiempo El Patanga, que siempre se reconoció como “un defensor de la cantera”.

Mauro, además, pasó a la historia blanquiazul por el penalti que se inventó ante el Baracaldo en el Heliodoro, mediado el curso 73-74. “Recuerdo que atacábamos hacia la puerta de Herradura y que Cabrera me envió un pase en profundidad, algo bombeado, a la espalda de la defensa”, contó en el libro Centenario de una pasión, conmemorativo del primer siglo del CD Tenerife.

“Yo entré en velocidad para ganarle medio metro al central, por lo que dejé picar el balón para controlarlo con el pecho […], luego intenté acomodármela con la mano para rematar, pero él me cargaba hombro con hombro […], así que seguí corriendo unos metros con el balón agarrado, como si fuera un jugador de rugby”.

“Entonces, miré de reojo a la banda y vi que el juez de línea estaba descolocado; y el árbitro venía veinte metros atrás”, explicaba Mauro, a quien en ese momento le salió su vena de futbolista callejero.

Le puso el balón en las manos a Madariaga —“toma, cógelo”, le dijo— y, tras frenar en seco y separarse de su defensor, se giró hacia Fernández Quirós con los brazos en alto. “Árbitro, penalti”, reclamó. El colegiado, que llegaba exhausto a la carrera, observó una imagen que no admitía dudas y señaló el penalti.

“El central me dijo de todo, me quería matar”, recordaba Mauro, que no le confesó su pecado a Esteban, el lanzador de la pena máxima, que mandó el balón “a las nubes”.

Tras su retirada, se afincó desde los años ochenta en el sur de la Isla por motivos laborales. Hizo carrera como técnico en el legendario Juventud Concepción juvenil (78-80), Unión Isora, San Lorenzo y Chío. Dirigió, además, la Escuela de Fútbol de Guía de Isora, un municipio donde vivió más de media vida y acabó adoptándolo.

Afable y abierto de trato, profundo conocedor del deporte que lo hizo profesional, Mauro Pérez deja una huella imborrable por el fútbol exhibido como jugador, el transmitido como técnico y la bonhomía que siempre le caracterizó con propios y ajenos. Descanse en paz.